Dos por uno.

Dos por uno.

«Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado».

-El otro Yo

Mario Benedetti.

Di lo que piensas, haz lo que sientas.

Di lo que piensas, haz lo que sientas.

SE DICE QUE… 💭

«Uno piensa que tendrá tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya es demasiado tarde. Uno piensa que basta con dar muestras de cariño, con hacer gestos, pero no es verdad, hay que decir lo que se siente».

⚜ Las gratitudes

Delphine de Vigan

… 💭

Amor primor.

Amor primor.

SE DICE QUE… 💭

«Puede que un hombre y una mujer estén más cerca el uno del otro cuando no viven juntos y simplemente saben que existen y que están agradecidos por existir y por saber el uno del otro. Y sólo con esto les basta para ser felices.

⚜ El libro de los amores ridículos

Milan Kundera

… 💭

Aires venturosos.

Aires venturosos.

«—Ah, por eso… por eso…
Los demás no podían verlo, no podían sentirlo en su interior, porque aún estaban tan dentro de la vida. Él, que ya casi estaba fuera de ella, lo había visto, lo había sentido en ellos. Por eso, aquella mañana, la niña no sólo temblaba, palpitaba; por eso la nuera se reía y se vanagloriaba tanto de su pelo; por eso aquella sirvienta suspiraba, por eso todos tenían aquel aire insólito y nuevo, sin saberlo.
Había llegado la primavera».

-Hilo de aire.

Luigi Pirandello.

Y tú, ¿quién eres?

Y tú, ¿quién eres?

SE DICE QUE… 💭

«Sólo hay dos clases de gente hoy en día sobre la tierra; sólo dos clases de gente nada más, os lo aseguro. Y no precisamente los buenos y los malos pues ya todos saben que los buenos son medio malos y los malos, medio buenos… ¡No!, las dos clases de gente que hay sobre la tierra son: la gente que se yergue y la gente que se inclina».

⚜ Custer y otros poemas

Ella Wheeler Wilcox

… 💭

Acorazado.

Acorazado.

«—¿Pero tú me amas? —Preguntó Alicia—.
—¡No, no te amo!
—Respondió el Conejo Blanco—.
Alicia arrugó la frente y comenzó a frotarse las manos, como hacía siempre cuando se sentía herida.
—¿Lo ves? —Dijo el Conejo Blanco—.
Ahora te estarás preguntando qué has hecho mal, para que no consiga quererte al menos un poco, qué te hace tan imperfecta, fragmentada.
Es por eso que no puedo amarte.
Porque habrá días en los cuales estaré cansado, enojado, con la cabeza en las nubes y te lastimaré.
Cada día pisoteamos los sentimientos por aburrimiento, descuidos e incomprensiones.
Pero si no te amas al menos un poco, si no creas una coraza de pura alegría alrededor de tu corazón, mis débiles dardos se harán letales y te destruirán.
La primera vez que te vi hice un pacto conmigo mismo: “evitaré amarte hasta que no hayas aprendido a amarte a ti misma”.
—Por eso Alicia no, no te amo. No puedo hacerlo».

-Alicia en el país de las maravillas

Lewis Carroll.

Hirsuto.

Hirsuto.

«—Mi enanito se está haciendo el desobediente —gritó la infanta—. ¡Levántenlo y díganle que baile!
Los caballeros sonrieron entre sí y entraron sin prisa. Al llegar junto al enanito, don Pedro se inclinó y lo golpeó suavemente en la mejilla con su guante bordado.
—Baila ya, petite montre —dijo—. La infanta de España y de todas las Indias quiere que la diviertas.
Pero el enano permaneció inmóvil.
—Habrá que hacer venir al verdugo —dijo enojado don Pedro.
Pero el chambelán, que miraba la escena con rostro grave, se arrodilló junto al enanito y le puso la mano sobre el corazón. Después de un momento se encogió de hombros y levantándose, hizo una profunda reverencia a la infanta diciendo:
—Mi bella princesa, tu enanito no volverá a bailar. Y es lamentable, porque es tan feo, que con seguridad habría hecho reír al propio rey.
—¿Y por qué no volverá a bailar? —Preguntó la infanta con un aire de decepción.
—Porque su corazón se ha roto —Contestó el chambelán.
Y la infanta frunció el ceño, y sus finos labios se contrajeron en un delicioso gesto de fastidio.
—De ahora en adelante —exclamó echando a correr al jardín—, procura que los que vengan a jugar conmigo no tengan corazón».

-El cumpleaños de la infanta

Oscar Wilde.

Farruco Proceder

Farruco Proceder

«Benjamín Otálora cuenta, hacia 1891, diecinueve años. Es un mocetón de frente mezquina, de sinceros ojos claros, de reciedumbre vasca; una puñalada feliz le ha revelado que es un hombre valiente; no lo inquieta la muerte de su contrario, tampoco la inmediata necesidad de huir de la República. El caudillo de la parroquia le da una carta para un tal Azevedo Bandeira, del Uruguay. Otálora se embarca, la travesía es tormentosa y crujiente; al otro día, vaga por las calles de Montevideo, con inconfesada y tal vez ignorada tristeza. No da con Azevedo Bandeira; hacia la medianoche, en un almacén del Paso del Molino, asiste a un altercado entre unos troperos. Un cuchillo relumbra; Otálora no sabe de qué lado está la razón, pero lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música. Para, en el entrevero, una puñalada baja que un peón le tira a un hombre de galera oscura y de poncho. Éste, después, resulta ser Azevedo Bandeira. (Otálora, al saberlo, rompe la carta, porque prefiere debérselo todo a sí mismo.) Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho; en su rostro, siempre demasiado cercano, están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre; la cicatriz que le atraviesa la cara es un adorno más, como el negro bigote cerdoso».

-El muerto

Jorge Luis Borges.