Poco veneno, si mata.

Poco veneno, si mata.

«—La nicotina sí mata.
La voz de mujer venía suavemente al aire, se deslizaba de un balcón al otro, al suyo, y Emiliano la oía, sorprendido, en medio de los golpes lejanos del mar.
—Hay que darla con cuidado, mezclarla suavemente con algún trago, tal vez champaña».

Lola, o los cómplices involuntarios,
Emilio Carballido.

Suave polen.

Suave polen.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Flor en campo

Sembré un campo de amapolas y dulces mirtos. Los llené de cariño y los cultivé con entera pasión.

Así quiero sembrar en ti mi dulce néctar. Hacerte el amor con inmensa pasión, para ahogarnos luego en incontable cariño, atados; como en un tierno campo floreciente que irradia calor, que sobreviva al clima y que multiplique riquezas, de amor, de pasión, de lujuria y de todo recurso. Sembrar ahí para ti, para que un día nuevo, en tus ojos me vea reflejado y sepa que el campo sembrado a florecido, lo has florecido con tu cuerpo bendito y tu alma salva.

Que los mirtos endulcen tus besos y las amapolas nuevas invadan tu piel con su polen. Para que un día lejano abones la tierra, y que el polen propio entre el viento llegue a otras pieles, para que entonces conozcan nuestra pasión de ayeres.

Convíertete en flor y seme eterno.

Marco de Mendoza

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Florecer.

Florecer.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

BIG FISH

Tim Burton
( 2003)

🎞 📽

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¡¿Narcisos?!

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—Son tus flores favoritas

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¿Cómo has podido encontrar tantas?

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—He llamado a todas las floristas de cinco estados; les dije que era la única manera de que mi esposa se casara conmigo.

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¡Ni siquiera me conoces!

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—Tengo el resto de mi vida para conocerte.

Augur.

Augur.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Uno a uno

Soplo al viento los recuerdos. Que los lleve incesantes, como ráfaga sutil, como brisa de un mástil.

Que la mente mutilada y los sentimientos reprimidos, ávidos encuentren su función.

Magnifico los placeres. Todos, que se cuelen en entrañas. Que produzcan miel y rica lluvia blanca.

Yergo a la vida, esta, que placebo dicta y con dulce primacía nos conduce al deseo de vivirla.

Airada vida pura. Sin miedo y con deseo. Llena en mí de sí el umbral de mi eterna sincronía.

Bébete el olvido de los sinsabores y traspella con mi hombría el centro de su lozanía, donde beberme su cálido cáliz es la fuente de mi pábulo perfecto.

Embala uno a uno nuestro ser, para que ufanos proclamemos e pluribus unum.

Orgia de vida y de sueños claros, vehementes; concebida solo a sí y a mí.

Da en el centro Eros y transformanos en ambrosía, uno a uno, innúmero.

Marco de Mendoza

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Sobre Mafufadas.

Sobre Mafufadas.

«—¡Dichoso cartero! ¿Qué puede haberle ocurrido? —exclamó Beatrice— Deja estas cosas por ahí, querido.
—¿Dónde las quieres?
Ella Levantó la cabeza y sonriéndome con su modo suave y burlón, dijo:
—Tonto. En cualquier sitio.
Pero sabía que tal lugar no existía para ella, y habría preferido quedarme durante meses sosteniendo la botella de licor y los pasteles, antes que arriesgarme a producir el más ligero sobresalto a su exquisito sentido del orden».

Veneno, Katherine Mansfield.

Un vinculo supremo.

Un vinculo supremo.

«Si habían de sobrepasar los límites, ese era el momento de hacerlo, cuando él la sujetaba cerca de su cuerpo y la hacía girar, cuando ella se dio cuenta de que él no podía evitar ver el morado que tenía en la sien. Debía de estar a seis pulgadas de sus ojos. Ella lo sintió resplandecer como una estrella maligna. (Ahora le tocaba a ella vengarse por la mano que él le había levantado cuando había intentado ser amable y le había preguntado por su mujer.) Siguieron bailando mientras cambiaba el disco, en silencio e inmóviles, juntos en mitad de la habitación.
Después se convirtieron en un equipo compenetrado —como bailarines españoles profesionales ataviados con máscaras— mientras sonaba la canción lenta.
Sin duda, incluso aquellos que viven ajenos al mundo, en esos momentos, necesitan sentir el tacto de los otros, o todo está perdido.
Eran lo que el corazón de cada uno había deseado aquel día, para ellos mismos y para el otro».

-No es lugar para ti, mi amor

Eudora Welty.

¿De qué te vale?

¿De qué te vale?

• SERIALES •

Game of Thrones
T.6, E.6:
Blood of my blood

Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau)
—Reuniré a los mejores asesinos. Los llevaré al septo y les quitaré la cabeza al Gorrión Supremo y a los demás gorriones.

Cercei Lannister (Lena Headey)
—No puedes

Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau)
—¡Tiene a nuestro hijo!
¡Se lo robo!
Destrozó a nuestra familia.
¿Cómo debemos tratar a quien nos destroza?

Cercei Lannister (Lena Headey)
—Sin piedad, y eso haremos.
Si matas al Gorrión Supremo, no saldrás del septo vivo. Sin ti, nada tiene sentido.
Ponte a la cabeza del ejército donde debes estar, donde mi padre te quería. Muestrales a nuestros hombres dónde poner su lealtad. Muéstrales lo que son los Lanister, qué les hacemos a los enemigos. Y recupera ese tonto castillo porque es nuestro y puedes hacerlo.

Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau)
—Pronto te juzgarán. Debo estar presente contigo.

Cercei Lannister (Lena Headey)
—Será un juicio por combate.
Tengo a
‘La montaña’.
Nos fortalecieron a ambos, todos ellos.
No tienen idea de lo fuerte que somos.
No saben qué les haremos.
Siempre estuvimos juntos.
Siempre estaremos juntos.
Somos los únicos dos en el mundo.
Tú y yo.

La ventana indiscreta.

La ventana indiscreta.

La ventana de la izquierda me llevaba a la dulce vida privada de una pareja. La curiosidad me apremiaba a llegar temprano a casa e inmediatamente me colocaba en un buen lugar de observación. La mujer entraba a eso de las cinco y media, se desnudaba rápidamente y empezaba a realizar los quehaceres para que su hombre encontrara limpias las habitaciones y lista la comida. Era algo gorda; joven, eso sí, y muy dinámica; no se sentaba nunca, parecía una abeja en actividad constante. Cuando llegaba su hombre, ella lo besaba y se quedaban abrazados un momento. Luego él ponía sobre una mesa el periódico que traía bajo el brazo y se tiraba en la cama, lleno de apetitos impostergables, llamando a su mujer con las manos extendidas. Ella lo miraba golosa, vacilando entre ocuparse de la olla que había dejado en la estufa y el placer que le prometía su amado y sin pensarlo mucho corría una delgada cortina y se echaba sobre su hombre. El visillo me nublaba la imagen. A prima noche y con las luces sin encender aún era muy poco lo que podía ver a través del fino velo que la mujer interponía entre ellos y yo. Me complacía el movimiento de aquellos cuerpos en íntima comunicación, aquella alegre fiesta de la carne sudorosa y tensa, adivinada más que efectivamente vista desde mi puesto de mira.

-Ruidos

José Alcántara Almánzar

Sabor morbo.

Sabor morbo.

«Nancy se acercó con cautela gatuna y comenzó a quitarme la ropa. Ponía cuidado morboso en ese acto sensual tan frecuente en su trabajo. Debía estar acostumbrada a las posesiones violentas, a hombres que le sacan provecho a cada segundo. Yo, en cambio, era un rorro, al que había que enseñar a hacer las cosas. Y eso atraía su curiosidad, la encandilaba, provocara ademanes y frases. Sin darme cuenta quedé desnudo sobre la carne. Nancy contempló mi cuerpo con ojos voraces y pasó su mano por mi carne, ahora hecha piel de gallina. Sentí vergüenza, giré la cabeza hacia la pared, me cubrí con la sábana. Ese rechazo exacerbó su ánimo, pues tiró de la sábana firmemente, aunque sin violencia, y descubrió mi cuerno rígido».

-Con papá en casa de Madame Sophie

José Alcántara Almázar