Minientrada

Disfraz.

• MINIFICCIÓN •

Zancudería.

Effe Montesdeoca

Vio volar al zancudo, plaga de las lluvias, una y otra vez rondándole, buitre minúsculo; tiró algunos manotazos, luego le pareció verlo pararse en el borde de una hoja de papel, dio un manotazo sobre ella y, despatarrado, del zancudo sólo quedó la palabra ¡Ay!, con todo y signos de admiración.

Marquez.

Marquez.

«Elisenda exhaló un suspiro de descanso, por ella y por él, cuando lo vio pasar por encima de las últimas casas, sustentándose de cualquier modo con un azaroso aleteo de buitre senil. Siguió viéndolo hasta cuando acabó de cortar la cebolla, y siguió viéndolo hasta cuando ya no era posible que lo pudiera ver, porque entonces ya no era un estorbo en su vida, sino un punto imaginario en el horizonte del mar» .

Un señor muy viejo con unas alas enormes.

Gabriel García Marquez.

Pulliti.

Pulliti.

«Soy un dios atado a este mundo. Aquí abajo nada es gratuito, todo tiene su precio. A cambio de nuestros cuerpos, necesitamos aire y alimento. Al final, la Vida misma no es más que un préstamo. Tú mismo, al morir, tendrás que devolver ese cuerpo que te fue dado cuando empezaste a existir».

El Dios Buitre.

Yelinna Pulliti Carrasco.