¿Quiénes somos?

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• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Demonios

[…] Alonso bajo las cortinas con fuerza y cierta molestia. La luz intensa de fuera, irradió la habitación en que Luzmaría había estado recluida por días. Sus ojos sintieron la presión de esa luz, su piel el calor y su sangre comenzó a hervir.

—Ya no estarás más aquí —dijo Alonso con un tono enérgico— ¡Basta de contemplaciones!

Luz, que aún no lograba abrir bien los ojos, se limitó a meter la cabeza bajo la almohada y respirar peligrosamente.

—No vas a chantajearme con tus molestias María

—¿Alguna vez has sentido que el cuerpo te arde, que la sangre dentro de ti se vuelve lava ardiente y te quema, te quema tanto que pareces un volcán a punto de explotar?

No, lo dudo, Alonso. ¿Y sabes por qué lo dudo?

Porque cuando uno se quema por dentro y no hay nadie que sacie esa locura, uno preferiría arder, arder por siempre y quemar todo consigo. Y tú no lo entiendes, tú solo quieres que me levante, que salga de esta habitación y que allá afuera, queme a todos con mi fuego maldito, como un monstruo. Tú quieres que sea el monstruo que tú no te atreves a ser. Y eso, te convierte en más demonio que a mí […]

Marco de Mendoza

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Voy a tu encuentro.

Voy a tu encuentro.

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Lo negro de la noche

[…] Caminaba sobre la acera, de frente, una higuera enorme posteaba el siguiente cruce; obscuro, incluso tétrico. Maullé, como a la espera de algo o de nada.

Apareciste. Con una sonrisa tímida entre lágrimas que desconocí. No me gustan las tristezas. Es mejor sonreír. Caminé sobre el filo de la acera en sentido contrario a ti. No me seguiste más que con la mirada. Maullé. Fuiste tres pasos adelante y nos miramos. Fijos. Seguías llorando, leve, suspirante. Me eche debajo de un faro tenue, casi muerto de luz. Me mirabas mientras limpiabas una lágrima extensa que derramaste rota. Fuiste entonces hasta mí, y al tocarme, desapareciste…

Un gato es un portal hacia una luz incomparable, incomprendida. Hay almas que se pierden y se buscan, que se tintinean entre este plano y los otros. Un gato es testigo, encuentro. Un gato soy yo, y maúllo cada noche buscando almas perdidas que necesitan consuelo y buen encuentro…

Marco de Mendoza

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Inundame.

Inundame.

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M I F

Inundame con tu espacio, con tu cuerpo, con tu saliva; con tu maremoto blanco explotado de placer.
Inundame, que te busco completo, interminable. Derramarme en tu centro quiero, puedo.
Inundame con tu sudor, poseído, jadeante, agotado.
Inundame el alma con tu espacio; desde el resquicio de mi baja voz, hasta ahí donde se extingan tus jadeos impulsados por mi embestir.
Inundame en un beso sucio, atracón de piel y secreción; vuelve luego he inundame de nuevo con encanto, con pasión, y asfixia con tu lengua mi garganta, que de tu miel, mi carne vive ansiosa.

Marco de Mendoza

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Exímarse

Exímarse

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En un beso

Te quiero besar lento, muy lento, como si el tiempo no existiera, como dueños de ese único momento y de cada una de sus consecuencias. Besarte el cuerpo, la piel, tus rincones, en especial tus dulces rincones. Besarte tanto, que se te tatue el alma entera con mis besos. Besarte a ratos. Besarte entero y devorarte luego rabioso, impetuoso; con celo, con sucia lujuria. Con vulgar deseo; deseo de ti, de tu cuerpo que me mata y me controla. De tu cuerpo que me pide poseerlo todo, devorarlo, acabarlo, eximirlo. Repetirnos.
Quiero besarte, besarte tanto que en un beso sangre el placer brutal de tus deseos culminados, de tu miel perversa gota a gota entre mis labios. Besarte todo, besar tu brisa blanca dulce que jadea y enloquece mi deseo, mientras mi lengua embrutecida lame en ti cada hilo desprendido, seducido, acidulado.
Quiero besarte y extinguirnos con el alba, despertarnos luego en otro beso mancillado de mi blanco proceder en tus labios que palpitan, y terminar después en tu hueco amado como preso de este instante, de todo lo imposible que se vuelve fácil si te tengo aquí, inmerso en mí.

En un beso tuyo todo quiero.

Marco de Mendoza

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Almizcle.

Almizcle.

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SÉ QUE TENGO

Tengo en la memoria un aguijón clavado que supura sangre y humo. Tengo en mis recuerdos un presagio que se altera fácilmente. Tengo en los bolsillos almidón de suave tacto por si un día me vuelvo polvo.
Llevo en la chaqueta un labial color carmín. Guardo en el alma cicatriz y en el cuerpo un perdiz que se quiere echar a andar.
Llevo brillantina de oro blanco que deslumbra a mi pasar y un montón de risa nueva que parece manantial.
Cargo entre mis sueños esperanza y libertad que se anida con facilidad y un suspiro al tiempo que se va hasta donde estás.
Hay memoria y hay sangre, y humo de almizclero que permea sin parar. Limpia ya mi aura y triunfa libertad porque no hay ni un miedo ni barrero que me impida en pleno vuelo este sueño alcanzar.
Fue presagio y tolete que no vencerá. Es más fuerte mi talante. Es potente y no hay miedo. Es promesa poderosa que me brilla sin parar.

Marco de Mendoza

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De principio a fin.

De principio a fin.

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Té, querré.

Te querré con los sonidos del viento: acompasado, claridoso, vehemente y poderoso.
Te querré por quién eres, por quién fuiste y por quién un día serás.
Te querré a latidos fuertes, inimaginables y profusos, como tu alma. Potente.
Te querré de día, o de noche; también en la madrugada, donde preso de tu sueño te abrace y hasta con furia te posea.
Te querré indomable y libre, vociferante; porque así te quiero, te querré.
Te querré un domingo por la mañana disfrutando del café, leyendo a Borges, a Fuentes, o a Camus y también a Cortázar. Y si no leemos por instinto animal a Sade, sin decoro y con lujuria mío te haré, más te querré, con tu cuerpo ansioso y entregado que es mi templo venerado en reciedumbre.
Te querré al paso de los años, cuando el cansansio mengue y calme todo. Te querré aún más porque mi vida ya habrá sido toda tuya, eterna; como en sueño placido.
Te querré hoy y luego más tarde otro día cualquiera, porque para amarte solo necesité mirarte dentro, muy dentro.

Marco de Mendoza

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—Anoche soñe contigo—Cuéntame, ¿cómo fue?

—Anoche soñe contigo—Cuéntame, ¿cómo fue?

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Libido

Prisionero quiero ser. Como un pájaro que en pleno vuelo, ávido de libertad, encontró en ti su jaula y su paz. Quiero entrar en esa jaula, teñirla de blanco y vivir ahí, con la libertad y satisfacción de entrar y salir y con ello, verte soñar. Vibrar, brillar. Quiero en ella posar, pajaro en celo aletear, dominar, dejarse llevar. Poseer. Aprisioname en tu jaula impoluta, y menguar ahí mis ganas, mi fuerza, mi alma en libertad. Que nada quede fuera de ella. Pájaro amante cautivo, que goza la andanada que esparce en su jaula, toda plena, toda tuya. Es tu jaula mi sitio y su calidez mi delirio. Su sabor a libido intenso que marea, que derrite; es todo lo que me altera. Me despierto en las mañanas, ave taciturna y enjuta, que al pliegue de esta jaula proteico despierta. Rigido, vigoroso y hasta engreido, toma forma, aleteo adusto. Llena su hogar, su jaula, la posee y transforma. Toda ella es vida, su vida y al teñirla de suave almibar blanco, sabe que es suya, que se pertenecen; pájaro sobrio y jaula bendita que al vilo comulgan, que son uno, que se entregan, se renuevan. Brisa cálida, candor jadeante; la jaula abre, la jaula cierra, al paso incesante de su ave, estremece. Pájaro vuelve con rabia, con anhelo.Penetra. Silencio. La jaula devora al pardillo cerril. Consumada prision en que hemos triunfado ya.

Marco de Mendoza

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