You’re obviously not their favorite pet.¹

You’re obviously not their favorite pet.¹

«Mientras la criada sostenía el paraguas a su lado, la norteamericana marchó por el sendero de piedra hasta llegar al sitio indicado, bajo la ventana. El banco estaba allí, brillando bajo la lluvia, pero el gato se había ido. La mujer se sintió desilusionada. La criada la miró con curiosidad.
–Ha perduto qualque cosa, signora?
–Había un gato aquí –contestó la norteamericana.
–¿Un gato?
–Sí il gatto.
–¿Un gato? –la sirvienta se echó a reír– ¿Un gato bajo la lluvia?
–Sí; se había refugiado en el banco –y después– ¡Oh! ¡Me gustaba tanto! Quería tener un gatito».

El gato bajo la lluvia.

Ernest Hemingway.

What are they feeding you?¹

What are they feeding you?¹

«Todo engullido por los años: aquel período, aquella ciudad, los amigos, todo. E incluso la palabra gato, también engullida por los años, que reaparece en la memoria junto a la sonrisa que aquel gato llevaba consigo porque era la sonrisa del gato de Cheshire. Alicia en el país de las maravillas. Era una época de maravillas. Pero ¿lo era de verdad? Ella era Alicia, y él el gato de Cheshire: todo era un divertimiento, como una bella historia. Pero mientras tanto, el gato había desaparecido, exactamente como en el libro. Quién sabe si no había quedado la sonrisa, pero la sonrisa solamente, sin el rostro al que pertenecía aquella sonrisa. Porque el tiempo pasa y devora las cosas, tal vez quede sólo la idea».

El gato de Cheshire.

Antonio Tabucchi.

It’s not your fault.¹

It’s not your fault.¹

«Como para ningún otro animal, ante el gato la vida es sueño. Pasa dormido las dos terceras partes de su existencia y, a juzgar por sus movimientos, sueña como nosotros tramas fantásticas y realistas. Gusta de ser acariciado aunque en pleno idilio suele clavar las uñas en quien lo mima. Vive lamiéndose para adorarse a sí mismo, conservar una apariencia pulcra y protegerse contra los cambios del clima. Detesta su excremento y hace hasta lo imposible por ocultarlo. Venera el sitio en donde nace o llega de pequeño. En cambio las personas que lo rodean no logran inspirarle en el mejor caso sino una tolerancia despectiva».

Biografía del gato.

José Emilio Pacheco.

Maneki-neko: El gato de la fortuna.

Maneki-neko: El gato de la fortuna.

• PLUMA INVITADA •

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Según el imaginario occidental, los gatos negros son de mala suerte. De hecho se dice que, si te topas con uno, tendrás un pésimo día. En contraste, de acuerdo con las creencias occidentales, los pequeños felinos simbolizan la buena fortuna; por lo tanto, si adoptas uno, esta te sonreirá.

Un legendario micifuz.

El uso de Maneki-neko como amuleto se remonta al Japón tradicional, cuando los pequeños comerciantes, no obstante su escases de recursos, adoptaban gatos compartían con ellos su alimento. Se cuenta que, en agradecimiento por ese buen trato, los felinos se apostaban a la entrada de los establecimientos, atrayendo clientela con el movimiento de una de sus patas delanteras. Así, de los mininos de pelo y hueso se pasó a las figurillas de Maneki-neko como talismanes para atraer la buena suerte y la fortuna.

Acerca del origen del legendario gatito también existe la historia de un monje cuyo templo estaba en ruinas y que, a pesar de su precariedad económica, adoptó a una gata a quien llamó Tama, cuidando de ella y alimentándola. En cierta ocasión, durante una fuerte tormenta, desde la entrada del templo la felina vio a un señor feudal guareciéndose bajo un árbol. Le hizo una seña con una de sus patas delanteras para que se acercara. Extrañado, el pudiente caballero se aproximó, justo antes de que un rayo cayera sobre el árbol. En agradecimiento por que la minina le había salvado la vida, se hizo cargo de la reconstrucción y prosperidad del templo, denominado Gotokuji y localizado en Tokio, Japón, donde hay en la actualidad un altar dedicado a Maneki-neko.Otra leyenda al respecto es la de una anciana que, debido a su extrema pobreza, se vio obligada a vender a su gato. Una noche, el felino se le apareció en sueños, no para reclamarle por haberse desecho de él, sino para indicarle que le diera forma de arcilla. La vieja dama realizó la efigie de Maneki-neko según las instrucciones del minino, la puso en venta y se la compraron de inmediato. La mujer decidió entonces dedicarse a hacer más de esas figurillas para venderlas y así dejó de pasar apuros económicos.

En relación con la moneda que sostiene Maneki-neko con una de sus patas, cuenta la historia que todos los días un pescador le daba de comer al gato de un cambista dos trozos de pescado. De repente, el pescador enfermó y debió permanecer en cama algún tiempo. Una vez recuperado, aparecieron junto a su almohada dos kobans. Sin conocer su procedencia, agradeció esa buena suerte, sobre todo después de un buen rato sin haber podido trabajar. Al volver a la rutina notó que la mascota del cambista ya no estaba. Preguntó por el felino. El usurero le confesó que lo había matado al creer que el animal le había robado dos monedas de oro. Entonces el pescador cayó en cuenta que el minino le había retribuido su gentileza al alimentarlo, proporcionándole el ingreso que él no había podido conseguir durante su enfermedad. Desde entonces, aquel gato fue representado y venerado en los templos de Japón, inspirando también uno de los elementos característicos de Maneki-neko, el koban, al cual se suman el babero con un cascabel dorado pendiendo del cuello.

En torno a estos dos últimos elementos, existe una fábula japonesa protagonizada por una hermosa y joven geisha llamada Usugumo, quien adoptó un gato al cual puso también por nombre Tama. La muchacha amaba y cuidaba tanto a su mascota que le compró un lujoso babero con un cascabel de oro. La relación entre la bella y el micifuz llegó a ser tan estrecha que la gente comenzó a considerarla sobrenatural. Indignado por tal situación, el mentor Usugumo decidió acabar con aquel cuestionado vínculo, decapitando con su espada al infortunado felino. Milagrosamente, la cabeza de Tama voló directo hacia una serpiente que justo en ese momento amenazaba con atacar a su dueña. De esta manera, aún recién muerto, el minino mostraba su gratitud por el buen trato que su ama le había dado en vida, salvándola. En homenaje de su querido gato, Usugumo se dedicó a hacer figurillas del mismo con el babero y el cascabel, surgiendo así la reconocida efigie de Maneki-neko como protector. Por cierto, se cree que el cascabel sirve para ahuyentar a los malos espíritus.

Como dato curioso, se considera que le mito nipón del gato protector proviene de la tradición china, que extrapolaba la imagen de los felinos que protegían los campos de gusanos de seda. Sin embargo Zhaocai Mao, el gato de la fortuna chino, está basado en el Maneki-Neko, de origen japonés.

Luis Felipe Brice.

Cada instante de la vida es un paso hacia la muerte.¹

Cada instante de la vida es un paso hacia la muerte.¹

«Cleopatra se había refugiado en la cornisa que daba al patio. El mozo se armó de una escoba y subió a la azotea dispuesto a capturar a la gata. Cuando se acercaba en silencio hacia ella Cleopatra dio algunos pasos más en la cornisa. José pretendió seguirla. Las viejas piedras se desmoronaron y el hombre fue a estrellarse contra el piso de cemento.
—Señora —gritó Susana—, se cayó, se está desangrando.
La madre y Angelito se asomaron al patio y un instante después volvieron a entrar en la casa. Bajo la impresión de contemplar por vez primera la muerte Angelito gritaba aún más. Su madre se angustiaba al pensar que la herida podía infectarse. Mientras José agonizaba sólo atendido por Susana. Cleopatra se ponía a salvo y en sus ojos brillaban el triunfo y la satisfacción de ver impresas en el polvo las cuatro huellas de sus patas».

Los tres pies del gato.

José Emilio Pacheco.

¹ Pierre Corneille.

Congraciar.

Congraciar.

«Entramos y encendí la luz. Y vio, vimos, en medio de la gran cama, con su colcha blanca de señorita, un gato negro, grande, gordo. Un gato que yo veía por primera vez y que parecía acostumbrado a ronronear allí. Con las patas dobladas bajo el pecho nos miró con ojos curiosos y volvió a cerrarlos. Hasta hoy no sé cómo pudo haber entrado. Sospecho, apenas. Me adelante para acariciarle el lomo y la garganta y entonces ella explotó. Que echara el gato inmundo, que iba a llenar la cama de pulgas. A gritos y pateando el suelo. Le dije que me había hecho feliz encontrar por sorpresa que alguien nos daba la bienvenida. Ella me trató de estúpido y golpeó las manos hasta que el gato corrió hacia la puerta y la sombra del pasillo».

-El gato

Juan Carlos Onneti.

Caprichos cretinos.

Caprichos cretinos.

«—Angelito: ¿puedo tomar un vaso de agua?
—Mi mamá no quiere que entres en mi casa.
Harto del egoísmo de Angelito, Artemio, que ya tenía doce años le dijo:
—Cómo eres díscolo nomás por ser tan rico. Pero no le andes buscando los tres pies al gato porque ya verás.
Angelito corrió a informar a su madre que Artemio acababa de insultarlo. José, el mozo, fue a castigar al impertinente.
El niño se levantó y se acercó al lecho de su madre:
—Mamá…
—¿Qué quieres, hijito? ¿Por qué estás despierto? Si no duermes te vas a enfermar.
—Mamá, quiero tener un gato de tres pies.
—Pero, mi vida, eso no puede ser: todos los gatos tienen cuatro patas.
—Yo quiero uno que sólo tenga tres.
—Bueno, sólo que le cortáramos una pata a Cleo —contestó la madre sin pensarlo».

-Los tres pies del gato (Tríptico del gato)

José Emilio Pacheco.

Serendipia.

Serendipia.

«—Quisiera usted decirme ¿qué camino debo tomar para irme de aquí?
—Eso depende, en mucho, del lugar a donde quieras ir —Respondió el gato—.
—No me preocupa mayormente el lugar…
—Dijo Alicia—.
—En tal caso, poco importa el camino,
—Declaró el gato—
—… con tal de llegar a alguna parte —Añadió Alicia a modo de explicación—.
—Oh —Dijo el gato—: puede usted estar segura de llegar, con tal de que camine un tiempo bastante largo».

-Alicia en el país de las maravillas

Lewis Carroll.