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Al cuerpo, lo que pida.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Breves 2.0

Es tu piel, suave manto que acicalo; trémula, anciosa, hasta poderosa. Mis labios sudan, y si te tocan, tiemblan; ansían jadeantes tu santo tacto. Dame de beber de tu boca ése licor; poderoso y enervante, como veneno cádmico. Mátame con placer, con ese fuego vivo que emana de tu boca. Devorame sin tregua, como si el tiempo fuera un desquiciado que aniquila las esperas. No aguardes, porque esperar es en vano, y ni tú ni yo somos eternos.
Pasea tu cuerpo contoneante por mi ávido mirar, que tus caderas ahogadas se dobleguen a este voraz deseo y se quebranten al placer luego marchito por tu causa. Logra con tu cuerpo lo que quieras en mí, que al filo de tus piernas, yo me vuelvo loco.

Marco de Mendoza

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Aquí, mira, ven…

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Atolina lo sabía

Atolina, con las uñas, rascaba la pared como buscando un tesoro o qué sé yo.
Atolina no se apartaba de aquella pared. Con la lánguida esperanza de encontrar algo, no sé qué.
Atolina mira la blancuzca pared, con los ojos rojos, hinchados de ni siquiera parpadear; en la espectiva de sabrá qué diablos.
Atolina ríe a la pared. Ahogada, jala aire y vuelve a reír. Llora, ahora llora; tan mutilante, que duele. —¡Qué carajo!, —Grito y la toco—.
Atolina gira la cabeza y se levanta. Temblorosa, sacude sus manos, me mira, da vuelta y se va.
Me acerco a la pared, la miro, la rasco, busco. Río y lloro, sí, ahora también lloro. Me quiero ir, no puedo. Que alguien me ayude; no hay nadie más aquí. Grito, pero es mudo.
Atolina nunca me dijo, que en la pared se escondía el diablo.

Marco de Mendoza

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Te quiero tal y cual, sin condiciones.¹

Te quiero tal y cual, sin condiciones.¹

«Cristián solía alzar la voz y Eduardo callaba. Sin saberlo, estaban celándose. En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión, pero los dos estaban enamorados. Esto, de algún modo, los humillaba».

La intrusa.

Jorge Luis Borges.


¹ La diferencia, Juan Gabriel.

Sin jamás y para siempre.

Sin jamás y para siempre.

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Voy a

Entrar en ti, como torrente acuoso y fundirnos.
Poseerte, no solo de cuerpo, alma y mente; también en muerte.
Quiero ser veneno, y el antídoto vehemente que a tu piel conecte, insano, si es preciso.
No busco ser salvo, si es pecado lo que a ti me une.
Quiero todo, porque todo es bueno y si es contigo, yo lo imploro.
Que me una, que me amarre; que sea al astio y que no pare.
¿Por qué amar a medias o de a poco? Si es contigo lo que quiero, que poco es nada y si es nada, no lo quiero.
Voy a meterme a todo. En lo que miras, en lo que tocas, en lo que sientes y también en lo que piensas. Me voy a meter de a poco para que luego, ya de a mucho, ser de todo en ti.
No solo porque quiera, sino porque querrás. Me voy a meter en ti, en tu cuerpo poseído de mí, de esta virilidad que implora y que grita por tu alma toda. Me voy a meter en ti, sin un jamás y con un para siempre.

Marco de Mendoza.

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