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Abrazame.

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Breves 3.0

Espera, detén el tiempo ahora, abrazame. Abrazame tan fuerte como cuando las olas chocan en las rocas anunciando el final de su impetuoso andar.
Abrazame ahora, con la mirada tenue, lagrimosa; como cuando el llanto sucede sin reparo, sin aliño.
Abrazame, que es el momento. No hay una espera o un atajo. Abrazame, hazlo ahora y luego, vuelve el tiempo atrás, como si jamás te hubieras ido.

Marco de Mendoza

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Al cuerpo, lo que pida.

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Breves 2.0

Es tu piel, suave manto que acicalo; trémula, anciosa, hasta poderosa. Mis labios sudan, y si te tocan, tiemblan; ansían jadeantes tu santo tacto. Dame de beber de tu boca ése licor; poderoso y enervante, como veneno cádmico. Mátame con placer, con ese fuego vivo que emana de tu boca. Devorame sin tregua, como si el tiempo fuera un desquiciado que aniquila las esperas. No aguardes, porque esperar es en vano, y ni tú ni yo somos eternos.
Pasea tu cuerpo contoneante por mi ávido mirar, que tus caderas ahogadas se dobleguen a este voraz deseo y se quebranten al placer luego marchito por tu causa. Logra con tu cuerpo lo que quieras en mí, que al filo de tus piernas, yo me vuelvo loco.

Marco de Mendoza

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Siempre por ti, mujer.

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Mujer

Como viento fresco, como suave brisa que acaricia. Piel porcelana. Así mujer, mueves vida y consuelas miradas.
Del cielo al infinito, murmullo celeste acompasado, tenue y cálido.
Brillas como un trueno, y así mismo clamas, poderoso estruendo. Eres todo, quiero que seas todo.
La vida es tuya porque la das, porque eres reina y potentada. Porque te pertenecemos, mujer.
Posees gloria, eres la gloria. Por cada rincón y por cada brillo anidas dicha, contagias. Con una caricia conviertes lava en suave manto, como si de tus manos emergiera poder bendito.
¿Quién eres mujer y quién soy yo para poder siquiera amarte?
Dime, mujer, si te meresco acaso; si tu sabía de amor es lo que pretexto para soñar, para vivir.
Gracia prudente que envuelve paz, como mar en calma, como dicha constante.
Brilla mujer, y en tu brillo eterno quiero contigo ser.

Marco de Mendoza

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Y entonces, ¿qué somos?

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Fuímos

Fuímos novios sin ser novios, como en la antesala de un palacio.
Nos besábamos el alma porqué no las bocas, imposible.
Traficábamos los sueños entre líneas interruptas, sin complejo.
Comíamos el maná de nuestro éxtasis en marabuntas de placer, bebí tu manantial.
Apresurábamos al tiempo, como el único culpable de esta tonta asincronía.
Desojamos margaritas y en el vilo, volvíamos al recuento de cada paso no acordado.
Éramos como lo que todos quieren y que nadie encuentra, un microscopio en el cielo.
Ganamos descontento y orgullo, como vaho invernal, innecesario, complicado.
Encontramos la medalla del hastío, válvula mortal en cada tándem inconstante. Más salvos ocurrimos.
Fuímos llanto, río salado que en tus labios se perdía.
Fuímos todo o casi todo.
Porque si algo nunca fuímos, fue por desmotivo o quizá por miedo.
Y sí, al final nos ganó el miedo; nunca fuímos, no pudimos, no quisimos, no alcanzamos. Tontos catacaldos porque nada fuímos. En vano sortilegio. Cobardes temerosos, inconclusos.

Marco de Mendoza

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Sinsabores.

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Haz el amor y márchate.

Sí, haz el amor y márchate.
No esperes más, no retrocedas; ni siquiera voltees la mirada, no te atrevas. Lo único que debes permitirte es hacer el amor y marcharte. Lo has hecho antes, lo has hecho en mí. Vete, y al irte, recuerda que me hiciste el amor y me dejaste con tu aroma encima; maldicencia que me contamina, llenándome de un recuerdo asfixiante. Márchate ahora que me has hecho el amor y con eso, yo ya estoy ganando. Márchate y no vuelvas, no vuelvas ni siquiera la mirada porque al irte, yo he vuelto a ganar. Márchate con tus miedos, tus enojos y tus paranoias, no son mías; es tu infamia. Ata tus demonios y llévalos contigo. Aquí me quedo yo y este amor que ya no es tuyo.
Haz el amor y márchate… alguien más te está esperando.

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Marco de Mendoza

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Cartas sin entrega.

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Las pasiones también terminan.

Recorrí tu cuerpo enaltecido, sofocante y ansioso, como lamer un dulce que de niño ansias. Era ocaso y plenitud. Perfección en mi pequeño sediento mundo.
Éramos dos polinizando nuestros centros, de savia, de placer bruto y perenne, como Eracles, fuertes; como bandidos, astutos. Más yo era Eros pero tú no Psyché.
Las pasiones también terminan, y se sabe, como se sabe que el sol tiene su ocaso y las aves un nido a tiempo; como se siente cuando el corazón se expande y se agita ante su arritmia.
Las pasiones también terminan, cuando el sendero es otro, cuando la mentira tiene poder y fulmina. Las pasiones como está, terminan, sobre todo cuando han estado más ligadas a la razón, que al corazón. Tristeza insolente.
Las pasiones terminan, cuando no son tus labios los que inflamados derriten a los míos, potentados. Hay pasiones que en cambio no terminan, cuando se vuelven vida. Pero vida, tú, ya no eres mi vida.

Marco de Mendoza

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Amor Superlativo.

Amor Superlativo.

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Dime, dime tú

Qué es esto que siento, que me inflama el corazón; que me produce taquicardia y me falta la respiración. Qué es esto que siento, como arena resbalando entre mis dedos, sin saber siquiera cómo controlarla, que aunque corra de mis manos, en algo siempre permanece. Qué es esto que siento, que vulnera mis pasiones, que maniata mis deseos e impera en mis sentidos. Qué es esto que siento, que moja figurando entre mis ojos tu imagen espectral. Qué es esto que siento, como aire ventarroso que sin embargo resulta cariñoso. Como misterio que sacude mi alma y la inquieta. Qué es esto que siento, que al calor de tus besos belfa mis labios y ataranta mis ideas. Qué es esto que siento, dime, dime tú que eres la causa, el efecto. Tú, todo mi veneno y también antídoto de esto que siento, amor.
Qué es esto que siento, que a cada palpitar desborda y electrifica el alma; qué es, que no lo veo, más lo siento y lo glorío.

Marco de Mendoza.

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El instante donde muero en ti.

El instante donde muero en ti.

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Breves

Pintame un sueño, donde atado a tu cintura, te susurre amor. Un sueño al que pillado por tu encanto, me convierta en pasión y candidez. Revelame tus miedos, tus protestas y valias. Enseñame el camino perfecto por donde medran tus placeres, por donde gimen tus excesos y explotas fecundo. Llévame al alborozo de tu cuerpo conjugando al mío; sueño perfecto de estas almas intrínsecas. Resuelve el absoluto rilar de tus piernas, el mismo que provocas en mi boca cuando por encanto, posa en tu cuello tibio. Llévame del sueño a la realidad, o la locura, ¡qué importa! si así podemos ir a donde seamos dos buscando uno. Llévame hasta siempre dejarme inmerso en ti, que por mí, moriría justo ahí.

Marco de Mendoza.

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Impetuoso cabalga, explorador.

Impetuoso cabalga, explorador.

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SER

He sido viento, alterado deseo que irrumpe en tu vientre y ha salido convertido en vida.
Comí de tu mano, la miel suculenta de tu entrecuerpo.
Morí entre cada latido, que unido al mío gozosos permeamos.
De tu piel fui poeta, esclavo perfecto y amo también.
Subí tus montañas, comí entre tus campos y more en tu palacio. Palacio bendito que emana pasión.
En cada sendero hice mella, para que en ellos acunes mi palpitante vida, para que sea mi ejército blanco quien a placer los cubra jadeante.
Besé tus resquicios, ángulos perfectos y moldes concisos de mis presurosas manos.
Me entregué sin cordura, preso ya de tus férvidos ojos, como imán de todo lo que vida tiene en mí.
Acezar tu piel, mi candela eterna.
Después de ser viento, quiero ser tornado y apaciguarme luego en tus costas, abrir tu dulce camino. Conquistador en puerto; fatuo feliz por mirar tu placer. Concupiscencia saldada, por ti, porque en tu ser, yo soy.
Colmar tus espacios, dichosos, integros; derramarlos todos, y sentir que un vuelco te vuelves más de mí.
Porque fui viento entre tus islas y hoy soy mar en calma, bebiendo de tus labios vehementes que me encienden de vuelta y retorno cual siervo a tu humedad.
He sido todo y volveré siempre a ti, a ese rincón soñado en el que firme extasiado, puedo encallar.

Marco de Mendoza.

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