¿Qué diría Buffy?

¿Qué diría Buffy?

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Pueblos de Ficción

Mystic Falls.
The Vampire Diaries.
Locación: Virginia.
Creador: Kevin Williamson.

Los enredos amorosos entre los hermanos Salvatore –Damon y Stefan–, Elena Gilbert, y su Doppelgänger Katherine Pierce transcurren en este pueblo sombrío –más en la novela– y que parece albergar a todos los jóvenes atractivos del orbe, cosa no rara en las novelas de L. J. Smith (para prueba, The Secret Circle).

Originalmente el nombre sería Fell’s Church –así está en el libro–, pero algunos problemas legales dejaron el nombre en las letras y nos legaron el de «Cascadas Místicas». Podemos ver desde la época vikinga (hace más de 1000 años), pasando por el siglo XVII, en el 1860, donde los flasbacks nos explican cómo es que los hermanos Salvatore son transformados por Katherine; hasta la época actual donde vemos a Elena enamorarse de Stefan, luego migrar hacia Damon –con sus ires y venires–, su preparación hacia la adultez, incluídas su muerte y su regreso, luego su muerte definitiva (su salida de la serie) y todo lo que ocurre después.

En Mistic Falls los habitantes parecen no tener empleo, todo gira en torno a eventos sociales y fiestas, su preparación para graduarse –que se vuelve eterna– y una gran cantidad de sucesos misteriosos e insólitos. Además de todos esos «adolescentes» y jóvenes, se dan cita, claro, la finalidad es entretener a su audiencia: Gente joven, vampiros –incluídos los Originales–, hombres lobo, híbridos, brujas y dioses. ¿Les suena la fórmula?

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El pueblito de los Duffer.

El pueblito de los Duffer.

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Pueblos de Ficción

Hawkins.
Stranger Things.
Locación: Atlanta.
Creadores: Matt y Ross Duffer.

Si un lugar requisita para la categoría: «Pueblo insignificante en el que parece ocurrir todo», ése, sin duda, es Hawkins; ambientado en la época de los 80’s, con una protagonista traída justo de ese tiempo –no concibo a Winona Ryder haciendo algo que funcione fuera de las décadas 80’s –90’s– que hace las veces de la típica mamá ochentera, con sus respectivos ecos a través del resto de los progenitores, y es que los padres y madres de este pueblo –reflejo de la época– parecen estar en todo, excepto con sus hijos, y ni qué decir de su paradero; ya tenemos a Joyce Byers, que intenta rescatar un hijo –del que no supo cómo se perdió– mientras no sabe del otro, luchar con monstruos interdimensionales, sobrevivir al trabajo y tratar de sobrellevar una relación amorosa; tenemos a Karen Walker, que jamás mientras aparece a cuadro, podría responder del paradero de sus hijos, una se le pierde en otra dimensión, vigirnidad incluída, el otro esconde en su propia casa una niña con poderes sobrenaturales por días, mientras ella, desayuna, embarra mantequilla en su pan, va a la piscina a tomar el sol, y filtrea con el mocito recién llegado que bien podría ser su hijo; y por último –para no hacer larga la lista– tenemos a Marsha Holland, a la que se le pierde la hija, y ella se queda tranquilamente en casa esperando su regreso, incluso después de saber que es asesinada, se conforma con una mentira. Y así el resto de los padres: Ausentes. Y es que así fue la época, te podías quedar a dormir en casa de un vecino, amigo o primo y tus padres, apenas se enteraban; por las tardes, después de la escuela, el mundo era tuyo, podías ir donde quisieras o con quien quisieras, fue una época despreocupada, justo porque nos cuidábamos entre si.

Tal vez esta despreocupación de los padres se debía justo a que el pueblo era un lugar tranquilo, la última vez que una persona se reportara desaparecida fue en 1923 y pasaron más de 20 años antes del último suicidio, las estadísticas no mienten. Y así sus pobladores tranquilos acudían a las clásicas estructuras: Escuelas, hospitales, supermercados, departamento de policía –incluida la figura mítica del Sheriff–; aunque la trama se focaliza en el Laboratorio Central de Hawkins, donde criaturas de otras dimensiones abren un portal, convirtiendo al pequeño poblado en el centro de la actividad paranormal.

Con el tiempo, y fluyendo hacia los 90’s, vemos cómo el pueblo se transforma, llega un mall, instalaciones rusas «supersecretas», parodia incluída: «Seguridad violada por una niña de 10 años», y una selección de personajes variopintos que le agregan colorido a la serie y al lugar.

No sabemos qué tanto seguiremos viendo la evolución de Hawkins, pues al parecer la familia protagonista, los Byers, se mudan, spoiler alert… El sheriff ha muerto y todas las demás figuras –incluído el centro comercial– se han desquebrajado, pero sin duda me gustaría ver llegar a Hawkins a la siguiente década, veamos qué nos preparan los hermanos Duffer.

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¿Traes Toppers?

¿Traes Toppers?

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He de confesarme: Me encantan las listas, hacerlas, buscarlas, constatarlas, ver qué les falta; no sé qué mecanismo se active en nuestro cerebro cuando lo hacemos, pero la práctica me hace encontrar un sentido, o un sinsentido; y ahora que escribo me doy cuenta que enlistar talvez, sólo talvez –no tengo un título en psicología- satisface nuestra necesidad de control: «Esto entra, esto no, y esta es mi lista, cualquier cosa fuera no sirve», ha de decir el cerebro, «y lo que hay dentro es el Santo Grial de lo que escribo». Falacia. (Nos acabo de ahorrar $250 de consulta amor).

Me inquietan las listas, presuponen un reto, hacerlas, investigar, cuadrarlas, descubrir qué se me escapa a través de las opiniones de otros. Por allá de la década pasada, en otra red, Facebook específicamente, empecé a proponerlas (claro está, la red no fue hecha para eso), algunas ajustadas tipo: ¿Cuál es tu Batman favortito? Y otras abiertas a lo inconmensurable: Combos perfectos (sexo + amor ó maruchán + pozole, inténtenlo); que suponían un reto como: ¿Cuál es tu Surrealista favorito? O que se arrellanaban en la trivialidad como: Cosas absurdas por las que he dejado de salir con alguien; hasta las que nacían de la ociosidad: El máximo antiafrodisiaco es… Y así durante largo tiempo, «Hagámos una lista de viernes», «Hagámos una lista para Navidad», proponía, hasta que los intereses, actividades y modas fueron otras (irónicamente Facebook ya tiene una herramienta para hacer listas). Luego abrí mi blog, y desde su nacimiento tuve la inquietud de dedicar una sección a las listas, pero las listas son exigentes, requieren esfuerzo, no son fáciles de maquillar, porque, como decía Borges, creo que fue él, y si no, de seguro por estadística le he de atinar, pues lo dijo todo; pero como decía, parafraseando: «Lo primero que notamos en una lista es lo que falta», y otra vez el tema del control… Por más sanos que nos creamos, nuestra mente siempre está intentando llenar huecos, tan perfectibles son las listas, que incluso el enlistador acude con frecuencia a la duda: ¿Y si pongo…? ¿Y si falta…? ¿Se me escapa algo? Hasta que el demonio de la vanidad nos evita los descartes y nos ilumina los aciertos, y vemos nuestra lista con ojos de buen padre.

La sección para enlistar se gestó justo cuando decidimos abrirnos a otras categorías fuera de las ficciones, la denominamos Top-pers- Hasta pa llevar…, no caeré en tautologías explicando el título, porque creo que como un buen chiste, si tienes que explicarlo, no es tan bueno, y eso aplica para casi todo. Así que sin más, les presento la nueva sección y su primer listado, esperando, como siempre lo hemos hecho, sus opiniones.

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Pueblos de Ficción

Otros Pueblos de Ficción

  • Twin Peaks.
  • Storybrooke.
  • Fairview.
  • Stars Hollow.
  • Charming.
  • Beacon Hills.
  • Bluebell.
  • Chatswin.
  • Chance Harbor.
  • Emmeralde
  • Everwood.

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