Black and White.

Black and White.

“Observar es olvidar el nombre de aquello que observamos”.

Paul Valery

• CAMARITA, ¿ESTÁS AHÍ? •

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Ng Weijiang

Collage
Blanco y Negro

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La revuelta.

La revuelta.

«Apareció el toro, pero no con espíritu agresivo; ramoneaba tranquilamente a lo largo del camino, moviéndose con la mayor naturalidad. Por lo visto Joquito no quería luchar; sólo pedía libertad para correr a su gusto y para comer lo que le pareciera.
Pero los perros estaban de caza, y en viendo al toro comenzaron a ladrar de nuevo. Con graves ojos, Joquito se volvió a ellos, y en señal de que los menospreciaba, tornó a ramonear. Los perros se envalentonaron, y uno de ellos llevó su atrevimiento hasta morderle una pata. Joquito giró violentamente y en rápida embestida atacó a sus perseguidores. El animal había perdido otra vez la cabeza».

-El funeral

Juan Bosch.

Singularidades.

Singularidades.

«Es posible que por los caminos reales del Cibao no pase otro animal como aquél. Andaba, y nadie veía sus pezuñas menudas en tierra: las llevaba siempre ocultas en el oro del polvo. Su cola ondulaba como río, sin salir de cauce, y era elegante aun llevándola amarrada en trenzas con una cinta azul. Su pescuezo brillante estaba siempre arqueado. Su piel… Lucero: ¡cómo brillaba tu piel al sol!
Tenía en la frente, como clavada en su pelo negruzco, una mancha blanca. Poco más abajo, y a los lados, los ojos le reventaban llenos de luz».

-Lucero

Juan Bosch.

Aciagos malditos.

Aciagos malditos.

«Nuestra escuela era pobre, como el pueblo, como nosotros, como la señorita Marta Amaya que allí había llegado, nombrada por el gobernador, hacía dos años, sola, con su sombrero de paja, su falda de tela clara y su maleta de cuero que podía abrirse como un fuelle. Era realmente bonita la señorita Marta. Y a mí siempre me pareció buena. Y ahora, ahora la señorita Marta estaba como muerta, pero no estaba muerta, entre su cama, con la blusa desgarrada y los senos al aire y la falda tirada sobre el piso, y una de las piernas colgando, como un péndulo, del borde del lecho. No debía estar muerta, a pesar de que tenía los ojos cerrados, porque yo veía cómo ondulaba y ondulaba ese pecho desnudo».

-Lección de domingo

Hernando Téllez.

Aires venturosos.

Aires venturosos.

«—Ah, por eso… por eso…
Los demás no podían verlo, no podían sentirlo en su interior, porque aún estaban tan dentro de la vida. Él, que ya casi estaba fuera de ella, lo había visto, lo había sentido en ellos. Por eso, aquella mañana, la niña no sólo temblaba, palpitaba; por eso la nuera se reía y se vanagloriaba tanto de su pelo; por eso aquella sirvienta suspiraba, por eso todos tenían aquel aire insólito y nuevo, sin saberlo.
Había llegado la primavera».

-Hilo de aire.

Luigi Pirandello.

Cruel desdén.

Cruel desdén.

Anna volvió a encender la lámpara y, de nuevo, contemplando la imagen, se sintió atraída por la expresión de aquellos ojos. ¿Ella también, por tanto, había sufrido realmente por él? ¿Ella también, al darse cuenta de no ser amada, había sentido aquel vacío angustioso?
—¿Sí? ¿Sí? —Anna, ahogada por el llanto, le preguntó a la imagen.
Y entonces le pareció que aquellos ojos buenos, apasionados, la compadecían a su vez, se apiadaban de aquel abandono, del sacrificio no retribuido, del amor que quedaba encerrado en su pecho, como un tesoro en un cofre, del cual su marido tenía las llaves, que —avaro— no utilizaría jamás.

-Con otros ojos

Luigi Pirandello

El precio del placer.

El precio del placer.

«Durante la comida sin gracia, Aránzuru miraba sol y llovizna en la ventana, oyéndola masticar. Luego supo que no estaba equivocado. Un rápido amor en el borde de la cama. Después la mirada, los ojos sin amparo antes de la súplica húmeda:
—Quiero ir a Ibiza, tengo que ir. Y no tengo dinero. Ay, amor, si pudieras ayudarme.
—¿Ibiza? —preguntó él sabiendo que trampeaba—. Ibiza. Vamos juntos.
—Es que yo… La verdad, tengo un compromiso.
Aránzuru dejó la cama, tanto semen perdido, y fue a sentarse al escritorio.
Desnudos los dos, casi ridículos. Ella empezó a vestirse.
—Siempre fuiste una puta y estuve loco por ti, porque nunca tropecé con una puta tan puta. Dime cuánto quieres o quiere tu nuevo macho. Te hago el cheque».

-Maldita primavera

Juan Carlos Onneti.

Vástagos lumen.

Vástagos lumen.

«Las familias numerosas pueden satisfacer todas sus demandas de electricidad instalando un Baby H.P. en cada uno de sus vástagos, y hasta realizar un pequeño y lucrativo negocio, trasmitiendo a los vecinos un poco de la energía sobrante. En los grandes edificios de departamentos pueden suplirse satisfactoriamente las fallas del servicio público, enlazando todos los depósitos familiares.
El Baby H.P. no causa ningún trastorno físico ni psíquico en los niños, porque no cohíbe ni trastorna sus movimientos. Por el contrario, algunos médicos opinan que contribuye al desarrollo armonioso de su cuerpo».

-Baby H.P.

Juan José Arreola.