Desdichas.

Desdichas.

«Alfredo Plumet mira el reloj; son las dos menos veinte. Vacía su vaso de coñac, enjuga con los dedos su corto bigote y se levanta del asiento. Besa a su mujer en la frente, aprieta la mano de Luciano, va a la percha próxima, descuelga su gacho, único tocado que, según él, conviene a un contador digno de ese nombre. Y, al pasar delante de la puerta vidriera del comedor, tamborilea sobre los cristales y dirige un largo saludo a Adela y a su amigo, que respondieron levantando los vasos de coñac en alto… Nadie volvería a ver al desdichado vivo».

-El fin trágico de Alfredo Plumet

Juan Carlos Onetti.

Un trago de sabor.

Un trago de sabor.

«Te echaste un trago de tequila y mordiste lo que «el Suave» te ofrecía. Chirrió como chicharrón salido del horno. Diste un salto y gritaste: -¿Qué es esto?¿Chicharrón? -¡No… gusanos! ¡Purititos gusanos de maguey! de donde sale el pulque… Pero… ¿no los había comido usted? Miraste espantado. ¡Gusanos! ¡Comiendo gusanos! Blancos, gordos y redondos como salchichas arrastrándose… Diste un grito solemne y brincaste como liebre hasta el mostrador pidiendo ¡agua! ¡agua! Te llamé, pero parecías no oirme. Con un vaso de cerveza en la mano cantabas la Marsellesa, en francés, y marcabas con el pie el compás. Estabas ya, plenamente, en la atmósfera nácar-rosa en que te gustaba vivir. Los mariachis tocaron y tú caminabas resuelto, con increíble agilidad. Como si anduvieras sobre un techo de nubes… Te metiste la mano en el bolsillo y tiraste un billete de cien pesos sobre la mesa».

-Solsticio de amor

Lolo de la Torriente

Beber de ti.

Beber de ti.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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BEBER AMOR

Bebí tu cuerpo enardecido, ráfaga sutil que esparce veneno como un fuerte brebaje, como candente tequila, como agua de vida. Obsesión bendita que aniquila, que me ata al cuerpo que venero y amo. Soy un ente que te aclama, que perverso bebe de tu boca con ahínco, con deseo; como un ave que clama por un poco de rocío. Beberé tu cuerpo, gota a gota hasta el hastío y comenzaré de nuevo, como un ebrio que sin ti ya tiembla, como un sueño que me salva y me conduce hasta la gloria. Bebí de ti, bebiste, bebimos. Y es un sueño que emana vida aunque esté ausente, aunque a ratos, aunque siempre. Bebámonos y volvamos a empezar, que la vida es breve, que el tiempo no perdona y que tú y yo amor tenemos aunque a ratos nos perdamos.

Marco de Mendoza

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Exímarse

Exímarse

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En un beso

Te quiero besar lento, muy lento, como si el tiempo no existiera, como dueños de ese único momento y de cada una de sus consecuencias. Besarte el cuerpo, la piel, tus rincones, en especial tus dulces rincones. Besarte tanto, que se te tatue el alma entera con mis besos. Besarte a ratos. Besarte entero y devorarte luego rabioso, impetuoso; con celo, con sucia lujuria. Con vulgar deseo; deseo de ti, de tu cuerpo que me mata y me controla. De tu cuerpo que me pide poseerlo todo, devorarlo, acabarlo, eximirlo. Repetirnos.
Quiero besarte, besarte tanto que en un beso sangre el placer brutal de tus deseos culminados, de tu miel perversa gota a gota entre mis labios. Besarte todo, besar tu brisa blanca dulce que jadea y enloquece mi deseo, mientras mi lengua embrutecida lame en ti cada hilo desprendido, seducido, acidulado.
Quiero besarte y extinguirnos con el alba, despertarnos luego en otro beso mancillado de mi blanco proceder en tus labios que palpitan, y terminar después en tu hueco amado como preso de este instante, de todo lo imposible que se vuelve fácil si te tengo aquí, inmerso en mí.

En un beso tuyo todo quiero.

Marco de Mendoza

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Almizcle.

Almizcle.

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SÉ QUE TENGO

Tengo en la memoria un aguijón clavado que supura sangre y humo. Tengo en mis recuerdos un presagio que se altera fácilmente. Tengo en los bolsillos almidón de suave tacto por si un día me vuelvo polvo.
Llevo en la chaqueta un labial color carmín. Guardo en el alma cicatriz y en el cuerpo un perdiz que se quiere echar a andar.
Llevo brillantina de oro blanco que deslumbra a mi pasar y un montón de risa nueva que parece manantial.
Cargo entre mis sueños esperanza y libertad que se anida con facilidad y un suspiro al tiempo que se va hasta donde estás.
Hay memoria y hay sangre, y humo de almizclero que permea sin parar. Limpia ya mi aura y triunfa libertad porque no hay ni un miedo ni barrero que me impida en pleno vuelo este sueño alcanzar.
Fue presagio y tolete que no vencerá. Es más fuerte mi talante. Es potente y no hay miedo. Es promesa poderosa que me brilla sin parar.

Marco de Mendoza

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La ventana indiscreta.

La ventana indiscreta.

La ventana de la izquierda me llevaba a la dulce vida privada de una pareja. La curiosidad me apremiaba a llegar temprano a casa e inmediatamente me colocaba en un buen lugar de observación. La mujer entraba a eso de las cinco y media, se desnudaba rápidamente y empezaba a realizar los quehaceres para que su hombre encontrara limpias las habitaciones y lista la comida. Era algo gorda; joven, eso sí, y muy dinámica; no se sentaba nunca, parecía una abeja en actividad constante. Cuando llegaba su hombre, ella lo besaba y se quedaban abrazados un momento. Luego él ponía sobre una mesa el periódico que traía bajo el brazo y se tiraba en la cama, lleno de apetitos impostergables, llamando a su mujer con las manos extendidas. Ella lo miraba golosa, vacilando entre ocuparse de la olla que había dejado en la estufa y el placer que le prometía su amado y sin pensarlo mucho corría una delgada cortina y se echaba sobre su hombre. El visillo me nublaba la imagen. A prima noche y con las luces sin encender aún era muy poco lo que podía ver a través del fino velo que la mujer interponía entre ellos y yo. Me complacía el movimiento de aquellos cuerpos en íntima comunicación, aquella alegre fiesta de la carne sudorosa y tensa, adivinada más que efectivamente vista desde mi puesto de mira.

-Ruidos

José Alcántara Almánzar