Polvo dorado.

Polvo dorado.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Zétklu

En el cuerpo viste dorado y brillante polvo de estrellas, para que cuando la noche oscura y tétrica venga, lo abrace y lo contenga, pero que no pueda poseerlo. 

Zétklu pasea por los cielos buscando tus temores, anidándolos, envolviéndolos entre sus brazos y fulminando entre aquel dorado polvo cada uno de tus miedos; para que nada vuelva a ti, para que todos se olviden. Zétklu vuela bajo cuando tu alma se siente desolada y emprende alto el vuelo cuando liberas llanto, para llevarlo lejos, para purificarlo entre gotas de lluvia suave.

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RECOMENDACIÓN DEL BLOG


Bestias Prehispánicas (y no tanto).

Bestias Prehispánicas (y no tanto).

Rosario Castellanos

Balún Canán

«—Dicen qué hay en el monte un animal llamado dzulúm. Todas las noches sale a recorrer sus dominios. Llega  donde está la leona con sus cachorros y ella le entrega los despojos del becerro que acaba de destrozar. El dzulúm se los apropia pero no se los come, pues no se mueve por hambre sino por voluntad de mando. Los tigres corren haciendo crujir la hojarasca cuando olfatean su presencia. Los rebaños amanecen diezmados y los monos, que no tienen vergüenza, aúllan de miedo entre las copas de los árboles.
—¿Y cómo es el dzulúm?
—Nadie lo ha visto y ha vivido después. Pero yo tengo para mí que es muy hermoso, porque hasta las personas de razón le pagan tributo
».

Balún Canán, Rosario Castellanos.

«—Ven aquí, Mario. Si vas a ser cazador es bueno que sepas lo que voy a decirte. El quetzal es un pájaro que no vive dondequiera. Sólo por el rumbo de Tziscao. Hace su nido en los troncos huecos de los árboles para no maltratar las plumas largas de su cola. Pues cuando las ve sucias o quebradas muere de tristeza. Y se está siempre en lo alto. Para hacerlo bajar silbas así, imitando el reclamo de la hembra. El quetzal mueve la cabeza buscando la dirección de dónde partió el silbido. Y luego vuela hacia allá. Es entonces cuando tienes que apuntar bien, al pecho del pájaro. Dispara. Cuando el quetzal se desplome, cógelo, arráncale las entrañas y rellénalo como una preparación especial que yo voy a darte, para disecarlo. Quedan como si estuvieran vivos. Y se venden bien».

Balún Canán, Rosario Castellanos.

«Ayer llegó de Chactajal el avío para el viaje. Las bestias están descansando en la caballeriza. Amanecieron todas con las crines y la cola trenzadas y crespas. Y dicen las criadas que anoche se oyó el tintineo de unas espuelas de plata contra las piedras de la calle. Era el Sombrerón, el espanto que anda por los campos y los pueblos dejando sobre la cabeza de los animales su seña de mal agüero».

Balún Canán, Rosario Castellanos.

Palabras Oscuras I.

Palabras Oscuras I.

Íngrimo

Dentro de las ocurrencias que suceden cuando la lengua decide cómo evoluciona una palabra, se encuentra íngrimo, que si bien su origen es oscuro, se dice que procede del portugués íngrime, ‘empinado’, ‘escarpado’ o ‘laborioso’, y que se usa para designar a un sitio con demasiada inclinación o a una tarea complicada. Este vocablo portugués se ha conservado en íngrimo, que significa solitario, abandonado, sin compañía. Tal vez haciendo referencia a lo complicado que es allegarse a las personas solitarias.

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«—Tío David, qué bueno que llegaste.
(Nuestros padres nos recomendaron que le llamemos tío aunque no sea pariente nuestro. Para que así se sienta menos solo).
—No vine a visitar a la gente menuda. ¿Donde están las personas de respeto?
—Salieron. Nos dejaron íngrimos.
—¿Y no tienes miedo de que entren los ladrones? Ya no estamos en las épocas en que se amarraba a los perros con longaniza. Ahora la situación ha cambiado. Y para las costumbres nuevas ya vinieron las canciones nuevas».

Balun Canán. Rosario Castellanos.

Alfredo Beltrán León.

Crímen en el frente.

Crímen en el frente.

«—¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!
—¡Mírame, coronel! —pidió él—. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates…!
—¡Llévenselo! —volvió a decir la voz de adentro.
—…Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!
Estaba allí, como si lo hubieran golpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra. Gritando.
En seguida la voz de allá adentro dijo:
—Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache para que no le duelan los tiros».

-¡Diles que no me maten!

Juan Rulfo.

Minientrada

Histamina.

• MINIFICCIÓN •

REVANCHA

Marco de Mendoza

La pesca había ido bien. Aquel día con el mar agitado, la red estaba llena de peces muertos de todo tipo. Manuel llegó a casa y pidió a su mujer un pescado a la plancha. Luego, una tormenta. Fue todo, al día siguiente el médico diagnosticó escombroidosis. Manuel no volvió a pescar. Manuel no volvió.