No te bebas de un sorbo la Alegría.

No te bebas de un sorbo la Alegría.

«Fue precisamente en aquel clima subterráneo, y encarando con un enorme caballo de madera que parecía presidir el feudo contrario, dónde se produjo la ruptura formal de hospitalidades mediante una nueva versión de la plegaria que recitaron mirando hacia todos los rincones, dado el carácter difuso del destinatario: «Y ahora, Señor, nosotros, los gemelos Orejas de Burro y Hocico de Perro os rogamos por el ángel, el cara de infeliz del retrato, que voló a vuestro reino hace hoy no sabemos cuánto tiempo, porque nos olvidamos de hacer la raya en la pared, y para que cualquier día de éstos caiga de tu cielo y se rompa las alas, amén»».

El ángel planeador, Armonía Somers.

Ángeles Tibios.

Ángeles Tibios.

• PLUMA INVITADA •

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La Demonología, es una rama de la Angelología: los ángeles de dividen en buenos y malos, y éstos no son otros que los demonios.

Astarot.

Dentro de la gran batalla celeste entre los ángeles buenos y los rebeldes, hubo algunos que decidieron mantenerse neutrales, como acontece siempre en cualesquiera guerra o contienda civil; el jefe de los neutrales fue —y es— un demonio que luego ha sido muy famoso en todo Occidente, sobremanera en Bretaña francesa, y aún en Galicia: Astarot. Dijo que él no estaba ni por San Miguel ni por Lucifer, y Dios lo mandó con los derrotados al Infierno, pues en las Sagradas Escrituras se lee que Dios vomita a los rubios. Astarot, aparece con suma frecuencia en Galicia, y casi puede decirse que sea un demonio gallego. Se hace amigo de los ricos, le gustan mucho las recomendaciones, le chifla hablar, es muy apetecido de que le cuenten historias y, en consecuencia, ha sido visto en múltiples ocasiones. A ese respecto fue denunciado por la policía veneciana. Ustedes saben que la policía de Venecia, tan enseñada en el lengüeteo que se trae agua contra los muros palaciegos, ha sido la más secreta que hubiera en el mundo. Había gente que denominada oídos, muy especializados, a quienes educaban para oír determinados rumores, o ciertas palabras significativas. Esto se demuestra por Anatomía, pues es cosa demostrada que a los tales les crecía de tal forma la oreja que mismo parecía bocina del gramófono «La Voz de su amo». También viene en ayuda la Numismática, puesto que, en la mejor época de la SerenissimaReppublica, los policías utilizaban la famosa medalla de Astarot, mejor de oro que de plata, y que es una culebra enroscada sobre sí misma, toda ella contrapunteada de pequeños oídos.

Álvaro Cunqueiro.

Estrellas de Aurora.

Estrellas de Aurora.

AFORISMOS


«Dos personas que se han querido en la tierra forman un solo Ángel. Su mundo está regido por el amor; cada Ángel es un Cielo. Su forma es la de un ser humano perfecto. La del cielo lo es asimismo».


Los Ángeles de Swedenborg
Jorge Luis Borges

Para nacer, no hay que morir (?).

Para nacer, no hay que morir (?).

• MINIFICCIÓN •

Botón de flor

Marco de Mendoza

Le dijeron que eran flores comestibles: azahar, hibisco, rosas, geranios y, cicuta. Las comió a montones; su dulce sabor lo embelesaba. Luego de un rato, se empachó, convulsionó, enmudeció, tembló… murió. Al llegar al cielo, la luz perpetua y divina lo cegó provocándole un tremendo estornudo… estornudaba flores. A cada estornudo, flores de colores. Sonreía porque ahora conocía el sabor real de las flores. Ahora en la luz, era la flor que siempre quiso ser.

Reina de los prados.

Reina de los prados.

«No había más flores que se pudieran cortar. La madre miró de reojo a su hija por encima del ramo que abrazaba, mientras su mano de venas azules cambiaba de posición sobre los tallos.
—Escucha, Constance… El club de jardinería tiene hoy una celebración de algún tipo. Todo el mundo se reúne a almorzar en el club y luego van a ir al jardín de alguien, uno que tiene rocas y plantas alpinas. He pensado que si me llevo a tus hermanos pequeños…, ¿no te importa que vaya, verdad que no?
—No —dijo Constance al cabo de un momento.
Constance pensaba todavía en la pregunta que tenía que repetir, pero las palabras se le pegaban a la garganta como pegajosas bolitas de mucosidad y le pareció que si trataba de expulsarlas, lloraría. Lo que dijo en cambio, sin motivo especial, fue:
—Preciosas.
—¿Verdad que sí? En especial la reina de los prados, tan grácil y blanca.
—Ni siquiera sabía que hubieran empezado a florecer hasta que he salido.
—¿No lo sabías? Te puse algunas en un jarrón la semana pasada.
—En un jarrón… —murmuró Constance.
—De noche, sobre todo. Es el momento de verlas. Anoche me quedé junto a la ventana…, y estaban iluminadas por la luna. Ya sabes lo blancas que están las flores a la luz de la luna…»

-El aliento del cielo

Carson McCullers

Agrietar.

Agrietar.

• MINIFICCIÓN •

La última guerra.

Victoriano Alejandro Ordorica

No obstante los millones de años luz pasados, los astros en sus cuitas espaciales aun la recuerdan. A uno de ellos, que lucia la esclavitud circundante impuesta por un anillo de mágicos resplandores, le oi decir: nació del cosmos y la amamantaron las estrellas. Cuando niña conoció la tranquilidad pero ya adolescente la carimarcaron con bombas. De adulta en su piel sintió el terrible ardor de la explosión nuclear, pero más le dolió la incomprensión y el odio. Murió resquebrajada y con decepción profunda. Desde su muerte el día no existe pues la tristeza enfrió el sol. Siempre hay noche, luto eterno, negro terciopelo pegado a aire. Eso hizo el hombre con la Tierra —acabó diciendo entre los sollozos que caían de su cielo.

Alguien me deletrea.

Alguien me deletrea.

«—¡Qué va a experimentar el alma de esta niña—añadió Jehel— cuando se desligue de la carne y se encuentre en el seno de la cuarta dimensión! ¡Cuál va a ser su extrañeza, cuál su azoramiento al hallarse en el espacio negro, sin límites, entre el silencioso gravitar de los mundos; al ver perderse vertiginosamente a lo lejos, como un enjambre dorado, los planetas del sistema solar! ¡Qué desorientación más angustiosa la suya, cuando no te encuentre ni pueda verte, ¡oh Increado!, porque le faltan para ello tantas etapas, tantos ciclos aún infranqueables!».

Como en las estampas.

Amado Nervo.

Forma terrible de la nada.

Forma terrible de la nada.

«Quizás te convendría reposar en alguna religión. Esto también lo dejo a tu criterio. Yo no puedo recomendarte alguna de ellas porque soy el menos indicado para hacerlo. De todos modos, piénsalo y decídete si hay dentro de ti una voz profunda que lo solicita.

Lo que sí te recomiendo, y lo hago muy ampliamente, es que en lugar de ocuparte en investigaciones amargas, te dediques a observar más bien el pequeño cosmos que te rodea. Registra con cuidado los milagros cotidianos y acoge en tu corazón a la belleza. Recibe sus mensajes inefables y tradúcelos en tu lengua.

Creo que te falta actividad y que todavía no has penetrado en el profundo sentido del trabajo. Deberías buscar alguna ocupación que satisfaga a tus necesidades y que te deje solamente algunas horas libres. Toma esto con la mayor atención, es un consejo que te conviene mucho. Al final de un día laborioso no suele encontrarse uno con noches como esta, que por fortuna estás acabando de pasar profundamente dormido».

El silencio de Dios.

Juan José Arreola.

Espectáculo aéreo.

Espectáculo aéreo.

«Una fotografía debe ser agradable, alegre y bella. Ya hay un montón de cosas aburridas en la vida».
Auguste Renoir

Mina de uranio Arlit, Francia
Dailyoverview
Mont Saint-Michel. Normandía, Francia.
Dailyoverview / Garrit Wes Anderson
Alcaldía Venustiano Carranza, Cd. México
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Kastellet o La Ciudadela. Copenhague, Dinamarca.
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Puerto de camiones en Los Angeles, Cal.
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Cataratas del Niágara. Ontario, Canadá
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Costas de Valparaíso, Chile
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Monte Fuji, Japón
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Old Harry Rocks. Dorset, Inglaterra
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Meseta de Adrar. Atar, Mauritania
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Altivo desdén.

Altivo desdén.

«El sol desapareció entre las nubes. El viento del norte oscureció la tarde. En la distancia se escuchó un trueno. Empezó a llover. Con estertores de asfixia se detuvo el motor.
—Nos quedamos sin gasolina —dijo el piloto—.
Edelmira gritó, roja de ira, que el chilango hijo de puta había salado el paseo. No pude más: me lancé sobre Edelmira y de un empellón la arrojé al agua.
Elena y Federico gritaron aterrorizados. Los movimientos de Edelmira la arrastraron al fondo. Federico suplicó al piloto que la salvara a cualquier precio. El hombre nadó bajo la superficie y asió a Edelmira por los cabellos. Mientras Elena y Federico ayudaban a izarla a bordo, salté de la lancha y gané la orilla con enorme esfuerzo».

-Paseo en el lago

José Emilio Pacheco.