30.

30.

Severin Koller

«Incomprensiblemente, interpretamos el mundo físico como el único real solo porque está construido de acuerdo a la base de nuestros sentidos y acciones. Sin embargo, el mundo es una danza infinita de átomos».

Jakob von Uexküll

El Arte Sucede

Escenarios de todos los días.
Art Happens
Severin Koller
Art Happens
Severin Koller
Art Happens
Severin Koller
Art Happens
Severin Koller
Transition
Severin Koller
Arbitrio y tortura.

Arbitrio y tortura.

«No pude reprimir un grito de horror cuando lo vi por primera vez. Era lúgubre, siniestro. Con grandes ojos amarillentos, casi redondos y sin parpadeo, que parecían penetrar através de las cosas y de las personas.
Mi vida desdichada se convirtió en un infierno. La misma noche de su llegada supliqué a mi marido que no me condenara a la tortura de su compañía. No podía resistirlo; me inspiraba desconfianza y horror. ‘Es completamente inofensivo —dijo mi marido mirándome con marcada inditerencía—. Te acostumbrarás a su compañía y si no lo consigues…’ No hubo manera de convencerlo de que se lo llevara. Se quedó en nuestra casa».

-El huésped

Amparo Dávila.

Desconciertos.

Desconciertos.

«Abatido, desconcertado, tomó el tranvía de regreso. Con aquel infortunado encuentro su habitual inseguridad había crecido a tal punto que no sabía ya si era un hombre o una sombra. Se metió en un bar, pero no en aquel adonde acostumbraba tomar la copa con los amigos, sino en otro donde no lo conocieran. No quería hablar con nadie. Necesitaba estar solo, encontrarse. Bebió varias copas pero no pudo olvidar el encuentro. Su mujer lo esperaba para cenar igual que siempre. No probó bocado. La sensación de ansiedad y de vacio le había llegado al estómago. Aquella noche no pudo acercarse a su mujer, cuando ella se acosto a su lado, ni las siguientes. No podía engañarla. Sentía remordirnientos, disgusto de sí mismo. Quizás a esa misma hora él estaba poseyendo a la hermosa rubia…»

-Final de una lucha

Amparo Dávila.

Altivo desdén.

Altivo desdén.

«El sol desapareció entre las nubes. El viento del norte oscureció la tarde. En la distancia se escuchó un trueno. Empezó a llover. Con estertores de asfixia se detuvo el motor.
—Nos quedamos sin gasolina —dijo el piloto—.
Edelmira gritó, roja de ira, que el chilango hijo de puta había salado el paseo. No pude más: me lancé sobre Edelmira y de un empellón la arrojé al agua.
Elena y Federico gritaron aterrorizados. Los movimientos de Edelmira la arrastraron al fondo. Federico suplicó al piloto que la salvara a cualquier precio. El hombre nadó bajo la superficie y asió a Edelmira por los cabellos. Mientras Elena y Federico ayudaban a izarla a bordo, salté de la lancha y gané la orilla con enorme esfuerzo».

-Paseo en el lago

José Emilio Pacheco.

Allá donde hay paz.

Allá donde hay paz.

«El arte no es lo que ves, sino lo que haces que otros vean».
Edgar Degas.

A la orilla
Tomás Sánchez
Inundación
Tomás Sánchez
La meditación de la garza
Tomás Sánchez
El reto
Tomás Sánchez
Perder el paraíso
Tomás Sánchez
Espejismo
Tomás Sánchez
Levitar
Tomás Sanchez
Autorretrato en tarde rosa
Tomás Sánchez
Contempladores de cascada
Tomás Sánchez
Soñar que el río cae
Tomás Sánchez