Enmendar

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• MINIFICCIÓN •

Sujeto desconocido

Yurena González Herrera

Extirpé de raíz mis deseos más primitivos: rebosaban la línea pintada alrededor de tu cuerpo en el suelo. Me hice un disfraz de persona decente con ellos, los cosí con el hilo azul de tu mirada, fría, inerte.

Ríete del miedo.

Ríete del miedo.

• MINIFICCIÓN •

Inmortal

Carlos Guillermo Ortuño

Vuelve a pedirme que lo empuje. Esta vez desde la azotea. Este maldito niño me tiene frito con el gusto que le ha cogido a restregarme que es inmortal. Y yo no gano para sustos, vivo con miedo. Salimos a pasear y se tira debajo de un camión. Nos vamos al parque de atracciones y se lanza desde la noria mientras saluda al resto de los usuarios. En el campo se come todas las setas venenosas que se encuentra.

Le he amenazado con dejar de ser su amigo si continua con esa actitud irresponsable.

Me dice que si lo hago se declara en huelga de hambre.

Y se rie.

Agasajar.

Agasajar.

• MINIFICCIÓN •

En Gamud, cuando se da una fiesta…

Antonio Fernández Molina

En Gamud, cuando se da una fiesta en honor de la hija de la casa, la madre se escapa con el invitado más viejo y repulsivo. Aunque es una costumbre admitida (y que nadie trata de impedir), lo hace de una manera secreta o simulando cualquier pretexto. La hija, en cuanto nota la falta de su madre, pregunta afectando un aire de inocencia:—¿Dónde está mamá? A esta pregunta, que repite varias veces, invariablemente le contestan:—¿Tu mamá? Está haciendo el amor. El que así habla recibe un beso de la joven y él leentrega una moneda. Algunas muchachas consiguen besar de una manera turbadora y si son previsoras y hermosas llegan a reunir una fortuna.

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Lo sombrío de la libertad.

• MINIFICCIÓN •

Nocturnidad

Miguelángel Flores

Rafalito se durmió soñando que algún día podría volar. Y durante la noche se fue entretejiendo un hilillo de seda que salía de su boca, creando un sudario sin luz que creció y creció hasta cubrirlo por completo. Por la mañana despertó amordazado, prisionero, como si se hubiera transmutado del todo su cama en armario sombrío. Y paso media vida mirando desde dentro. Cuando al fin se atrevió a escapar de él, lo hizo convirtiendo el lienzo en unas alas asombrosas y asombradas, con adornos de purpurina y lentejuelas. Un destello tan frágil como culpable, que pronto atrajo la atención de un coleccionista de mariposas nocturnas; aquel que, sin escrúpulos, clavó a Rafalito un alfiler oscuro, un delirio perpetuo, en medio del recién nacido remolino de su pecho.

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Necesito que alguien me haga compañía.

• MINIFICCIÓN •

Y ahora vienen por mí

J. Manuel Dorrego Sáenz

Sólo ceniza. Eso es cuanto dejó el rayo que cayó sobre la única palmera de mi isla. Para colmo, ayer rompí por accidente la última de las botellas en las que enviaba mensajes. Sin palmera y sin botellas, he perdido la escencia del náufrago, ese perfil heróico que daba sentido a mi existencia. Ahora tan solo soy un hombre sobre una isla, como un turista en pantalón bermudas. Ya no hay nada épico en mí existencia. No queda nada homérico en mi imagen. Y encima, se acerca un barco hacía la isla: mucho me temo que vienen a rescatarme.

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Disfraz.

• MINIFICCIÓN •

Zancudería.

Effe Montesdeoca

Vio volar al zancudo, plaga de las lluvias, una y otra vez rondándole, buitre minúsculo; tiró algunos manotazos, luego le pareció verlo pararse en el borde de una hoja de papel, dio un manotazo sobre ella y, despatarrado, del zancudo sólo quedó la palabra ¡Ay!, con todo y signos de admiración.