Bonfiglio.

Bonfiglio.

• MINIFICCIÓN •

Una misma cosa.

Matías Ezequiel Bonfiglio

En medio de la calle silenciosa, sobre el asfalto, millones de enemigos yacen.
El amor se expresa a la distancia, y millones de enemigos agonizan.
La guerra se hace éxodo, y millones de enemigos mueren.
Así, en estos días, la distancia, el amor y la guerra son una misma cosa.

Marasmo.

Marasmo.

«Un silencio perturbador se apoderó del ambiente. De nuevo, se escuchó un trinar, pero esta vez era un solo pájaro; su cantar era suave, melancólico. Libia trató de buscar entre la multitud de coloridas aves, cuál era la que cantaba de forma tan hermosa y a la vez tan triste. Quedó estupefacta al darse cuenta que el bello sonido salía de la boca de su hija. Julia, abrió los ojos, pareció ver a su madre y su canto se detuvo. Lanzó un alarido agudo y se desplomó en el suelo. Los pájaros huyeron en desbandada en un poderoso fragor de alas indómitas y colores destellantes, dejando una estela de polvo y hojas marchitas suspendidas en el aire. Libia, sobresaltada, corrió hacia donde estaba la niña, la alzó y llevándola en brazos entró al cuarto acostándola en la cama. Presurosa, se disponía a ir a buscar al único medico del pueblo, cuando Julia despertó de su inconsciencia.
—No hay tiempo para nosotros — dijo con la mirada perdida, como buscando un punto inexistente en el espacio».

El designio.

Marco Manuel Ruiz.

Forma terrible de la nada.

Forma terrible de la nada.

«Quizás te convendría reposar en alguna religión. Esto también lo dejo a tu criterio. Yo no puedo recomendarte alguna de ellas porque soy el menos indicado para hacerlo. De todos modos, piénsalo y decídete si hay dentro de ti una voz profunda que lo solicita.

Lo que sí te recomiendo, y lo hago muy ampliamente, es que en lugar de ocuparte en investigaciones amargas, te dediques a observar más bien el pequeño cosmos que te rodea. Registra con cuidado los milagros cotidianos y acoge en tu corazón a la belleza. Recibe sus mensajes inefables y tradúcelos en tu lengua.

Creo que te falta actividad y que todavía no has penetrado en el profundo sentido del trabajo. Deberías buscar alguna ocupación que satisfaga a tus necesidades y que te deje solamente algunas horas libres. Toma esto con la mayor atención, es un consejo que te conviene mucho. Al final de un día laborioso no suele encontrarse uno con noches como esta, que por fortuna estás acabando de pasar profundamente dormido».

El silencio de Dios.

Juan José Arreola.