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Locuaz.

• MINIFICCIÓN •

Los dos relojes.

Lewis Carroll

¿Qué es mejor: un reloj que sólo da la hora exacta una vez al mes o un reloj que la da bien dos veces al día? «El último», diríasñ usted, «incuestionablemente». Muy bien, pero ahora vea. Yo tengo dos relojes, uno no sirve, y el otro se atrasa un minuto al día. ¿Cuál prefiere? «El que pierde un minuto», contesta usted, «indudablemente». Ahora, ponga atención: el que pierde un minuto al día, tiene que perder 12 horas, o 720 minutos antes de dar la hora exacta de nuevo, consecuentemente sólo da bien la hora una vez en dos años, en cambio el que no sirve da bien la hora dos veces al día, cuando dan las ocho. Así, que ya se ha contradicho usted a sí mismo, y dos veces.

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Minuciosidades

• MINIFICCIÓN •

Mosca

Sergio Ramírez

Puede identificarse por cuatro franjas longitudinales oscuras sobre el dorso del tórax, mientras el abdomen es de color claro. Pueden vivir de catorce a setenta días, y pasan por cuatro etapas: huevo, larva, pupa y adultez. La hembra adulta coloca entre cinco y seis partidas de huevos, las que varían en un número de setenta y cinco a cien, y las larvas nacen en un periodo de dos a veinticuatro horas. Si todos los huevos de una sola mosca sobrevivieran, y todas las crías también lo hicieran, se llegaría a obtener una población de más de mil millones de moscas en un año, algo que no se cumple debido a que gran cantidad de huevos no llegan a madurar. Lo contrario significaría una catástrofe mundial.

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Segunda Madre.

• MINIFICCIÓN •

Plegaria.

Jorge Luis Borges

Cuando murió mi abuela, quien jamás había dicho malas palabras, todos estábamos tan compungidos, tan tristes, y preocupados, que tratábamos de que la asistiera un doctor más, de la decena que ya le pronosticaba el final, o el tránsito como dicen los sacerdotes y la transmutación, como afirman los brujos. Y la abuela nos trataba de ver con sus luminosos ojos de ciega, sin articular palabra, hasta que de pronto alzó su voz —habitualmente dulce—, para despedirse: “¡Carajo, déjenme morir en paz!” Y murió, si no en santa paz, al menos reconfortada con su última plegaria.

Obviar.

Obviar.

• MINIFICCIÓN •

La velocidad de lo efímero.

Rosa Delia Guerrero

Sólo era cuestión de tiempo, su vida se había convertido en un caos vertiginoso, atrapado en lo cotidiano. Un día Hong Kong, otro Nueva York y luego, quizá París. Envuelto en la soledad de los días escurridos de prisa sobre las manecillas del reloj. Todo ocurría a tal velocidad que parecía no suceder. Vivía en una ficción, tejida en forma de laberinto, sin imaginarlo lo atrapó por siempre.
Una mañana, o ¿era el atardecer?, subió a un tren. Sentado en la quietud de un compartimiento vacío, viajaba a gran velocidad. Nunca se detuvo a mirar el sol.
La muerte apareció puntual a la cita, ataviada con un vestido de seda negro, lo sedujo poco a poco.
Él la confundió con la rutina y la abrazó.

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Helar.

• MINIFICCIÓN •

Montañeros.

Óscar Sipán

Mi padre desapareció hace veinte años, en la ascensión al Nanga Parbat. He sentido emoción, vértigo y furia al encontrarlo en una grieta de la cara norte, sin una arruga, más joven que yo. Creo que voy a matarle.

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Eso que ocultamos.

• MINIFICCIÓN •

Las relaciones

Patricia García Roldán

—No sé —Murmura Manuela compungida mientras mira a su marido en el lado derecho de la cama—. Creo que necesito más espacio.
—¡Pero, querida! —Le espeta él— ¿Y por qué no se lo dices al tipo que tienes a tu lado izquierdo?
—Pues viéndolo así —le contesta Manuela ofendida—, ¡dile a tu secretaria que se arrime un poco más al borde se la cama!