Juego maestro.

Juego maestro.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

Cómplices

Camino trémulo; pensando, considerando si acaso volver o mejor huir. La obscuridad de la madrugada nubla mi vista, mi raciocinio incluso. Las manos llenas de sangre gotean el piso azulejado, lo tiñen, y yo en desconcierto no decido qué hacer. Se escuchan voces, voces que no distingo, ni quiero. A lo lejos, una luz escapa entre los árboles, el viento alterado se lo permite. ¿Es acaso un atisbo de que la naturaleza reclama mis actos? Mis manos frías me recuerdan que llevo la sangre inocente embarrada como claro ejemplo de esta conjugación entre mi padre y yo. Ambos somos culpables y el sol que intentará asomarse en unas horas será testigo de cada gota derramada. El cuchillo cruel y desafiante membró sus vidas, y peor aún, fui yo con ahínco, quien blandio el arma bajo sus cuellos palpitantes.
Pero es tarde ya. Se ha consumado. El padre me ha ordenado seguir y yo, casi como un fiel palurdo, he obedecido. El sol ya viene, no hay tiempo a reclamos, miedos, ni arrepentimientos; debo seguir. Miro a mi padre quién ya se lava las manos. ¡Pilatos estaría orgulloso, padre! Pues lo hace con enjundia y garbo, casi como un galeno apresto al bisturí. Yo en cambio, aún tiemblo un poco, de miedo, de arrepentimiento, de no sé qué, pero tiemblo.
Las voces están cerca, se oye la turba. ¡Vienen aquí!, ¡lo saben!, ¡saben lo que hemos hecho! Mi padre grita que limpie, que limpie todo ya, que la gente estará aquí pronto y debe encontrar todo limpio, inmaculado; sin rastro de nuestra faena. Miro pasmado pero acudo a la orden. Mi corazón entra en paro o eso creo sentir. Lavo mis manos una y otra y otra vez. No sé cuántas, hasta que mi piel queda añejada por la lejía y el agua. El sol se asoma y de pronto, se oye un grito «¡Don Juan!» Es mi padre a quien llaman, ese grito es para él, quizá no saben que estoy yo aquí, puedo huir o quedarme. Pero al fin he sido cómplice, y valeroso debo enfrentar como me enseño mi padre. Mamá sale desde el fondo y me alivio, ¡ella nos salvará, siempre nos salva! Sigue de largo y saluda a papá. Son cómplices sin duda. No hay nada que hacer. Me deshago del mandil ensangrentado que llevo puesto y una vez que quiero correr, la luz que entra por la doble puerta me ciega, es tarde ya, muy tarde. Papá ha abierto la pollería y debemos atender. La venta de pollo fresco, nunca es un negocio fácil.

Marco de Mendoza

🍸

Pequeña quimera.

Pequeña quimera.

«Fue así, pues, como el explorador descubrió, de pie y a sus pies, la cosa humana más pequeña que existe. Su corazón latió porque ni siquiera una esmeralda es cosa tan rara. Ni las enseñanzas de los sabios de la India son tan raras. Ni el hombre más rico de la tierra ha puesto los ojos sobre tan extraña gracia. Allí estaba una mujer que ni la glotonería del más fino sueño jamás habría podido imaginar. Fue entonces cuando el explorador dijo tímidamente y con una delicadeza de sentimientos de los que su esposa jamás lo hubiera creído capaz:
—Tú eres Pequeña Flor».

-La mujer más pequeña del mundo.

Clarice Lispector.

La revuelta.

La revuelta.

«Apareció el toro, pero no con espíritu agresivo; ramoneaba tranquilamente a lo largo del camino, moviéndose con la mayor naturalidad. Por lo visto Joquito no quería luchar; sólo pedía libertad para correr a su gusto y para comer lo que le pareciera.
Pero los perros estaban de caza, y en viendo al toro comenzaron a ladrar de nuevo. Con graves ojos, Joquito se volvió a ellos, y en señal de que los menospreciaba, tornó a ramonear. Los perros se envalentonaron, y uno de ellos llevó su atrevimiento hasta morderle una pata. Joquito giró violentamente y en rápida embestida atacó a sus perseguidores. El animal había perdido otra vez la cabeza».

-El funeral

Juan Bosch.

Visión de argonautas.

Visión de argonautas.

«She is a mermaid, but approach her with caution. Her mind swims at a depth most would drown in».
J. Iron
Word

Mimetista de papel.

Mimetista de papel.

«Hubiera podido vivir más que discretamente con su dinero si, por la compra de tantos y tantos libros que le ocupaban desordenadamente la casa, no se hubiera endeudado. Al no poder comprar más libros nuevos, había releído los viejos, volviendo a masticarlos uno por uno, desde la primera hasta la última página. Y como aquellos animales que, por defensa natural, asumen el color y las cualidades de los lugares y de las plantas donde viven, así poco a poco se había vuelto casi de papel: el rostro, las manos, el color de la barba y del pelo. Descendida, dioptría por dioptría, toda la escala de la miopía, hacía unos años que parecía realmente comerse los libros, incluso materialmente, acercándoselos tanto al rostro para leerlos».

-Mundo de papel

Luigi Pirandello.

Minientrada

Espectro o realidad.

• MINIFICCIÓN •

FREDDY

Marco de Mendoza

Freddy y yo llevamos varias horas en la cocina; esto es un desastre. Hoy es su cumpleaños y hemos decidido celebrar preparando un pastel rebosante de damascos que cortamos del árbol de la abuela. La puerta principal se escucha tronar, es mamá que llega. —Seguro va a enfadarse. —Freddy, ¡limpia, limpia ya! La cara de mamá lo dice todo, cuando me encuentra con la cara bañada en harina y gritándole a Freddy adecentar la cocina ya.
Sin decir nada, pero con su cara de pasmo, mamá me toma de la mano, y tierna, me acaricia el rostro blanquecino al tiempo que me premia con un dulce. —Cómelo, te hará bien; yo lo como con gusto mientras miro a mamá que no deja de mirarme enternecida, cariñosa. —¡Qué amargo, dame agua! —le protesto—. Apenas pasan unos minutos y yo siento la cabeza como si recién despertara de una pesada siesta, —Pero mamá, ¿qué es todo este desastre en la cocina? —cariño, ocurre que tú y Freddy han estado… — Pero, ¿quién es Freddy mamá? —le interrumpo—. —Anda, ayúdame. Vamos a limpiar.

Mágica ensoñación.

Mágica ensoñación.

«Y ciertamente parece este lugar, aún hoy, envuelto en un poderoso hechizo que llena de extrañas fantasmagorías las cabezas de esas buenas gentes que lo habitan, haciéndoles caminar de continuo en una especie de duermevela. Creen, por supuesto, en los más raros poderes; suelen caer a menudo en trance y tienen visiones; escuchan en el aire voces y músicas indescifrables… No hay vecino que no tenga noticia de algún hecho extraordinario o que no se sepa alguna historia maravillosa, o que no pueda señalar qué paraje alberga entre sus profusas sombras algún espectro acechante; podría decirse, pues, que aquí el demonio de la pesadilla y sus figuras diabólicas tienen el mejor escenario posible para ejecutar sus danzas y morisquetas».

-La leyenda de Sleepy Hollow

Washington Irving.

Cuando tú me detractas…

Cuando tú me detractas…

«El calvario se agrava. Ahora, antes de que amanezca, me dirijo anhelante al primer puesto, al vendedor más cercano; al gacetillero, al pepenador, para revisar meticulosamente cada publicación y comprobar si aún figura mi nombre, aunque sea en el directorio. Con mano temblorosa y ávida, abro las páginas; los dedos se me hacen huéspedes. Con esfuerzo olvido el llanto que me cause ver en algún rincón mi nombre de pila o la inicial perdida del apelativo que ya nadie reconoce».

Yo vendí mi nombre.

Guadalupe Dueñas.