Caldera.

Caldera.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Soy

Soy de ti un pájaro herido; blando y tierno, casi nulo. Un hermoso vilo que desprende miel y suave tacto. 

Soy arena que rueda entre tus olas, desequilibrio mágico que procura tus encantos. 

Soy un tierno beso que fulmina hastío y que tiembla si respira. 

Soy un acto de fe que reza cada día al sueño entre tus pliegues. 

Soy la leña de tu hoguera, paciente ardor que quema mis entrañas. 

Soy la terquedad de aquellos días donde el viento sopló frío y mi cuerpo lo batió en ceniza breve. 

Soy la caldera y tú la chispa. Hazme fuego, hazme amor… hazme el amor y vuelve a mí como esa llama que no cesa, como llamarada, como un incendio que me aclama, ven y quema junto a mí tus anheladas ganas, tu pasión perversa. Ven, consúmeme completo, que de eso, vivo eterno. 

Marco de Mendoza

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¿Quiénes somos?

¿Quiénes somos?

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Demonios

[…] Alonso bajo las cortinas con fuerza y cierta molestia. La luz intensa de fuera, irradió la habitación en que Luzmaría había estado recluida por días. Sus ojos sintieron la presión de esa luz, su piel el calor y su sangre comenzó a hervir.

—Ya no estarás más aquí —dijo Alonso con un tono enérgico— ¡Basta de contemplaciones!

Luz, que aún no lograba abrir bien los ojos, se limitó a meter la cabeza bajo la almohada y respirar peligrosamente.

—No vas a chantajearme con tus molestias María

—¿Alguna vez has sentido que el cuerpo te arde, que la sangre dentro de ti se vuelve lava ardiente y te quema, te quema tanto que pareces un volcán a punto de explotar?

No, lo dudo, Alonso. ¿Y sabes por qué lo dudo?

Porque cuando uno se quema por dentro y no hay nadie que sacie esa locura, uno preferiría arder, arder por siempre y quemar todo consigo. Y tú no lo entiendes, tú solo quieres que me levante, que salga de esta habitación y que allá afuera, queme a todos con mi fuego maldito, como un monstruo. Tú quieres que sea el monstruo que tú no te atreves a ser. Y eso, te convierte en más demonio que a mí […]

Marco de Mendoza

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Para nacer, no hay que morir (?).

Para nacer, no hay que morir (?).

• MINIFICCIÓN •

Botón de flor

Marco de Mendoza

Le dijeron que eran flores comestibles: azahar, hibisco, rosas, geranios y, cicuta. Las comió a montones; su dulce sabor lo embelesaba. Luego de un rato, se empachó, convulsionó, enmudeció, tembló… murió. Al llegar al cielo, la luz perpetua y divina lo cegó provocándole un tremendo estornudo… estornudaba flores. A cada estornudo, flores de colores. Sonreía porque ahora conocía el sabor real de las flores. Ahora en la luz, era la flor que siempre quiso ser.

Flamingos.

Flamingos.

«Llegué cuando una luz muriente declinaba. /
Emprendieron el vuelo los flamencos dejando /
el lugar en su roja belleza insostenible. /
Luego expuse mi cuerpo al aire. Descendía /
hasta la orilla un suelo de dragones dormidos /
entre plantas que crecen por mi recuerdo sólo».

Laguna de Fuentepiedra, María Victoria Atencio.

Rosado Majestad

Flamingo Sunrise
Julie Bell
The Dead Flamingo
Archibald Hattemore
Flamingoes
Arthur Stanley George Butler
El Flamingo
Angelica Postle

Vástagos lumen.

Vástagos lumen.

«Las familias numerosas pueden satisfacer todas sus demandas de electricidad instalando un Baby H.P. en cada uno de sus vástagos, y hasta realizar un pequeño y lucrativo negocio, trasmitiendo a los vecinos un poco de la energía sobrante. En los grandes edificios de departamentos pueden suplirse satisfactoriamente las fallas del servicio público, enlazando todos los depósitos familiares.
El Baby H.P. no causa ningún trastorno físico ni psíquico en los niños, porque no cohíbe ni trastorna sus movimientos. Por el contrario, algunos médicos opinan que contribuye al desarrollo armonioso de su cuerpo».

-Baby H.P.

Juan José Arreola.

Incuba en todos los sentidos.

Incuba en todos los sentidos.

«Le pregunté por lo que había sucedido a un niño que pasaba por ahí. Me dijo que nadie lo quiso. Descubrí que eran varias crías que de noche aullaban mucho. Los vecinos decidieron arrojarlos a todos. Recuérdenme que algún día pinte la escena que vi».

Soplo de luz.

Luriel Lavista.

La sombra de la noche arcaica.

La sombra de la noche arcaica.

«Llevaba catorce días sin dormir, los había contado. Mi madre insistía en que no podían ser tantos. Decía que, al tercero, el cerebro se apaga. Pero lo que más me preocupaba no era eso, yo sabía que sobreviviría. Lo peor era la mancha que me había salido en el costado. El sudor con olor a clorofila en las palmas de las manos y en los pies podía pasar desapercibido, era amistoso. Pero en el lado derecho, por encima de las costillas, tenía un sarpullido enorme de color marrón que cada día se extendía más. La piel se me había endurecido y se había agrietado formando pequeños surcos, como la corteza de los olmos o los álamos viejos en los parques».

Especies de luz.

Mónica Sánchez.

Hinchada de grandes expectativas.

Hinchada de grandes expectativas.

«Adelina se pinchó en el dedo con una zarza, una diminuta gota de sangre de la que le pareció ver escapar algún destello. Algunas noches la vi melancólica, lamiéndose en las manos como un polvo de luna que luego le daba carraspera y la hacía toser, o como ida, la mirada fija en las luces color caramelo de las farolas asediadas por enjambres de insectos enloquecidos. “Esa luz no es como la otra –me decía–. No se puede comer, es amarga y venenosa, me podría matar”».

La comedora de luz.

Juan José Flores.

Luces Infinitas.

Luces Infinitas.

• CAMARITA, ¿ESTÁS AHÍ? •

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Yayoi Kusama

«Todas las cosas son falsas, y cuando ves lo que es falso, puedes ver lo verdadero».

Shaka de Virgo

Infinity Rooms

Brillance of th Souls
Cleaming ligts of the Souls
Fireflies in water
The Souls of millions of light years away
Infinity doots mirrored room

https://instagram.com/yayoikusama