Ya lo pasado, pasado.

Ya lo pasado, pasado.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Adiós

Se desdibuja el aura, presintiendo la huida.
Se ha de marchar coraje, valiente, impoluto.
El tiempo no cede, avanza, se marcha; como el bajamar se aleja y su olvido sombrío mengua al vacío. Temor no hay, se ha olvidado, constricción al alma que en quebranto marcha sin mirada tenue.
Ya no hay más, aprendió al paso que en un tiempo fue jarana, y otro tiempo fue infortunio.
Más partir se torna ameno, cuando la voz mitiga y no hay respuesta al coro.
De olvidos bien que sabe sin siquiera apetecerlos, se han cruzado al vilo innecesario y putrefacto.
El adiós ocurre y es certero cual Perseo, cuando propuesto va en su cometido.
El adiós se ha dado, gracia de ocurrido que si es tiempo o es premura, ya es sazón.
El adiós presencia y es aquí, y es ahora.

Marco de Mendoza.

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Abrázame.

Abrázame.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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• Necesidad •

Necesito tus piernas donde enrredarme.
Como suave pálpito que me condena a ti, a tu piel condenada.
Necesito me respires, ansiedad y poder. Encendiendo mi alma, que encandila y provoca. Que vivaz me cautives.
Necesito tu piel, seda adictiva que me envuelve y me atrapa, que me vulnera.
Necesito tus manos, alineándose a las mías, como piezas perfectas de un sin fin rompecabezas. Sin cordura, sin pasados, cual eternos sonidos de viento.
Necesito tus labios devorando los míos, devorando humedad; su pasión y desquite.
Necesito de todo y en este mi avío, a ti, mi primaria necesidad, como beligerante deseo, siempre a ti.
Ferviente veneno hiel, que amo y me mata de amor. Porque no es que me muera sin ti, es que vivir sin ti ya no quiero.

MARCO DE MENDOZA

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Minientrada

Eso que ocultamos.

• MINIFICCIÓN •

Las relaciones

Patricia García Roldán

—No sé —Murmura Manuela compungida mientras mira a su marido en el lado derecho de la cama—. Creo que necesito más espacio.
—¡Pero, querida! —Le espeta él— ¿Y por qué no se lo dices al tipo que tienes a tu lado izquierdo?
—Pues viéndolo así —le contesta Manuela ofendida—, ¡dile a tu secretaria que se arrime un poco más al borde se la cama!

Eso que sentimos.

Eso que sentimos.

«Yo entonces corrí, literalmente corrí a su encuentro. Usted me dio la mano y en su tacto reconocí la existencia serena, acosada, presente, de nuestras cosas subordinadas y comunes. Usted me dio la mano y yo musité: ‘Hoy y la alegría’, así, desordenadamente, ‘hoy y la alegría’, sin vacilar, sin pensar en rehusarla, sin alejarme obsesivamente, sin hacer nada, sin hacer absolutamente nada.
Usted había apoyado su mano en mi nuca y había alcanzado a decirme: ‘No sea tan muchacho. Quienes lo merecemos somos usted y yo. Usted y yo merecemos este amor en que siempre le perteneceré, en que siempre me pertenecerá. ¡Vamos, si parece un chico! Claro que sufre. Yo también. Yo también sufro’. Sí, usted también sufría. Pero estaba verdaderamente convencida de su resolución, de su ánimo, de su firmeza. Y ésta —su firmeza— acabó por perdernos. O salvarnos».

-Hoy y la alegría

Mario Benedetti.

Liviandad.

Liviandad.

«Acevedo tomó a Juana por la cintura, apretándola. En la calle una bocina atravesó la noche, y la muchacha, aterrada, luchó por desprenderse. Pero sólo un segundo. Después, viendo que un hilillo de luz partía el rostro de Juan como una herida, acarició esa herida. Él con su mano grande y caliente y engrasada, hurgó en el escote de Juana. Ella lo sintió duro y peligroso apretado contra su cuerpo, y tuvo miedo otra vez.
—No, no, por favor…
—Ya, pues, Juana, no sea tonta.
No le dijo tocaya. Se desprendió con violencia y volvió al mesón. Desde allí escuchó cómo Juan orinaba».

-Tocayos

José Donoso.

Hay pasiones que no cesan.

Hay pasiones que no cesan.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Loco perdido

Estoy perdido; perdido por enamorado. Enamorado y perdido.
Perdido en tus labios: rojos, carnosos, jugosos.
Enamorado de ti, de tu voz, tu escencia, tus sonidos. Ese latido ardiente que en tu pecho resuena, llamándome.
Perdido entre tu piel, dulce agonía que bien me mata. Jibia, sedosa y trémula.
Enamorado como un loco, que a grito venturoso, niega su locura.
Perdido por tu cuerpo que decirle bello es poco, porque entre cada curva, yo me vuelvo loco.
Enamorado, perdido y loco.
Estoy de a poco, volviéndome loco, y es mi pensamiento inocuo que no se contiene, que vibra y emana cual torrente volcánico.
Es tu rostro, gema perfecta de mis triunfos y debilidades.
Eres tú mi locura y esta perdición.
Eres tú, mi coincidencia, y mi amor.

Marco de Mendoza.

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Sin jamás y para siempre.

Sin jamás y para siempre.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Voy a

Entrar en ti, como torrente acuoso y fundirnos.
Poseerte, no solo de cuerpo, alma y mente; también en muerte.
Quiero ser veneno, y el antídoto vehemente que a tu piel conecte, insano, si es preciso.
No busco ser salvo, si es pecado lo que a ti me une.
Quiero todo, porque todo es bueno y si es contigo, yo lo imploro.
Que me una, que me amarre; que sea al astio y que no pare.
¿Por qué amar a medias o de a poco? Si es contigo lo que quiero, que poco es nada y si es nada, no lo quiero.
Voy a meterme a todo. En lo que miras, en lo que tocas, en lo que sientes y también en lo que piensas. Me voy a meter de a poco para que luego, ya de a mucho, ser de todo en ti.
No solo porque quiera, sino porque querrás. Me voy a meter en ti, en tu cuerpo poseído de mí, de esta virilidad que implora y que grita por tu alma toda. Me voy a meter en ti, sin un jamás y con un para siempre.

Marco de Mendoza.

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