Un nuevo orden.

Un nuevo orden.

• SERIALES •

HOUSE OF THE DRAGON

Princess Rhaenys (Eve Best)

—Ya sea con mi hija o con alguien más, tu padre volverá a casarse, tarde o temprano. Su nueva esposa le dará nuevos herederos y las posibilidades es que uno de ellos sea varón. Cuando llegué a la edad, tu padre haya fallecido, los hombres el reino esperaran que él sea el heredero, no tú. Porque ese es el orden de las cosas.

Princess Rhaenyra (Milly Alcock)

—Cuando sea reina, crearé un nuevo orden.

Princess Rhaenys (Eve Best)

—Desearía que así fuera Rhaenyra. Pero los hombres del reino ya tuvieron su oportunidad de nombrar a una reina regente en el Gran Consejo y se lo negaron.

Princess Rhaenyra (Milly Alcock)

—Se lo negaron a usted, princesa Rhaenys. La reina que nunca fue. Pero se arrodillaron ante mí y me llamaron «heredera al trono».

Princess Rhaenys (Eve Best)

—¿Le recordaste eso a los hombres de tu padre al llenar sus copas? Esta es la dura verdad que nadie más se atreve a decirte. Los hombres preferirán ver que el trono arda antes que dejar que una mujer ascienda al trono de hierro. Y tu padre no es un tonto.

¡Arder así!

¡Arder así!

• MINIFICCIÓN •

Loca pasión

Marco de Mendoza

Murcia creía que todos querían volverla loca. Murcia no estaba loca; aquel día solo quería saber qué se sentía cuando el cuerpo arde de pasión; nadie antes la había amado. Tomó su chaqueta azul de lana, y se prendió fuego. Fue entonces cuando supo que aunque ardía como el diablo, bien valía la pena. Ya nadie podría volverla loca. Ella misma había encontrado la manera de volverse loca… de pasión.

Desvaríos.

Desvaríos.

«Desvariaba. Los médicos habían dicho que se trataba de un principio de fiebre cerebral; y todos los compañeros de trabajo, que volvían de dos en dos del manicomio donde habían ido a visitarlo, lo repetían. Al decírselo a los compañeros que llegaban tarde y a los que se encontraban por la calle, parecían experimentar un placer peculiar, utilizando los términos científicos que acababan de aprender de los médicos. Y querían parecer preocupados; pero en el fondo estaban tan contentos, saliendo tan saludables de aquel triste manicomio, hacia el azul alegre de la mañana invernal, tras cumplir su deber con la visita».

-El tren ha silbado

Luigi Pirandelo.

Dislates.

Dislates.

«A los pies de una Venus colosal, uno de esos locos artificiales, uno de esos bufones voluntarios que se encargan de hacer reír a los reyes cuando el remordimiento o el hastío los obsesiona, emperejilado con un traje brillante y ridículo, con tocado de cuernos y cascabeles, acurrucado junto al pedestal, levanta los ojos arrasados en lágrimas hacia la inmortal diosa. Y dicen sus ojos: Soy el último, el más solitario de los seres humanos, privado de amor y de amistad; soy inferior en mucho al animal más imperfecto. Hecho estoy, sin embargo, yo también, para comprender y sentir la inmortal belleza. ¡Ay! ¡Diosa! ¡Tened piedad de mi tristeza y de mi delirio!».

-El loco y la Venus

Charles Baudelaire.

Locura.

Locura.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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HUMO BLANCO

Humo blanco, como canción de cuna en medio de la noche, como vaho nocturno que vuela, que trasciende hasta la gloria.

Sol de suaves trazos y esquirlas poderosas que dan vida, que florecen.

Es como un deseo que no acaba, perenne conciencia inequívoca.

Anídame en tu vientre, como nueva vida, como deseo glorioso que te inunde; ojarasca nueva, ven y dame de beber tu miel bendita. Que en tu vientre viva mi vida nueva.

Enloqueceme y vuelve aquí, que en la conciencia permanecerá, si es desdén perdido; que al cabo de un tiempo volverás, como un ave con memoria que recuerda la pasión y el calor de su nidal. Vuelve a mí como siempre. Locura. Como está escrito en la memoria de los anales, como astuto Hermes, como ese humo blanco que trasciende, como aroma fresco, como una vesania que no acaba; incesante, poderosa. Firme decreto que no rompe nadie, porque del galardón de la locura, nada nos salva, más nos premia.

Marco de Mendoza

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Beber de ti.

Beber de ti.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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BEBER AMOR

Bebí tu cuerpo enardecido, ráfaga sutil que esparce veneno como un fuerte brebaje, como candente tequila, como agua de vida. Obsesión bendita que aniquila, que me ata al cuerpo que venero y amo. Soy un ente que te aclama, que perverso bebe de tu boca con ahínco, con deseo; como un ave que clama por un poco de rocío. Beberé tu cuerpo, gota a gota hasta el hastío y comenzaré de nuevo, como un ebrio que sin ti ya tiembla, como un sueño que me salva y me conduce hasta la gloria. Bebí de ti, bebiste, bebimos. Y es un sueño que emana vida aunque esté ausente, aunque a ratos, aunque siempre. Bebámonos y volvamos a empezar, que la vida es breve, que el tiempo no perdona y que tú y yo amor tenemos aunque a ratos nos perdamos.

Marco de Mendoza

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Durmiendo con el enemigo.

Durmiendo con el enemigo.

Dante Alighieri ubica a los traidores en el último círculo del infierno ya que considera a la traición como el peor pecado de todos. La razón es que, a diferencia de otro tipo de crímenes, para traicionar primero hay que ganarse la confianza y el afecto de la víctima.

Guy Fawkes

Guy Fawkes, famoso por «La conspiración de la pólvora» que pretendía volar el Parlamento Británico.

Robert Ford

Carismático bandolero que asesino al famoso forajido y compinche Jesse James.

Julius y Ethel Rosenberg

Traidores acusados de facilitar a los Sovieticos los planos de la bomba atómica de los EEUU

La Malinche
E. E. Wright

Intérprete Responsable de facilitar a Hernán Cortés los puntos débiles de Moctezuma para con ello lograr la Conquista Española.

Marco Junio Brutus

Parricida, acusado de participar en el asesinato de su propio padre Julio César. Algunos lo ven más como Patriota que como traidor.

El beso de Judas
Giotto di Bondone

Judas Iscariote, discípulo de Jesucristo quien a través de un beso lo traicionara por treinta monedas ante el Sanedrín. Aunque Jorge L. Borges lo reinterpreta luego, llamándolo: «el mejor discípulo».

Cabo traición.

Cabo traición.

«Ashenden empleó dos o tres días en conocer Basilea, que no le agradó mucho. Pasó mucho tiempo en las librerías hojeando libros que hubiera merecido la pena leer si la vida fuera mil años más larga. En una ocasión, vio a Gustav en la calle. Al cuarto día, por la mañana, le entregaron una carta mientras se tomaba su café. El sobre llevaba el sello de una firma comercial desconocida para él y en su interior había una hoja de papel mecanografiada. No llevaba dirección ni firma. Ashenden se preguntó si Gustav sería consciente de que una máquina de escribir traicionaba a su dueño de igual modo que la escritura manual. Después de leer dos veces la carta con atención, puso el papel al trasluz para ver si había señales de tinta invisible (no tenía ninguna razón para hacer aquello excepto que el detective de unas novelas lo hacía), después encendió una cerilla, prendió el papel y contempló cómo ardía. Con las manos pulverizó los fragmentos quemados».

-El traidor

W. Somerset Maugham

Suerte gitana

Suerte gitana

• MINIFICCIÓN •

Hoy no

Marco de Mendoza

Extendió su mano para conocer su destino. Había de todo. Obscuridad, deseo, locura. Infiernos por despertar que nadie conocía. La gitana tembló y solo atinó a decir: «Hoy no, Lucifer».

Mágico Gitano.

Mágico Gitano.

«El gitano había estado sentado negligentemente en uno de los costados del carro, observando cada rostro, hasta que dio un brinco ágil desde el eje con las rodillas un poco entumecidas. Era, aparentemente, un hombre de unos treinta años, y toda una belleza a su manera. Llevaba una especie de chaqueta de cazar de color verde y negro, reforzada en el pecho y que solo le llegaba a las caderas; unos pantalones negros bastante ajustados, botas negras, un sombrero verde oscuro y un pañuelo de seda amarilla y granate alrededor del cuello. Su apariencia era curiosamente elegante, y algo cara para ser un gitano. Era también atractivo, y de barbilla prominente, con el aire viejo y engreído de su raza, y parecía no prestar ya ninguna atención a aquellos extraños, mientras guiaba a su caballo fuera de la carretera, preparándose para hacer recular el carro».

-La Virgen y el gitano

D. H. Lawrence