¡Arder así!

¡Arder así!

• MINIFICCIÓN •

Loca pasión

Marco de Mendoza

Murcia creía que todos querían volverla loca. Murcia no estaba loca; aquel día solo quería saber qué se sentía cuando el cuerpo arde de pasión; nadie antes la había amado. Tomó su chaqueta azul de lana, y se prendió fuego. Fue entonces cuando supo que aunque ardía como el diablo, bien valía la pena. Ya nadie podría volverla loca. Ella misma había encontrado la manera de volverse loca… de pasión.

Locura.

Locura.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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HUMO BLANCO

Humo blanco, como canción de cuna en medio de la noche, como vaho nocturno que vuela, que trasciende hasta la gloria.

Sol de suaves trazos y esquirlas poderosas que dan vida, que florecen.

Es como un deseo que no acaba, perenne conciencia inequívoca.

Anídame en tu vientre, como nueva vida, como deseo glorioso que te inunde; ojarasca nueva, ven y dame de beber tu miel bendita. Que en tu vientre viva mi vida nueva.

Enloqueceme y vuelve aquí, que en la conciencia permanecerá, si es desdén perdido; que al cabo de un tiempo volverás, como un ave con memoria que recuerda la pasión y el calor de su nidal. Vuelve a mí como siempre. Locura. Como está escrito en la memoria de los anales, como astuto Hermes, como ese humo blanco que trasciende, como aroma fresco, como una vesania que no acaba; incesante, poderosa. Firme decreto que no rompe nadie, porque del galardón de la locura, nada nos salva, más nos premia.

Marco de Mendoza

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Beber de ti.

Beber de ti.

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BEBER AMOR

Bebí tu cuerpo enardecido, ráfaga sutil que esparce veneno como un fuerte brebaje, como candente tequila, como agua de vida. Obsesión bendita que aniquila, que me ata al cuerpo que venero y amo. Soy un ente que te aclama, que perverso bebe de tu boca con ahínco, con deseo; como un ave que clama por un poco de rocío. Beberé tu cuerpo, gota a gota hasta el hastío y comenzaré de nuevo, como un ebrio que sin ti ya tiembla, como un sueño que me salva y me conduce hasta la gloria. Bebí de ti, bebiste, bebimos. Y es un sueño que emana vida aunque esté ausente, aunque a ratos, aunque siempre. Bebámonos y volvamos a empezar, que la vida es breve, que el tiempo no perdona y que tú y yo amor tenemos aunque a ratos nos perdamos.

Marco de Mendoza

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Florecer.

Florecer.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

BIG FISH

Tim Burton
( 2003)

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Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¡¿Narcisos?!

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—Son tus flores favoritas

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¿Cómo has podido encontrar tantas?

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—He llamado a todas las floristas de cinco estados; les dije que era la única manera de que mi esposa se casara conmigo.

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¡Ni siquiera me conoces!

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—Tengo el resto de mi vida para conocerte.

De principio a fin.

De principio a fin.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Té, querré.

Te querré con los sonidos del viento: acompasado, claridoso, vehemente y poderoso.
Te querré por quién eres, por quién fuiste y por quién un día serás.
Te querré a latidos fuertes, inimaginables y profusos, como tu alma. Potente.
Te querré de día, o de noche; también en la madrugada, donde preso de tu sueño te abrace y hasta con furia te posea.
Te querré indomable y libre, vociferante; porque así te quiero, te querré.
Te querré un domingo por la mañana disfrutando del café, leyendo a Borges, a Fuentes, o a Camus y también a Cortázar. Y si no leemos por instinto animal a Sade, sin decoro y con lujuria mío te haré, más te querré, con tu cuerpo ansioso y entregado que es mi templo venerado en reciedumbre.
Te querré al paso de los años, cuando el cansansio mengue y calme todo. Te querré aún más porque mi vida ya habrá sido toda tuya, eterna; como en sueño placido.
Te querré hoy y luego más tarde otro día cualquiera, porque para amarte solo necesité mirarte dentro, muy dentro.

Marco de Mendoza

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Desperté llorando, de alegría.

Desperté llorando, de alegría.

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Mi razón

No esperaba despertar llorando. Había dormido mucho y soñado contigo. ¿Qué había en mis sueños que me provocaban llanto? Aquellos días tenía colapsado el sueño, intentaba dormir a tiempo pero no lo conseguía, y es que, ¿cuál era el tiempo? ¿qué determina cuando dormir? y más aún, ¿con quién soñar? Los días eran cortos y las noches largas, en vela. Tomé las píldoras prescritas y me eché a dormir. Di un centenar de vueltas sobre la cama y de pronto no supe de mí.
Ahí estabas, frente a mí. Completamente igual como te imaginé. El cabello oscuro te perfilaba el rostro y esos labios de jugo nuevo que me invitan a besarte, me torturan. Corrí hacia ti, tomé tu mano y de un giro volamos sobre campos de hoja fresca y mares cálidos.
No había pecado, ni temor. Era sol, un cielo insigne y viento alegre.
Pero desperté llorando y aún no sé porqué.
He venido a verte, sigues igual o más brillante. Te he traído flores y me besas a colores. Te abrazo y no puedo soltarte. Lloro. Me abrazas y respiras hondo. Besos a colores. Me tomo de tu mano y caminas a mi lado. He llorado derramado en ti y ahora sé porqué. Porque tú me llenas pleno, porque me sabes a cuero y flores, porque eres todo lo que anhelo. Mi razón.

Marco de Mendoza

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Abrazame.

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Breves 3.0

Espera, detén el tiempo ahora, abrazame. Abrazame tan fuerte como cuando las olas chocan en las rocas anunciando el final de su impetuoso andar.
Abrazame ahora, con la mirada tenue, lagrimosa; como cuando el llanto sucede sin reparo, sin aliño.
Abrazame, que es el momento. No hay una espera o un atajo. Abrazame, hazlo ahora y luego, vuelve el tiempo atrás, como si jamás te hubieras ido.

Marco de Mendoza

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Al cuerpo, lo que pida.

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Breves 2.0

Es tu piel, suave manto que acicalo; trémula, anciosa, hasta poderosa. Mis labios sudan, y si te tocan, tiemblan; ansían jadeantes tu santo tacto. Dame de beber de tu boca ése licor; poderoso y enervante, como veneno cádmico. Mátame con placer, con ese fuego vivo que emana de tu boca. Devorame sin tregua, como si el tiempo fuera un desquiciado que aniquila las esperas. No aguardes, porque esperar es en vano, y ni tú ni yo somos eternos.
Pasea tu cuerpo contoneante por mi ávido mirar, que tus caderas ahogadas se dobleguen a este voraz deseo y se quebranten al placer luego marchito por tu causa. Logra con tu cuerpo lo que quieras en mí, que al filo de tus piernas, yo me vuelvo loco.

Marco de Mendoza

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Siempre por ti, mujer.

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Mujer

Como viento fresco, como suave brisa que acaricia. Piel porcelana. Así mujer, mueves vida y consuelas miradas.
Del cielo al infinito, murmullo celeste acompasado, tenue y cálido.
Brillas como un trueno, y así mismo clamas, poderoso estruendo. Eres todo, quiero que seas todo.
La vida es tuya porque la das, porque eres reina y potentada. Porque te pertenecemos, mujer.
Posees gloria, eres la gloria. Por cada rincón y por cada brillo anidas dicha, contagias. Con una caricia conviertes lava en suave manto, como si de tus manos emergiera poder bendito.
¿Quién eres mujer y quién soy yo para poder siquiera amarte?
Dime, mujer, si te meresco acaso; si tu sabía de amor es lo que pretexto para soñar, para vivir.
Gracia prudente que envuelve paz, como mar en calma, como dicha constante.
Brilla mujer, y en tu brillo eterno quiero contigo ser.

Marco de Mendoza

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Y entonces, ¿qué somos?

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Fuímos

Fuímos novios sin ser novios, como en la antesala de un palacio.
Nos besábamos el alma porqué no las bocas, imposible.
Traficábamos los sueños entre líneas interruptas, sin complejo.
Comíamos el maná de nuestro éxtasis en marabuntas de placer, bebí tu manantial.
Apresurábamos al tiempo, como el único culpable de esta tonta asincronía.
Desojamos margaritas y en el vilo, volvíamos al recuento de cada paso no acordado.
Éramos como lo que todos quieren y que nadie encuentra, un microscopio en el cielo.
Ganamos descontento y orgullo, como vaho invernal, innecesario, complicado.
Encontramos la medalla del hastío, válvula mortal en cada tándem inconstante. Más salvos ocurrimos.
Fuímos llanto, río salado que en tus labios se perdía.
Fuímos todo o casi todo.
Porque si algo nunca fuímos, fue por desmotivo o quizá por miedo.
Y sí, al final nos ganó el miedo; nunca fuímos, no pudimos, no quisimos, no alcanzamos. Tontos catacaldos porque nada fuímos. En vano sortilegio. Cobardes temerosos, inconclusos.

Marco de Mendoza

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