Maullido territorial.

Maullido territorial.

• MINIFICCIÓN •

La gata que se sentó en la alfombra del perro.

Mariángeles Abelli Bonardi

 Se acuesta; aún está caliente. Tiene su olor y el del último hueso que royó. Con la punta de la cola, acerca el ovillo y juguetea… Para una oreja: nada. Mira de reojo: nadie. Nada ni nadie: él se ha encargado…

Maúlla de satisfacción, casi como pensando en voz alta: «La alfombra, tu alfombra, es mía

Dilucidar.

Dilucidar.

• MINIFICCIÓN •

Las Hadas.

Adriana Q. de Valadés

Las hadas, son hijas del rocío y de la aurora. Cuando pequeñas, semejan libélulas. Se alimentan de polen y pétalos de rosa; habitan en los bosques, jamás en las ciudades. Puede hallárseles bajo la sombra de los árboles, demasiada luz les puede afectar. Si usted encuentra una, guarde absoluto silencio, no se mueva, contenga la respiración y dispóngase a observar. Si ha pasado usted inadvertido, verá como despliega con todo cuidado sus pequeñas alas, translúcidas, con los colores del arco-iris reflejados en ellas. Fije usted su atención y observará que sus cabellos son hilos finísimos de oro; que su cuerpo es perfecto, armonioso y sus piececitos ágiles. Entonces va a percibir que el ambiente empieza a oler dulzón, embriagador: ha caído usted en la tentación. Ahora la tomará con el índice y el pulgar, se la llevará a la boca y se preparará a deleitarse con uno de los más exquisitos manjares que pueda haber…

Augurio en la batalla.

Augurio en la batalla.

• MINIFICCIÓN •

La otra batalla

John Aubrey

Antes de la batalla de Filippi, dos águilas riñeron en el aire, sobre ambas tropas. Todos los soldados, sin moverse, siguieron el desarrollo de la riña. Finalmente, el ejército vencido fue aquel que estaba del lado del águila derrotada.

Abortargar.

Abortargar.

• MINIFICCIÓN •

Del alquimista.

Eliseo Diego

Saben positivamente, los que de tales cosas entienden, que en la ciudad de Aquisgrán, y a fines de la Edad Media, un judío alquimista halló el secreto de no envejecerse. Fortalecido por su pócima, que le permitiría vivir en todo vigor ciento cincuenta años más que el común de los hombres, dedicó la plenitud de sus días a buscar el secreto de no morirse. Dicen que lo halló, y que desde entonces, oculto en su oscura covacha, tropezado de telarañas y surcado de grueso sudor, busca aquel veneno poderoso sobre todos que le permita, al desgraciado, morirse.

Para nacer, no hay que morir (?).

Para nacer, no hay que morir (?).

• MINIFICCIÓN •

Botón de flor

Marco de Mendoza

Le dijeron que eran flores comestibles: azahar, hibisco, rosas, geranios y, cicuta. Las comió a montones; su dulce sabor lo embelesaba. Luego de un rato, se empachó, convulsionó, enmudeció, tembló… murió. Al llegar al cielo, la luz perpetua y divina lo cegó provocándole un tremendo estornudo… estornudaba flores. A cada estornudo, flores de colores. Sonreía porque ahora conocía el sabor real de las flores. Ahora en la luz, era la flor que siempre quiso ser.

Agrietar.

Agrietar.

• MINIFICCIÓN •

La última guerra.

Victoriano Alejandro Ordorica

No obstante los millones de años luz pasados, los astros en sus cuitas espaciales aun la recuerdan. A uno de ellos, que lucia la esclavitud circundante impuesta por un anillo de mágicos resplandores, le oi decir: nació del cosmos y la amamantaron las estrellas. Cuando niña conoció la tranquilidad pero ya adolescente la carimarcaron con bombas. De adulta en su piel sintió el terrible ardor de la explosión nuclear, pero más le dolió la incomprensión y el odio. Murió resquebrajada y con decepción profunda. Desde su muerte el día no existe pues la tristeza enfrió el sol. Siempre hay noche, luto eterno, negro terciopelo pegado a aire. Eso hizo el hombre con la Tierra —acabó diciendo entre los sollozos que caían de su cielo.

Descreer.

Descreer.

• MINIFICCIÓN •

Flor.

Gloria Velázquez

Mi abuelita me dijo:“Nunca te dejes hacer cochinadas. Los hombres que vienen del Norte, dicen que les abren las bocas a las mujeres, meten lengua y tentalean por todas partes. Nunca dejes que te metan la cochina lengua, qué es eso, es pecado, te digo lo siguiente porque sé de Toño, tu novio. Está de buen ver, pero acuérdate, entre más bien parecido el hombre es más pecador. A ti no se te ocurra abrir la boca , llegas luego con una panzota que para qué te cuento. Te puedes desgraciar para toda tu vida, ni quien te quiera sin tu valor. ¿Pusiste cuidado a lo que dije?”Por eso no entendí cuando me empezó a crecer la panza. Nadie me hablaba. Yo no pequé. Me acuerdo que cerré la boca con todas mis fuerzas y no dejé que Toño me agarrara cosas, ni nada. No abrí la boca. Nada más abrí las piernas para que él se entretuviera y no le pasara por la cabeza la idea de meterme su cochina lengua pecadora a la boca. Toño me dijo: “Deja meter mi olotito para que parezcas flor”.Ahora no entiendo a mi abuelita. Ni ella me entiende a mí; tampoco entiendo a Toño, se me ha retirado y yo con tantas ganas de ser una flor.

Minientrada

Histamina.

• MINIFICCIÓN •

REVANCHA

Marco de Mendoza

La pesca había ido bien. Aquel día con el mar agitado, la red estaba llena de peces muertos de todo tipo. Manuel llegó a casa y pidió a su mujer un pescado a la plancha. Luego, una tormenta. Fue todo, al día siguiente el médico diagnosticó escombroidosis. Manuel no volvió a pescar. Manuel no volvió.

Minientrada

Disfraz.

• MINIFICCIÓN •

Zancudería.

Effe Montesdeoca

Vio volar al zancudo, plaga de las lluvias, una y otra vez rondándole, buitre minúsculo; tiró algunos manotazos, luego le pareció verlo pararse en el borde de una hoja de papel, dio un manotazo sobre ella y, despatarrado, del zancudo sólo quedó la palabra ¡Ay!, con todo y signos de admiración.