Como Peito terrenal.

Como Peito terrenal.

«Una mujer como ésta vale más, mucho más. Yo sabía que valía mucho más porque ella me lo dijo: “Ricardo, cuando tengas veinte pesos, iremos a la casa para divertirnos”. ¡Veinte pesos! Todo un mes de trabajo, y sin pensar en mamá, sin ahorrar nada para los zapatos, dejándome crecer el pelo. No. Genoveva no iría jamás conmigo a la casa de la esquina, jamás podría yo cruzar el zaguán oscuro, llegar al misterioso interior donde, por fin, se me entregaría, donde podría verla desnuda y palpar su cintura breve y sus senos erguidos y sus caderas graciosas. La piel se me erizaba y la corriente del deseo parecía que me quemara la sangre. ¡Qué poca cosa era yo en el mundo! Menos que un grano de trigo en la zaranda, menos que un grano de maíz en el bulto».

-Genoveva me espera siempre.

Hernando Téllez.

Déjame amarte en vida.

Déjame amarte en vida.

«Era una noche oscura, aunque desde el fondo de la calle llegaba el resplandor borroso de la Sexta Avenida. A aquella luz, los dos que habían sido amantes se miraron por última vez, y vieron en sus caras trágicas que entre los dos no reunían la juventud ni la fuerza suficientes para impedir la separación eterna. Entonces Sloane se perdió calle abajo y Anson golpeó el brazo de un taxista medio dormido».

-El joven rico

F. Scott Fitzgerald.

Amor Superlativo.

Amor Superlativo.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

Dime, dime tú

Qué es esto que siento, que me inflama el corazón; que me produce taquicardia y me falta la respiración. Qué es esto que siento, como arena resbalando entre mis dedos, sin saber siquiera cómo controlarla, que aunque corra de mis manos, en algo siempre permanece. Qué es esto que siento, que vulnera mis pasiones, que maniata mis deseos e impera en mis sentidos. Qué es esto que siento, que moja figurando entre mis ojos tu imagen espectral. Qué es esto que siento, como aire ventarroso que sin embargo resulta cariñoso. Como misterio que sacude mi alma y la inquieta. Qué es esto que siento, que al calor de tus besos belfa mis labios y ataranta mis ideas. Qué es esto que siento, dime, dime tú que eres la causa, el efecto. Tú, todo mi veneno y también antídoto de esto que siento, amor.
Qué es esto que siento, que a cada palpitar desborda y electrifica el alma; qué es, que no lo veo, más lo siento y lo glorío.

Marco de Mendoza.

🍸

Cuando lo poderoso es la atracción.

Cuando lo poderoso es la atracción.

«Saad detuvo el coche frente al árbol y vio la gran maleta negra, vio que la persona que le sonrió tenía una cabeza de mujer, joven, extraordinariamente hermosa, un suéter rojo que cubría el pecho sin la menor sospecha de senos; un pecho liso de varón; pantalones negros que no insinuaban el bulto del sexo. Hombre, mujer, efebo, hermafrodita, Saad lo necesitó de pronto, con fuerza y jadeando. Necesitó que subiera al coche, necesitó de aquello con miedo, empezó a creer que lo había estado esperando desde la primera juventud y casi llegó a creer que necesitaría la presencia o cercanía de Ello —el corte de pelo era masculino y no había pintura en la cara— hasta el resto de sus días».

-Jabón

Juan Carlos Onneti.

Ímpetu.

Ímpetu.

«Los litigantes le exponían sus casos en altas y claras voces, para que él oyera desde arriba, oculto como permanecía en un entrepiso. Con golpes de un bastón transmitía en clave las respuestas a las consultas y daba sus instrucciones al secretario. Los escritos, títulos y alimentos se los izaban en una canasta de mimbre.
Nunca se hizo cargo de juicios penales pues temía la presencia de la sangre y odiaba a los asesinos, sobre todo a aquellos que ponían saña en mujeres y niños, y fue por eso que sus leyes, siendo ya jefe de Estado, fueron implacables para con los homicidas y para los ladrones, los violadores, los que asaltaban en despoblado y en cuadrilla, para los perjuros y para los que de acción o palabra ofendiesen a sus madres».

-Del amor a la justicia

Sergio Ramírez.

Minientrada

Si tú no estás aquí.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

VUELVE

Hoy me he levantado más temprano que de costumbre. Me cepille los dientes como todos los días y sí, dejé el tubo de la pasta dental aplastado, como destripado, sí, ¿y qué? Fuí a orinar y no levanté el asiento, es más, dejé unas gotas como de lluvia, para amenizar el momento. Me he dado una ducha y al terminar, no he secado el baño. ¡Qué mas da! No he llevado sandalias y no me sequé los pies, he caminado así hasta la habitación, nuestra habitación. La toalla húmeda se ha quedado sobre la cama. Me he puesto mucha colonia y dejé el frasco sobre la mesa del televisor. Sí, seguro ahí habrá luego una terrible mancha, ¿y qué? Tomé un poco de café y no he limpiado la cafetera; apenas y saqué el filtro goteante. Se derramó un poco sobre tus revistas. Ya, ya, que han sido solo unas cuantas gotas. Me he llevado la taza al coche y luego se ha quedado allí por días.
He llegado a la oficina, saludo y todos me miran, apenas responden el saludo. No soy yo, son ellos. Locos deben estar. Es hora de la comida y una sopa instantánea es lo de hoy, para qué buscar más. No me la he terminado, tiro el envase de poliestireno y regreso a la oficina. Me pierdo en montones de papeles, números, balances, reportes; escucho entre voces mentar mi nombre, no atiendo, no tengo tiempo, no quiero. Es tarde, la oficina se ha quedado vacía y yo no pienso volver a casa, no. Es viernes, hoy iré a tomar unos tragos y llegaré tarde, muy tarde. Son cerca de las 3:00 a.m. cuando aparco el coche, las luces en casa no están encendidas. Al entrar, la penumbra que me recibe me lleva a tirar ese feo jarrón que te regalo tu madre. Aviento el saco sobre los restos como para ocultar mi delito. Me tiro en el sofá. —¿Quién mueve el maldito sillón? —grito como si alguien fuera a responderme— son las copas de más lo que me tiene malamente mareado. Es sábado, un estupor asqueante me levanta y corro en dirección al baño, me resbalo, maldigo. Mi estómago expulsa odio, resentimiento, el higado y hasta mis riñones. Incluso me acordé de dios, de tu dios. Camino a la cocina por un café, urgente. —¡La cafetera esta sucia! —Grito, nuevamente como si alguien pudiera escucharme—. Lanzo de un golpe la cafetera, se derrama sobre tus revistas. Exhalo brutamente, gemiqueo, me rompo, lloro. Todo lo he hecho con la intención de que me mires de nuevo. Con la esperanza de que me des un golpe en el brazo por destripar el dentífrico. Que te quejes hasta la histeria porque he dejado el baño escurrido y la toalla tirada en medio de la cama. Por qué no vienes y me sirves el café, me das un poco para llevar en tu termo favorito y me despides con un beso mientras lees tu revista cultural, esa en la que siempre me decías que te gustaría escribir. He comido una de esas sopas de porquería que tanto odias y no lo sabes, no puedo decirtelo aún con la conciencia de tu reprimenda. Me he alcoholizado hasta tarde y he conducido así mientras mis ojos buscaban su órbita común. Llegué a casa, he roto tu jarrón y torpemente he intenado cubrir el crimen; aunque sé que eso no te enfadaría, más bien te haría sonreír maliciosamente. Todo eso y ¿dónde estás tú, dónde carajos estás? Todos en la oficina me miran con angustia, pero igual que tú, no dicen nada. ¿Por qué no vienes, por qué no estás aquí de nuevo como antes? Con tus locuras que me hacian sonreír como un tonto, con tus miedos para protegerte, con esas dudas que terminabas resolviendo tú misma mientras yo te miraba enamorado. ¿Por qué no estás? O no, más bien, ¿por qué te fuiste? ¿Por qué ese maldito te aparto de mi? He querido buscarlo pero sé que tú no querrías eso. Al final podría matarme; pero es que es eso lo que yo quiero, morir. Las lágrimas no se me terminan y me están ahogando. Me levanto y tomo las llaves del auto. Es necesario, iré a buscarte, salgo de casa; afuera hay un viento gélido, me hiela el rostro. Los ojos me arden y se me nubla la vista, aprieto los dientes con desesperación. Conduzco con un pulso acelerado. Las lágrimas me brotan incesantes y mi corazón te busca. Algo me dice que volveré a verte muy pronto. La carretera húmeda me dificulta el avance, acelero. No puedo esperar más, han sido 2 meses sin ti y ya no puedo más. Sé que tú también lo deseas, que tú también me esperas. Acelero más, aún más, más.
De pronto, ese viento gélido ya no lo siento. Ahora es calor, un calor que me sube por la piernas. ¿Qué es esto que me corre por el rostro? Estoy mareado, no veo nada. No, espera, te veo a ti, vienes por mi. Lo sabía. Te acercas, estás hermosa. Tu sonrisa me vuelve loco. Ya no siento ni frío, ni calor; ya nada me duele. ¡Tu cabello, mira tu cabello, ha vuelto! El maldito cáncer ya no puede hacerte daño y yo, yo estoy de vuelta contigo amor. No te vayas, te prometo que repondré aquel horroroso jarrón chino, pero por favor, que ya nada te aparte de mi.

Marco de Mendoza

🍸

Por el porvenir.

Por el porvenir.

SE DICE QUE… 💭

«Ahora tu cuerpo es sacudido por
pesadillas. Ya no eres
el mismo: el que amó,
que se arriesgó.
Ya no eres el mismo, aunque
tal vez mañana todo se desvanezca
como un mal sueño y empieces
de nuevo.
Y el sudor, el frío, sean como un sueño.
No te desanimes. Ahora tiemblas, pero tal vez mañana todo empiece de nuevo».

Te alejarás

La Universidad desconocida

Roberto Bolaño.

… 💭