Marquez.

Marquez.

«Elisenda exhaló un suspiro de descanso, por ella y por él, cuando lo vio pasar por encima de las últimas casas, sustentándose de cualquier modo con un azaroso aleteo de buitre senil. Siguió viéndolo hasta cuando acabó de cortar la cebolla, y siguió viéndolo hasta cuando ya no era posible que lo pudiera ver, porque entonces ya no era un estorbo en su vida, sino un punto imaginario en el horizonte del mar» .

Un señor muy viejo con unas alas enormes.

Gabriel García Marquez.

Elcicihuilztli.

Elcicihuilztli.

«La aldea vacía, salvo utensilios abandonados. Y figuras humanas con ojos vacíos. Todos sus habitantes, o lo que quedaba de ellos, estaban ahí, de pie e inmóviles, personas que habían muerto por los Suqra que habían perdido el control, robado sus cuerpos, así que sus almas no estarían tranquilas, no disfrutarían de la paz. Estaban atados a ese lugar: hombres fuertes y sanos, mujeres que habían sido alegres alguna vez, y lo peor: niños. Niños quietos como estatuas».

El canto de Killari.

Ernesto F. Montemayor.