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Padre.

• MINIFICCIÓN •

Montañeros.

Óscar Sipán

Mi padre desapareció hace veinte años, en la ascensión al Nanga Parbat. He sentido emoción, vértigo y furia al encontrarlo en una grieta de la cara norte, sin una arruga, más joven que yo. Creo que voy a matarle.

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Eso que ocultamos.

• MINIFICCIÓN •

Las relaciones

Patricia García Roldán

—No sé —Murmura Manuela compungida mientras mira a su marido en el lado derecho de la cama—. Creo que necesito más espacio.
—¡Pero, querida! —Le espeta él— ¿Y por qué no se lo dices al tipo que tienes a tu lado izquierdo?
—Pues viéndolo así —le contesta Manuela ofendida—, ¡dile a tu secretaria que se arrime un poco más al borde se la cama!

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Esquivez.

• MINIFICCIÓN •

Acuse de recibo

José Manuel Dorrego

Había escrito cien veces: Te quiero. Escribió con trazo firme, caligráfico. Con esa paciencia y minuciosidad que ponen los náufragos en todo lo que emprenden, intuyendo que, probablemente, cuanto les queda es todo un pasado por delante. Escribió un «te quiero» por hoja, una botella por papel, un mensaje por botella: cien botellas en total. La respuesta llegó dos meses después arrastrada por las olas hasta la orilla, dentro de otra botella. El mensaje era claro, conciso, breve y letal: No insistas, decía.

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Herencia.

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Círculos

Rocío Vaquero

Parece una tontería pero esta cucharilla fue de mi abuela. Ella no tomaba café, tomaba achicoria, y le daba vueltas con esta cucharilla antes de que yo naciera. Yo nací y crecí y empecé a tomar café. Y aquí estamos las dos, la cucharilla y yo, dando vueltas, tintineando la taza, negociando las condiciones de mi divorcio, un martes de mayo.

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Divergente.

• MINIFICCIÓN •

Candela

María Pámpanas Rivero

—Sí, papá, pero, ¿y esa?
Cada muñeca era exacta a la anterior. En el largo del pelo, en la ropa, en la mueca del rostro.
—Papá, ¿y esa? Preguntó de nuevo Candela con los ojos vivos, curiosos—
—Está rota, cariño. No es tan bonita como las demás.
Candela examinó la muñeca descartada por su padre. Era más pequeña que las otras, estaba descalza y la camiseta que cubría su cuerpo, nada tenía que ver con los vestidos de sus inertes compañeras.
Su padre cogió las tres muñecas restantes.
—Papá, ¿entonces, yo estoy rota? —preguntó Candela mientras su padre cerraba la tapa del contenedor—.

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Olisquear.

• MINIFICCIÓN •

Una consorte sumamente flexible.

Alfonso Pedraza

Se ahogaba de pasión entre los muslos de ella. La disfrutaba, más, sus nalgas, las que siempre asía al sorber su perfumada entrepierna, habían perdido firmeza. También su pene, esperando una enérgica succión que no llegaba, perdía brío poco a poco.
—No es que no te valore, te adoro, mas, tendré que cambiarte. Buscaré una de esas japonesas que ahora vienen con pelo natural, piel tibia y vagina vibratoria.

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Nada es lo que parece.

• MINIFICCIÓN •

Stalker.

Camilo Montecinos

Romeo ha previsto cada detalle y movimiento. Sabe que Julieta se asoma al balcón por las
tardes, justo a las siete, y que lo hace porque no resiste la soledad (a esa hora no hay nadie en casa). Sabe que al regresar a su alcoba, Julieta deja abierta la ventana.
Romeo sabe, además, que en esa calle solitaria, los vecinos más cercanos regresan después de las nueve de la noche. Sabe que es muy fácil trepar hasta la habitación, que nadie escuchará los gritos, y que es muy probable que nunca se sepa lo que entre ellos está por suceder.

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Krae.

• MINIFICCIÓN •

Exposición Arriesgada.

Judas Krae

El museo anunció la próxima apertura de una exposición arriesgada. «Traiga sus propios monstruos», rezaban las invitaciones que recibieron en sus buzones los habitantes de la ciudad. Al principio venció el desconcierto, la reserva y el escepticismo. Pero a medida que el día del estreno se aproximaba, fueron llegando, a cuentagotas, los hijos de los pederastas, las mujeres maltratadas, los hermanos de los caníbales, las madres de los parricidas.
Uno a uno, tocaron con sus nudillos fríos la puerta trasera del museo, susurrando con voz queda y trémula, para deshacerse de sus monstruos y sus martirios.