Pulliti.

Pulliti.

«Soy un dios atado a este mundo. Aquí abajo nada es gratuito, todo tiene su precio. A cambio de nuestros cuerpos, necesitamos aire y alimento. Al final, la Vida misma no es más que un préstamo. Tú mismo, al morir, tendrás que devolver ese cuerpo que te fue dado cuando empezaste a existir».

El Dios Buitre.

Yelinna Pulliti Carrasco.

Sangre Azul.

Sangre Azul.

• SERIALES •

La Revolución

Charles de Montargis (Laurent Lucas):

–El día que naciste supe que continuamente me decepcionarías. Lo reafirmé cuando dijiste tus primeras palabras. Y al verte crecer sin ninguna cualidad. Creí que el privilegio de la sangre azul curaría tu cuerpo y haría crecer tu alma. Pero ahora veo el alcance de mi delirio. No hay remedio que cure la mediocridad.

Donatien de Montargis (Julien Frison):

–¡Cállate!

Charles de Montargis (Laurent Lucas):

–Fuiste incapaz de aprender la paciencia. Tu vanidad, tu cobardía, tus artimañas… Tú eres el castigo que Dios me envió por ser demasiado orgulloso. Y ahora puedo entender que mi linaje terminará contigo, en deshonor.

Donatien de Montargis (Julien Frison):

–No tienes derecho a hablarme así. ¡Yo soy el conde!

Charles de Montargis (Laurent Lucas):

–Has frustrado todas mis expectativas. Estás contaminado, el más degenerado de tus amigos. Abandonaste a tu hermana en manos de nuestros enemigos.

Donatien de Montargis (Julien Frison):

–¡Cállate!

Charles de Montargis (Laurent Lucas):

–Y peor aún, traicionaste a tu rey. ¿Qué crees que pasará ahora que tus amigos saben de la sangre azul? Se rebelarán. Tomarán el castillo. Ni el hombre más cobarde desvía la mirada cuando se están devorando a sus hijos. Verás, hijo, hay cosas en las que todos somos iguales. Y ésta es una. Condes, campesinos… A todos nos conmueve y nos ciega el amor por nuestros hijos. Por más desgraciados y patéticos que sean.

Tentadora.

Tentadora.

«Al amanecer, ya en su casa, tiró los largos guantes a un rincón y se desnudó, se lavó una y otra vez la mano enferma y en la cama, antes de apagar la luz, la estuvo sonriendo y besando. Y es posible que dijera en voz baja las ternuras y los apodos cariñosos que estuvo pensando.
Se acomodó para el sueño y la mano, obediente y agradecida, fue resbalando por el vientre, acarició el vello y luego avanzó dos dedos para ahuyentar la desgracia y acompañar y provocar la dicha que le estaban dando».

-La mano

Juan Carlos Onetti.

Minientrada

Al cuerpo, lo que pida.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Breves 2.0

Es tu piel, suave manto que acicalo; trémula, anciosa, hasta poderosa. Mis labios sudan, y si te tocan, tiemblan; ansían jadeantes tu santo tacto. Dame de beber de tu boca ése licor; poderoso y enervante, como veneno cádmico. Mátame con placer, con ese fuego vivo que emana de tu boca. Devorame sin tregua, como si el tiempo fuera un desquiciado que aniquila las esperas. No aguardes, porque esperar es en vano, y ni tú ni yo somos eternos.
Pasea tu cuerpo contoneante por mi ávido mirar, que tus caderas ahogadas se dobleguen a este voraz deseo y se quebranten al placer luego marchito por tu causa. Logra con tu cuerpo lo que quieras en mí, que al filo de tus piernas, yo me vuelvo loco.

Marco de Mendoza

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