En México les dicen Lenchas.

En México les dicen Lenchas.

«—¿Desde cuándo te gustan las mujeres? Antes tenías novio.
—No me gustan las mujeres. Me gusta Senada. Ella es mi mujer, entiéndelo. Queríamos irnos con el niño a la casa de su hermana de Sarajevo. Allí encontró trabajo. Pero su marido se dio cuenta de todo y se presentó en la puerta de la casa de mi hermano. Le confiscó sus documentos, como mi hermano hizo conmigo para que no podamos vernos, al cruzar la frontera. Te ha mentido. Miente más de lo que habla. Pero la verdad, como puedes ver, es aun peor de lo que pensabas —dice y dispara otra ráfaga de risa.
—¡Para ya! —le grito—. ¿Fue hermano quien te rapó la cabeza?
Se sonroja».

Frontera.

Olja Savičević Ivančević.

México no tiene de ésas…

México no tiene de ésas…

«Para obtener un arpa eólica hacen falta (además de las clavijas de porcelana ya mencionadas para afinar las cuerdas) como mínimo dos postes eléctricos de simple madera de abeto alquitranado. La distancia ideal entre los dos postes es de cincuenta metros. El tronco debe haber sido expuesto durante mucho tiempo (de cinco a diez años, por lo menos) a la acción sucesiva de la lluvia, las heladas, y el sol, a fin de que, ante los bruscos cambios de temperatura (de +361° C a -221° C), la madera acabe resquebrajándose. Se partirá, igual que un corazón afligido, cuando se dé cuenta de que ha cesado definitiva e irremediablemente de ser un árbol, un joven abeto, y se ha convertido, definitiva e irremediablemente, en un poste eléctrico».

El arpa eólica.

Danilo Kiš.

En México tenemos Aluxes.

En México tenemos Aluxes.

«Busbuskalai apareció en el fregadero. Ya empiezan los problemas. Otra vez se prepara para estropearme el día. Empieza temprano, durante el desayuno. Será tan descarado que ni siquiera esperará a que los niños se vayan al colegio. ¡Que se enteren del tipo de padre que tienen! Decido ponerle freno a toda la mierda que pueda pasar; me levanto bruscamente de la mesa, salto sobre el fregadero y le doy un puñetazo en la cara. Los platos vuelan en todas direcciones y Busbuskalai queda aturdido entre los escombros. Espero a ver si ahora me deja en paz».

Pequeño duende casero.

Senko Karuza.

¿Qué diría Buffy?

¿Qué diría Buffy?

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Pueblos de Ficción

Mystic Falls.
The Vampire Diaries.
Locación: Virginia.
Creador: Kevin Williamson.

Los enredos amorosos entre los hermanos Salvatore –Damon y Stefan–, Elena Gilbert, y su Doppelgänger Katherine Pierce transcurren en este pueblo sombrío –más en la novela– y que parece albergar a todos los jóvenes atractivos del orbe, cosa no rara en las novelas de L. J. Smith (para prueba, The Secret Circle).

Originalmente el nombre sería Fell’s Church –así está en el libro–, pero algunos problemas legales dejaron el nombre en las letras y nos legaron el de «Cascadas Místicas». Podemos ver desde la época vikinga (hace más de 1000 años), pasando por el siglo XVII, en el 1860, donde los flasbacks nos explican cómo es que los hermanos Salvatore son transformados por Katherine; hasta la época actual donde vemos a Elena enamorarse de Stefan, luego migrar hacia Damon –con sus ires y venires–, su preparación hacia la adultez, incluídas su muerte y su regreso, luego su muerte definitiva (su salida de la serie) y todo lo que ocurre después.

En Mistic Falls los habitantes parecen no tener empleo, todo gira en torno a eventos sociales y fiestas, su preparación para graduarse –que se vuelve eterna– y una gran cantidad de sucesos misteriosos e insólitos. Además de todos esos «adolescentes» y jóvenes, se dan cita, claro, la finalidad es entretener a su audiencia: Gente joven, vampiros –incluídos los Originales–, hombres lobo, híbridos, brujas y dioses. ¿Les suena la fórmula?

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Minientrada

El futuro que ya es hoy.

• MINIFICCIÓN •

Hambruna.

Miguel Ángel Molina

El hambre asola a mi país. He sobrevivido un tiempo hirviendo libros y cinturones de cuero, pero las reservas se acabaron. Hace días que Nessy no maúlla y anoche fue la última vez que ladró Zar. Esta mañana engullí las sopas de letras de unos autodefinidos y para comer he devorado el bodegón de mi extinta colección de pintura. Anochece y mi imaginación se agota. Escribo esta carta para que se sepa cuánto hemos penado. Es breve porque he aprovechado algunas palabras superfluas para engañar a mi estómago. Malditas sean las guerras y l_s gobern_ntes q__ nos mat_n d_ h_mbr_.

Allá donde hay paz.

Allá donde hay paz.

«El arte no es lo que ves, sino lo que haces que otros vean».
Edgar Degas.

A la orilla
Tomás Sánchez
Inundación
Tomás Sánchez
La meditación de la garza
Tomás Sánchez
El reto
Tomás Sánchez
Perder el paraíso
Tomás Sánchez
Espejismo
Tomás Sánchez
Levitar
Tomás Sanchez
Autorretrato en tarde rosa
Tomás Sánchez
Contempladores de cascada
Tomás Sánchez
Soñar que el río cae
Tomás Sánchez