Yo no sé si la esperanza conseguirá sobrevivir…

Yo no sé si la esperanza conseguirá sobrevivir…

«El hombre que no sufre es una máquina mal diseñada, un castrado moral, un ser defectuoso, un aborto de la naturaleza».
Marlon Brando (El padrino).

Purgatorio. Eliran Kantor
El peso del falso yo. Eliran Kantor
No en su imagen. Eliran Kantor
Lo que hemos perdido. Eliran Kantor
Dolor es poder. Eliran Kantor
Enfurecido y desatado. Eliran Kantor
Limbo. Eliran Kantor
Memento mori. Eliran Kantor
Afrodita en la minificción.

Afrodita en la minificción.

• PLUMA INVITADA •

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En las miniaturas textuales que han recibido decenas de nombres y que aquí llamaremos minificciones podemos encontrar todas las pasiones que nos inquietan: el amor, el odio, la muerte, la envidia, los celos, el deseo.

El deseo, el placer y el encuentro.

En esta forma escritural, como en otros géneros literarios, la variedad de temas es tan diversa como diversos son los sentimientos, emociones y vivencias humanas. Podríamos parafrasear la célebre frase de Terencio y decir que a la minificción nada de lo humano le es ajeno. Hay minicuentos en los que leemos historias de la cotidianidad, o de terror, en algunas leemos la recreación de sucesos históricos, o versiones de personajes emblemáticos y héroes mitológicos. Asistimos también al resurgimiento y transformación de la fábula y el bestiario; lo fantástico está presente en otro buen número de estos textos breves. Lo mismo podríamos decir de la ficción científica. El amor, el desencuentro amoroso, la infidelidad, los viajes, la muerte, los recuerdos de la infancia, los oficios, son temas centrales en algunos minicuentos. Y encontramos también minificciones en donde –con muy diversos matices, desde la leve alusión hasta una presencia más explícita– aparece el erotismo.

Eros y Afrodita se pueden presentar en un amplísimo espectro de matices: desde la alusión velada al deseo del encuentro con el cuerpo amado hasta las descripciones más o menos directas del placer que la experiencia erótica despierta, pasando por todos los tonos y gradaciones posibles. Si este nuevo género de la minificción –formado por «cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas», según el feliz acercamiento del teórico y escritor David Lagmanovich– recurre a diversas estrategias retóricas para lograr textos en donde lo omitido es tan importante como lo dicho, en los minitextos en donde se alude al deseo, al placer y al encuentro de los cuerpos esto cobra una importancia especial.

Por ello, tal vez el más importante y frecuente de los recursos que está presente en las minificciones eróticas sea la figura de la elipsis. Aquí lo elusivo se engarza con lo alusivo, que es tan propio de la escritura erótica. Si en muchas minificciones lo silenciado es tan (o más) relevante como lo dicho, cuando lo que se busca expresar es el deseo o el placer, los silencios cobran enorme importancia; es decir, el lector dota esos silencios de una intensidad que tal vez no se hubiera logrado de otra manera. Así, lo eludido será lo que permita el efecto buscado por la autora o el autor.

Si una característica de la minificción es la necesidad de contar con un lector activo, en las minificciones eróticas este será un rasgo primordial: el lector deberá llenar los silencios, desarrollar las sugerencias e imaginar lo aludido o esbozado.

Dina Grijalva.


• MINIFICCIÓN •

Propiocepción amorosa.

Guiomar Carrillo

Ocurría con frecuencia que al acariciarte yo también me diluía.


• MINIFICCIÓN •

Pasiones.

Pía Barros

Aunque enrraizara los huesos en la tierra, toda mi carne se arrancaría en tu búsqueda.


• MINIFICCIÓN •

Cama con espejos.

Isabel Wagemann Morales

Reflejados infinitamente en los espejos de uno y otro lado de la cama, hicimos todas esas veces el amor.


Amor Superlativo.

Amor Superlativo.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Dime, dime tú

Qué es esto que siento, que me inflama el corazón; que me produce taquicardia y me falta la respiración. Qué es esto que siento, como arena resbalando entre mis dedos, sin saber siquiera cómo controlarla, que aunque corra de mis manos, en algo siempre permanece. Qué es esto que siento, que vulnera mis pasiones, que maniata mis deseos e impera en mis sentidos. Qué es esto que siento, que moja figurando entre mis ojos tu imagen espectral. Qué es esto que siento, como aire ventarroso que sin embargo resulta cariñoso. Como misterio que sacude mi alma y la inquieta. Qué es esto que siento, que al calor de tus besos belfa mis labios y ataranta mis ideas. Qué es esto que siento, dime, dime tú que eres la causa, el efecto. Tú, todo mi veneno y también antídoto de esto que siento, amor.
Qué es esto que siento, que a cada palpitar desborda y electrifica el alma; qué es, que no lo veo, más lo siento y lo glorío.

Marco de Mendoza.

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Hola, soledad.

Hola, soledad.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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En ti, soledad.

Soy yo, esta habitación en calma y mi soledad.
En tu obscuridad y tu abandono no temas soledad, porque también estoy aquí. Porque en ti encuento lo añorado, lo oculto, lo temido. En tus brazos soledad, están los sinsabores, y también dulces atardeceres.
Eres tú soledad, mi perfecto liminal. Ahí donde todo de repente llega, como un desafío inquietante, como un torrente desafiante; donde todo es arte, poderosa sinergía.
Soledad bendita como el límpido cielo que me abraza.
Eres soledad un sueño que abriga, que me reta y me vulnera. Es en ti donde llorar es paz y gritar es alivio, mientras tú a mi lado incesante ríes.
Y no es locura, es pasión; es nuestro encuentro y es constricción.
Es casualidad o propia decisión. Es camino formado o destino causal
Soledad que aquejas, que formas, que construyes
¿Eres soledad un miedo o un premio a esta quietud?
Eres soledad como una bruma fría, que sin embargo ampara. Eres mía soledad y me moldeas, paciente me enalteces en franca lozanía.
Somos soledad cuando encumbramos nuestros miedos con pasiones; cuando ellos se vuelven fervientes azadones del triunfo y el albor.
No temas a la soledad, que la alborada viene pronto, viene ya.

Marco de Mendoza.

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