Rafael Villegas.

Rafael Villegas.

«Y piensa en México, en las cumbres de Maltrata, en aquel tren que avanzaba furioso sobre vías recién levantadas que desafiaba barrancas terribles. Recuerda el mundo como un sitio por descubrir. Se aferra a ese recuerdo. No le gusta el presente de un mundo devorado poco a poco por los mares. ¿Perdonarán los océanos algún pedazo de Tierra?».

Paralaje.

Rafael Villegas.

Minientrada

Amor apache.

• MINIFICCIÓN •

La revancha

Nicolás Jarque Alegre

El día que una ola salte más de lo convenido el espigón y se engulla a tu padre en medio de su pesca, no será la furia del mar Mediterráneo quien se lo lleve sino la justicia. Pero para ello, acuérdate de lanzar mis cenizas al mar.

Visión de argonautas.

Visión de argonautas.

«She is a mermaid, but approach her with caution. Her mind swims at a depth most would drown in».
J. Iron
Word

fantástico bajel.

fantástico bajel.

«Por los lentos ríos amazónicos navega un barco fantasma, en misteriosos tratos con la sombra, pues siempre se lo ha encontrado de noche. Está extrañamente iluminado por luces rojas, tal si en su interior hubiese un incendio. Está extrañamente equipado de mesas que son en realidad enormes tortugas, de hamacas que son grandes anacondas, de bateles que son caimanes gigantescos. Sus tripulantes son bufeos vueltos hombres. A tales peces obesos, llamados también delfines, nadie los pesca y menos los come. En Europa, el delfín es plato de reyes. En la selva amazónica, se los puede ver nadar en fila, por decenas, en ríos y lagunas, apareciendo y desapareciendo uno tras otro, tan rítmica como plácidamente, junto a las canoas de los pescadores. Ninguno osaría arponear a un bufeo, porque es pez mágico. De noche vuélvese hombre y en la ciudad de Iquitos ha concurrido alguna vez a los bailes, requebrando y enamorando a las hermosas».

-El barco fantasma

Ciro Alegría.

Travesía.

Travesía.

«Al principio no vi nada; mis ojos, acostumbrados a la oscuridad, se deslumbraron y se cerraron bruscamente. Cuando pude abrirlos, me quedé más que maravillado, alucinado.
—¡El mar! —exclamé.
—Sí —respondió mi tío—, el mar Lidenbrock. No creo que ningún navegante me dispute el honor de haberlo descubierto ni el derecho de darle mi nombre.
Un inmenso manto de agua, que podía ser el comienzo de un lago o de un océano, se extendía mas allá de lo que alcanzaba la vista. La playa, muy abierta, regalaba a las últimas ondulaciones de las olas una arena fina, dorada y llena de pequeñas conchas donde vivieron los primeros seres de la Creación. Las olas chocaban con ese murmullo sonoro particular que producen en todo lugar cerrado e inmenso; la espuma se levantaba con el soplo del viento y me salpicaba la cara.
[… ] Era un verdadero océano con el mismo contorno de las playas terrestres, pero desierto y de un aspecto espantosamente salvaje».

Viaje al centro de la tierra.

Jules Verne.

Tácito suceder.

Tácito suceder.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Mar inmensidad
Colección privada 2017

DULCE VIDA

Y ahí donde todo es claro, donde todo brilla más, estamos.
Parecemos hojas secas al viento, reblandecidas y arrebatadas.
Corremos casi impecables, perennes, ávidos.
Vida le dicen, y no es más que el fulgor atrevido de un instante
que nos mueve, incesante y voluble.
Persiste, mas no siempre. Fluye inconstante, persuasiva; impulsiva al paso persistente y temeroso de perderse.
Cambia, comparte, emociona. No es sino una atrevida selectiva. Amada concupiscencia necesaria, oportuna. Creadora de si misma y ambigua natural.
Versal y poderosa, emana de un instante y perece por igual, sin prerrogativa, ni aspaviento.
Mira con destello y sonríe patidifusa. Espera. Es contemplación, es acto rebeldía, firme al tiempo más no eterna. Apología a la inmensidad.
Vida le dicen, y es brillo, y es nada, y es todo.

Marco Mendoza.

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