Quizás, quizás, quizás.

Quizás, quizás, quizás.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Para siempre

Uno piensa en los para siempre como peldaños de una escalera, como suaves hojas secas bailándole al viento, cabriolas; como un quizá, un sí, y también un no. Pero los para siempre son simples y burdos juguetes del lenguaje, son como vaho pasajero de un día lluvioso que vienen, y sin titubeo luego se van. No existen los para siempre, los creamos soñando; soñadores de esperanzas, ninfulas quimeras. Pero son los para siempre alimento de pescador, que a un mar inmenso y agitado vuelcan su intención, que entre un sueño y un placebo buscan redención, pues un para siempre, es un buen comienzo en su pasión. Y es que de la pasión son los para siempre, de ella son fruto y caución, pacto mutilado; bendito precaver.
Como una ola, como un trasiego, como un toro enardecido; así son los para siempre cuando se esfuman. Como un cristal roto que se blande amenazante. Los para siempre no existen.
Somos esclavos sin proceder, fieles autómatas del decir un para siempre, alimentados por la implosión de un enérgico momento; de la intensidad, del placer, de los sueños blandos, de los menesteres tuyos y míos, propios del éxtasis, de nuestro calor y tu sabor.
¿Pero qué seríamos sin todos los para siempre?, ¿qué seríamos sin siquiera un sólo para siempre?
Al final, son lo que cuentan por ahí, lo que de ellos quedó, el paisaje desolado de un quizá, que se esfumó en un para siempre. Somos tú y yo, en franca filautía.

Marco de Mendoza

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Sin su creador.

Sin su creador.

• SERIALES •

Snowpiercer

Andre Latton (Daveed Diggs):

–¿Erik te dijo qué hacía con esto?

Lilah Folger (Kerry O’Malley):

–Nunca. Erik prácticamente crió a L. J.

Robert Folger (Vincent Gal):

–Se sabrá en cualquier momento, Lilah.

Lilah Folger (Kerry O’Malley):

–Cállate, Robert.

Robert Folger (Vincent Gal):

–No podemos.

Lilah Folger (Kerry O’Malley):

–Erik y L. J. son unidos.

Melanie Cavill (Jennifer Connelly):

–¿«Unidos»?

Robert Folger (Vincent Gal):

–No puedo negarle nada a mi hija. En estos tiempos, la moral es un objetivo en movimiento.

Castro.

Castro.

«El trueno les recordó que debían volver a casa. Los páucares chismosos anunciaron desde sus nidos colgantes que dos hombres regresaban por donde vinieron. Antes de ascender a la cresta, Crisóstomo volteó a mirar el sitio donde quedaba abierto el cuerpo de la víbora. Pero ya no estaba allí el animal despanzurrado por el cuchillo del cazador: en su lugar se hallaba tendido un cuerpo humano, abierto por un tajo que bajaba desde la barbilla hasta el pubis, exhibiendo sus entrañas bajo el haz de luz que se filtraba en el claro del bosque.

Las hormigas anayo comenzaban a dar buena cuenta de él. Era sólo un pobre infeliz con su mismo rostro: el rostro de Crisóstomo».

Shushupe.

Dante Castro.

Rumrill.

Rumrill.

«Cuando tiene suerte, no tiene que esperar mucho. De repente, mientras mira fija y atentamente el agua, se da cuenta que decenas y centenares de peces siguen en fila india a su madre. Huapapa se prepara. Antes de que la fila india de peces termine de pasar, hace un movimiento y arroja su deyección al agua. Los peces, que creen que acaba de caer maná del cielo, se detienen para verificar y comprobar si la materia blanquecina que tienen delante es comida. Es el momento en que Huapapa desciende de la rama hasta el agua sin ser vista por los peces y traza un círculo grande en el agua con el pico blanco de la resina tóxica. Los peces quedan entonces encerrados en un círculo de agua envenenada que en cuestión de minutos se va cerrando. Los peces advierten el peligro y huyen en desbandada, rompiendo el círculo de agua envenenada. Pero algunos, cogidos de sorpresa, curiosos por ver qué está pasando o sordos a los gritos de su madre que les pide que escapen, son atrapados en el círculo. Cuando el agua envenenada con la resina blanca penetra por sus branquias, sienten primero un mareo, luego una especie de sueño pesado los domina y finalmente pierden el conocimiento»..

Huapapa. La pescadora del amazonas.

Roger Rumrill.

Galeano.

Galeano.

«Luego de ayunar lo convenido, con los poderes que le dio Huayramama, Don Emilio tuvo fuerza para dirigir el viento y las lluvias, y curaba a quienes venían de lejos. Lo visitaban gentes a punto de morirse porque les había soplado un mal viento, los que perdían sus cosechas, mujeres atormentadas por las borrascas, o simplemente pescadores que no cogían nada porque los ríos estaban crecidos».

Huayramama.

Juan Carlos Galeana.

Todos los magos.

Todos los magos.

Merlín

«Cuando contamos un sueño, de forma recursiva intentamos decir la verdad. Mejor dicho: todo lo que decimos es verdad».

Contar un sueño. Enrique Lynch.

Lustre Is Lost

Not shining anymore.
La seducción de Merlín
Edward Burne-Jones

Merlín (Gustaf Skarsgård):
–La era de los hombres se avecina. Primero, tomaron los ríos, y los Inefables se ocultaron en los bosques. Cuando les cortaron su árboles, se ocultaron en las cuevas. Luego en pantanos. Algunos se marcharon a las montañas. Otros, a túneles subterráneos. Luego, los hombres construyeron sus minas para apoderarse del hierro escondido. Así ha sucedido durante mil años. No puede cambiarlo Nimue.
Nimue (Katherine Langford):
–Entonces, moriré con ellos.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–No.
Nimue (Katherine Langford):
–¿Por qué no? No es tu deber salvarme.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–¿Qué sentido tiene ser un mártir si no habrá nadie vivo para recordarte? Cualquier tonto puede morir. Vivir requiere imaginación.

El mago Merlín y el hada Vivian en el bosque de Broceliande
Gustavo Doré

Merlín (Gustaf Skarsgård):
–Dioses, mujer, sí que te tomaste tu tiempo.
La Viuda (Zoe Waites):
–No me hables así. ¿Se te olvida quién soy? No me gusta que bebas. ¿Por qué te gusta tanto el vino?
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–He vivido mucho tiempo. Vi naciones surgir, prosperar y caer. Vi arte perecer ante la crueldad del tiempo. Conocí el amor y lloré lágrimas amargas una y otra vez. Ya he perdido la capacidad de maravillarme. Pero cuando bebo, a veces siento que su sabor me maravilla.
La Viuda (Zoe Waites):
–Eso es triste.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–¿Crees que podría maravillarme con tu rostro?
La Viuda (Zoe Waites):
–Algún día verás mi verdadero rostro, Merlín.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–Ojalá sea pronto.

Merlin
Nguyen Thanh Phong

Rey Uther (Sebastián Armesto):
–¿Por qué no nos contaste sobre la espada?
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–Estaba…
Rey Uther (Sebastián Armesto):
–Espera, lo sabemos, querías procurárnosla antes de alentar falsas esperanzas.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–Claro su majestad.
Rey Uther (Sebastián Armesto):
–Siempre tienes la respuesta.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–Confieso que mi partida no fue ideal, pero los presagios…
Rey Uther (Sebastián Armesto):
–Cierto, los presagios. La lluvia de sangre en el castillo fue… Aterradora.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–Sí, pero como he dicho antes, las señales…
Rey Uther (Sebastián Armesto):
–Tienen varias interpretaciones. Sí, lo recordamos. No somos tan estúpidos como tú crees.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–Nunca insinué que…
Rey Uther (Sebastián Armesto):
– Recordamos todas tus lecciones, Merlín. Por ejemplo, que no debemos temer a los presagios, que podemos tomarlos, cambiarlos y examinarlos hasta que digan algo nuevo. Y entonces, realizar acciones para que las señales se hagan realidad. Esa idea nos pareció particularmente reveladora.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–¿Por qué?
Rey Uther (Sebastián Armesto):
–Porque decidimos que la sangre que llovió sobre el castillo no era nuestra. Era tuya.
Merlín (Gustaf Skarsgård):
–¡Uther!
Rey Uther (Sebastián Armesto):
–Nunca creíste en nosotros. Y ahora ya no creemos en ti. La era de los magos terminó, Merlín.

Quispe.

Quispe.

«Cada tarde Colibri regresaba a su morada muy apenado por tener un pico corto y por no lograr extraer el dulce manjar de las flores. Fue por ello que una de las flores de la montaña sagrada intercedió con Pachamama haciéndole presente el don que quedaba pendiente para Colibrí. Este pajarito por su nobleza hasta había olvidado la promesa de Pachamama. Y es por este motivo que una noche mientras Colibrí dormía, que la diosa Pachamama convirtió su pico corto en un pico tan largo y perfecto para tolerar sus vuelos y alcanzar finalmente el sagrado néctar de la madre tierra».

El pico del colibrí.

Arnaldo Quispe.