Coercer su deseo.

Coercer su deseo.

«Esto sucedió hace tiempo. Era yo más joven y más bello. Iba por las calles de Madero en los días cercanos a la Navidad, con mis pantalones de dril recién lavados y trescientos pesos en la bolsa. Era un mediodía brillante y esplendoroso. Ella salió de entre la multitud y me puso una mano en el antebrazo. “Jorge”, me dijo. Ah, che la vita é bella! Nos conocemos desde que nos orinábamos en la cama (cada uno por su lado, claro está), pero si nos habíamos visto una docena de veces era mucho. Le puse una mano en la garganta y la besé. Entonces descubrí que a tres metros de distancia, su mamá nos observaba. Me dirigí hacia la mamá, le puse una mano en la garganta y la besé también. Después de eso, nos fuimos los tres muy contentos a tomar café en Sanborns».

-La mujer que no

Jorge Ibargüengoitia.

Reloj, detén el tiempo te pido.

Reloj, detén el tiempo te pido.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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JUVENTUD, DIVINO TESORO

‘La María’ fue hoy al botox, dice que la vejez no tiene porque llegarle ahora, ni nunca. Ella está acostumbrada al que fuere su rostro lozano, ese que aún mira en el espejo como si fuese una fotografía; no se ha dado cuenta que ya no tiene 26. El médico se ha negado a otra cirugía, y por ello se mete botox como cocktail margarita en fiesta de ocación. Ayer la vi. Ya no es ella, por ello sé que no se ha dado cuenta.
Se ha puesto su vestido rojo, ese que parece se ha untado con mantequilla. De brillante satin carmesí y obsceno escote, Los tacones ambar son tan altos, que miedo tengo se rompa un pie, porque a sus 86, ella aún sigue pensando que tiene 26.

Marco de Mendoza

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El que justifica un mal que le han hecho.

El que justifica un mal que le han hecho.

«No puedo caminar por los arrabales en la soledad de la noche, sin pensar que ésta nos agracia porque suprime los ociosos detalles, como el recuerdo; no puedo lamentar la perdición de un amor o de una amistad sin meditar que sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido».

Nueva refutación del tiempo.

Jorge Luis Borges.

Mortaja.

Mortaja.

«Los viejos se han hincado, sollozando.
Yo alargo la mano y rozo con los dedos el rostro de porcelana de mi amiga. Siento el frío de esas facciones dibujadas, de la muñeca-reina que preside los fastos de esta cámara real de la muerte. Porcelana, pasta y algodón. “Amilamia no olbida a su amigito y me buscas aquí como te lo divujo.”
Aparto los dedos del falso cadáver. Mis huellas digitales quedan sobre la tez de la muñeca.
Y la náusea se insinúa en mi estómago, depósito del humo de los cirios y la peste del ásaro en el cuarto encerrado. Doy la espalda al túmulo de Amilamia. La mano de la señora toca mi brazo. Sus ojos desorbitados no hacen temblar la voz apagada:
—No vuelva, señor. Si de veras la quiso, no vuelva más.
Toco la mano de la madre de Amilamia, veo con los ojos mareados la cabeza del viejo, hundida entre sus rodillas, y salgo del aposento a la escalera, a la sala, al patio, a la calle».

-La muñeca reina

Carlos Fuentes.

Ímpetus.

Ímpetus.

DESCANSAMOS LOS MARTES

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VOLÓ

Al vuelo ocurrió.
Distante en la niebla corrió.
Mi delirio no fue suficiente. Emigró.
Como paloma corriente en verano,
que al soplo caliente de un sol incesante, huyó.
Ave cerril sin nido ya fue.
Ominoso letargo de tiempo.
Nepente alivio acuciante me espera; como habitante en desventura que anhela, que ayuda,
porque un simple soplo le diera.
Viento tortuoso lacera, como potente mosto encandila.
Mi mirada eterna siga y en mi camino guíe, su
impetuoso vuelo, que emprender ansía.

Marco de Mendoza.

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Utopía.

Utopía.


«Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo —dijo Alicia— que ir proponiendo adivinanzas sin solución.
—Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo —dijo el Sombrerero—, no hablarías de matarlo. ¡Es todo un personaje!
—No sé lo que usted quiere decir,
—protestó Alicia—.
—¡Claro que no lo sabes! —dijo el Sombrerero—, arrugando la nariz en un gesto de desprecio—. ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado con el Tiempo!
—Creo que no —respondió Alicia con cautela—. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.
—¡Ah, eso lo explica todo —dijo el Sombrerero. El tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj.
¡La una y media! ¡Hora de comer!».

-Alicia en el país de las maravillas

Lewis Carroll.

Pretérito.

Pretérito.

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ENCALLAR
Marco Mendoza
Colección privada 2014

Los lugres que habitamos nos dejan una huella imborrable, penetrable. Son sitios que guardan recuerdos, experiencias y también uno que otro malestar por olvidar.

Recorremos lugares con aprecio; maravillando la vista, llenando la mente y el corazón de recuerdos. Somos animales de costumbres y solemos acostumbrarnos fácilmente a aquellos sitios de beneplácito, donde, como bien dice la canción: ‘uno vuelve siempre…’

“[…] Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde amó la vida.
Y entonces comprende
cómo están de ausentes
las cosas queridas.
Por eso muchacho, no partas ahora
soñando el regreso,
que el amor es simple

y a las cosas simples, las devora el tiempo…”

Comp. Julio C. Isella / Armando Tejeda.

Llena de razón la lírica de esta canción que, ya sea en voz de Mercedes Sosa o Chavela Vargas, no es sino poesía, en melodía que trastoca.

Cada espacio en nuestro tiempo guarda un lugar especial, del modo que sea. Un lugar real o incluso, un lugar fantástico.

¿Cuál es su lugar favorito, ese al que volverían siempre, para amar la vida?

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ESPERANZAS
Marco Mendoza
Colección privada 2019

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