Lillo.

Lillo.

«—Una noche se me apareció, en sueños, Nuestro Señor, y me ordenó que me fuera por el mundo para que mi castigo, confundiendo a los incrédulos, sirviese de ejemplo a los malos hijos.
Los padres y las madres clavaron en los rostros confusos de sus juveniles retoños una mirada que parecía decir:
—¿Han oído? ¡Esto es para ustedes! ¿Olvidarán la leccioncita?».

El vagabundo.

Baldomero Lillo.

Superfluo.

Superfluo.

«Saqué unas medias negras de mi maleta y ella volvió a hablar: “no puedes llevar medias. Y si no te dejan pasar, ni modo, tuviste la intención”, me dijo.
Tiré a un lado las medias y tomé una toalla. Fui al baño a rasurarme las piernas: no había demasiado tiempo para buscar más opciones.
Saqué los zapatos y me preparé a dormir después de saber que tampoco podría llevar bassier porque tenía varillas. Yo dormí. No recuerdo que soñé, sólo recuerdo que sentía mucho coraje y planeaba lo que haría si no podía entrar».

No tiene que ser perfecto.

Salma Anjana.

Señor Enmarcado.

Señor Enmarcado.

«Me senté entonces a llorar sueños y miedos para reunir los pocos trozos que me quedaban de mí. Después corrí directo a un pequeño supermercado. El de seguridad no me sacó. Busqué un espejo y vi que no me reflejaba. Eso significaba poco, en los últimos días me costaba mucho trabajo reconocerme».

Indocumentado.

Edgar Omar Avilés.

La revuelta.

La revuelta.

«Apareció el toro, pero no con espíritu agresivo; ramoneaba tranquilamente a lo largo del camino, moviéndose con la mayor naturalidad. Por lo visto Joquito no quería luchar; sólo pedía libertad para correr a su gusto y para comer lo que le pareciera.
Pero los perros estaban de caza, y en viendo al toro comenzaron a ladrar de nuevo. Con graves ojos, Joquito se volvió a ellos, y en señal de que los menospreciaba, tornó a ramonear. Los perros se envalentonaron, y uno de ellos llevó su atrevimiento hasta morderle una pata. Joquito giró violentamente y en rápida embestida atacó a sus perseguidores. El animal había perdido otra vez la cabeza».

-El funeral

Juan Bosch.

Minientrada

¿Qué hay más allá del Linde?

• SERIALES •

The OA

Marlow Rhodes (Liz Carr):

–Renuncié porque el proyecto cruzó una línea, pero no fue una línea moral.

Karim Washington (Kingsley Ben-Adir):

–¿Qué significa eso?

Marlow Rhodes (Liz Carr):

–Hay un límite que debe ser respetado. Renuncié por que Ruskin cruzó ese límite.

Karim Washington (Kingsley Ben-Adir):

–¿Y qué límite es ése?

Marlow Rhodes (Liz Carr):

–Si algo del mundo real ingresa en un sueño, es natural. Si algo del sueño ingresa al mundo real, es antinatural.

Como Peito terrenal.

Como Peito terrenal.

«Una mujer como ésta vale más, mucho más. Yo sabía que valía mucho más porque ella me lo dijo: “Ricardo, cuando tengas veinte pesos, iremos a la casa para divertirnos”. ¡Veinte pesos! Todo un mes de trabajo, y sin pensar en mamá, sin ahorrar nada para los zapatos, dejándome crecer el pelo. No. Genoveva no iría jamás conmigo a la casa de la esquina, jamás podría yo cruzar el zaguán oscuro, llegar al misterioso interior donde, por fin, se me entregaría, donde podría verla desnuda y palpar su cintura breve y sus senos erguidos y sus caderas graciosas. La piel se me erizaba y la corriente del deseo parecía que me quemara la sangre. ¡Qué poca cosa era yo en el mundo! Menos que un grano de trigo en la zaranda, menos que un grano de maíz en el bulto».

-Genoveva me espera siempre.

Hernando Téllez.

Artilugio.

Artilugio.

«Las niñas empezaron a casarse y a abandonar la casa. El día de la boda la tía les regalaba a cada una la última muñeca dándoles un beso en la frente y diciéndoles con una sonrisa: ‘Aquí tienes tu Pascua de Resurrección’. A los novios los tranquilizaba asegurándoles que la muñeca era solo una decoración sentimental que solía colocarse sentada, en las casas de antes, sobre la cola del piano. Desde lo alto del balcón la tía observaba a las niñas bajar por última vez las escaleras de la casa sosteniendo en una mano la modesta maleta a cuadros de cartón y pasando el otro brazo alrededor de la cintura de aquella exuberante muñeca hecha a su imagen y semejanza, calzada con zapatillas de ante, faldas de bordados nevados y pantaletas de valenciennes. Las manos y la cara de estas muñecas, sin embargo, se notaban menos transparentes, tenían la consistencia de la leche cortada. Esta diferencia encubría otra más sutil: la muñeca de boda no estaba jamás rellena de guata, sino de miel».

-La muñeca menor

Rosario Ferré.

Bizarre.

Bizarre.

“Los monstruos son reales y los fantasmas son reales también. Viven dentro de nosotros y a veces ellos ganan.”

Stephen King

Nerco María.
Billelis / Sick Mick
Mandala
Billelis
Súcubo
Billelis
Limbo
Billelis
Metamorphosis
Billelis
Mother nature
Billelis
Blossom
Billelis
Our lady of Sorrows
Billelis
Carpe Noctem
Billelis
Noctem
Billelis