Simbiosis mental.

Simbiosis mental.

• MINIFICCIÓN •

Esta es la triste historia…

Álvaro Cepeda Samudio

Ésta es la triste historia del esposo que se emborrachaba todas las noches porque tenía una esposa fea que a su vez tomaba Ron Blanco todo el día porque su triste historia consistía en que su marido era feo.
Así vivieron felices hasta la eternidad.

Causa y efecto.

Causa y efecto.

• MINIFICCIÓN •

Hilos

Adrián Pérez

Se ovilla sobre las baldosas frías y comienza a temblar. Cuando abre los ojos se da cuenta de que su mano ya no cuenta dedos, sino una maraña deforme y roja que poco a poco va carcomiendo el brazo, la clavicula, la columna, el coxis. Todo él se desmorona. Lejos de allí, en un lugar remoto, alguien a empezado a tirar el hilo.

Fundir.

Fundir.

• MINIFICCIÓN •

Kamasutra.

Carmen de la Rosa

Después de que la mujer elástica y el hombre forzudo hubieran practicado por primera vez acrobáticas posturas amorosas, en su roulotte, a la hora de la siesta, él, tierno y solícito, vuelve a encajarle a ella los húmeros en las escápulas, los fémures en los acetábulos, los radios en los escafoides. Ninguno de los dos ha disfrutado tanto nunca.

Afrodita en la minificción.

Afrodita en la minificción.

• PLUMA INVITADA •

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En las miniaturas textuales que han recibido decenas de nombres y que aquí llamaremos minificciones podemos encontrar todas las pasiones que nos inquietan: el amor, el odio, la muerte, la envidia, los celos, el deseo.

El deseo, el placer y el encuentro.

En esta forma escritural, como en otros géneros literarios, la variedad de temas es tan diversa como diversos son los sentimientos, emociones y vivencias humanas. Podríamos parafrasear la célebre frase de Terencio y decir que a la minificción nada de lo humano le es ajeno. Hay minicuentos en los que leemos historias de la cotidianidad, o de terror, en algunas leemos la recreación de sucesos históricos, o versiones de personajes emblemáticos y héroes mitológicos. Asistimos también al resurgimiento y transformación de la fábula y el bestiario; lo fantástico está presente en otro buen número de estos textos breves. Lo mismo podríamos decir de la ficción científica. El amor, el desencuentro amoroso, la infidelidad, los viajes, la muerte, los recuerdos de la infancia, los oficios, son temas centrales en algunos minicuentos. Y encontramos también minificciones en donde –con muy diversos matices, desde la leve alusión hasta una presencia más explícita– aparece el erotismo.

Eros y Afrodita se pueden presentar en un amplísimo espectro de matices: desde la alusión velada al deseo del encuentro con el cuerpo amado hasta las descripciones más o menos directas del placer que la experiencia erótica despierta, pasando por todos los tonos y gradaciones posibles. Si este nuevo género de la minificción –formado por «cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas», según el feliz acercamiento del teórico y escritor David Lagmanovich– recurre a diversas estrategias retóricas para lograr textos en donde lo omitido es tan importante como lo dicho, en los minitextos en donde se alude al deseo, al placer y al encuentro de los cuerpos esto cobra una importancia especial.

Por ello, tal vez el más importante y frecuente de los recursos que está presente en las minificciones eróticas sea la figura de la elipsis. Aquí lo elusivo se engarza con lo alusivo, que es tan propio de la escritura erótica. Si en muchas minificciones lo silenciado es tan (o más) relevante como lo dicho, cuando lo que se busca expresar es el deseo o el placer, los silencios cobran enorme importancia; es decir, el lector dota esos silencios de una intensidad que tal vez no se hubiera logrado de otra manera. Así, lo eludido será lo que permita el efecto buscado por la autora o el autor.

Si una característica de la minificción es la necesidad de contar con un lector activo, en las minificciones eróticas este será un rasgo primordial: el lector deberá llenar los silencios, desarrollar las sugerencias e imaginar lo aludido o esbozado.

Dina Grijalva.


• MINIFICCIÓN •

Propiocepción amorosa.

Guiomar Carrillo

Ocurría con frecuencia que al acariciarte yo también me diluía.


• MINIFICCIÓN •

Pasiones.

Pía Barros

Aunque enrraizara los huesos en la tierra, toda mi carne se arrancaría en tu búsqueda.


• MINIFICCIÓN •

Cama con espejos.

Isabel Wagemann Morales

Reflejados infinitamente en los espejos de uno y otro lado de la cama, hicimos todas esas veces el amor.


Esperanza y candor.

Esperanza y candor.

• MINIFICCIÓN •

Idilio

Mario Benedetti

La noche en que colocan a Osvaldo (tres años recién cumplidos) por primera vez frente a un televisor (se exhibe un drama británico de hondas resonancias), queda hipnotizado, la boca entreabierta, los ojos redondos de estupor.
La madre lo ve tan entregado al sortilegio de las imágenes que se va tranquilamente a la cocina. Allí, mientras friega ollas y sartenes, se olvida del niño. Horas más tarde se acuerda, pero piensa: «Se habrá dormido.» Se seca las manos y va a buscarlo al living.
La pantalla está vacía, pero Osvaldo se mantiene en la misma postura y con igual mirada extática.
«Vamos. A dormir», conmina la madre.
«No», dice Osvaldo con determinación.
«Ah, no. ¿Se puede saber por qué?»
«Estoy esperando.»
«¿A quién?»
«A ella.»
Y señaló el televisor.
«Ah. ¿Quién es ella?»
«Ella.»
Y Osvaldo vuelve a señalar la pantalla. Luego sonríe, candoroso, esperanzado, exultante.
«Me dijo: querido.»

Minientrada

Morte.

• MINIFICCIÓN •

La muerte en Samarra.

Gabriel García Márquez

El criado llega aterrorizado a casa de su amo.
—Señor —dice —he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.
El amo le da un caballo y dinero, y le dice:
—Huye a Samarra.
El criado huye. Esa tarde, temprano, el señor se encuentra la Muerte en el mercado.
—Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza —dice.
—No era de amenaza —responde la Muerte —sino de sorpresa. Porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra, y esta misma tarde tengo que recogerlo allá.