No todo lo que brilla es oro.

No todo lo que brilla es oro.

• MINIFICCIÓN •

EXANTEMA DE REALIDAD

Marco de Mendoza

Fue un duro golpe para Sandro darse cuenta que aquel mundo dorado al que aspiraba no alcanzaba ni al cobre. Se le pusieron verdes los sueños y un doloroso salpullido le entró al corazón cuando se dio cuenta que la realidad apesta.


RECOMENDACIÓN DEL BLOG


Amarillo oro.

Amarillo oro.

«Es el oro un metal precioso. Más que muchas conciencias. Más que todas juntas».

MAMS


RECOMENDACIÓN DEL BLOG


Cada quien sus necesidades.

Cada quien sus necesidades.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

Náufragos 2

Gabriel Retes
1986

🎬 🎥


—El oro será su ruina, capitán. ¡Nos costará la cabeza! 

—¡Es mejor vivir sin cabeza que sin oro! Te lo tengo dicho cientos de veces… 

—Yo lucho por odio a nuestros enemigos.¡Lucho por la gloria, no por el oro! 

—Es lógico, cada uno lucha por lo que más le falta.


RECOMENDACIÓN DEL BLOG


Recuerdo a la felicidad.

Recuerdo a la felicidad.

• MINIFICCIÓN •

Los masoquistas

Ana María Shua

Un pabellón entero está dedicado a esos sujetos melancólicos y generosos, los masoquistas. Cuentan allí con una serie de habitaciones en las que el sufrimiento se gradúa de acuerdo con lo doloroso de los estímulos. Si en las primeras habitaciones son mujeres las que inflingen los castigos, en la sexta se los invita a copular con un cocodrilo y en la octava con el recuerdo de la felicidad perdida.

Monstruos que sí son monstruos.

Monstruos que sí son monstruos.

• MINIFICCIÓN •

La luz de la inocencia.

Marco de Mendoza

Todas las noches arrimaba una vela a su cama para evitar dormir a obscuras, para lograr aliviarse del monstruo que la acechaba casi cada noche. Aquel día estaba decidida, iba a llenar a ese monstruo de luz. La puerta se abrió, el monstruo se acercó y sigiloso, se metió en su cama. Ella temblaba, y entre un llanto mudo tomó la vela con fuerza, el monstruo recorrió con sus ásperas manos sus inocentes piernas tiernas; ella tembló aún más. De pronto, la luz, mucha luz y gritos, muchos gritos. El monstruo terminó en el hospital con quemaduras de tercer grado, el monstruo desapareció y nunca volvió. Lucecita ahora duerme a obscuras. No quiere que ningún monstruo encuentre el camino a su cama, nunca.

Lucha feroz.

Lucha feroz.

«Ya está rota la amistad entre los dos. Ya son enemigos. Ya son adversarios. El hombrecillo que duerme agazapado en el alma, en el cuerpo de Pablo, empieza a hacer sus primeras armas contra la pobre bestia que se debate furiosamente. Quiere dominarla, esclavizarla, someterla a su placer, torturarla sin objeto. La feral batalla se halla en pleno desarrollo, frente a este cielo impasible, a esta paz intachable de la naturaleza. En un minuto de descuido, sobre la mejilla de Pablo cae exactamente la garra del felino. Pablo siente la carne desgarrada y la sangre que brota. El odio, la enemistad, la ira, invaden su pura alma de niño. Y con las dos pequeñas manos en las cuales se ha concentrado súbitamente una extraña fuerza, va apretando, apretando, apretando el cuello del animal, que tiembla, se estremece, maúlla y, de pronto, calla, se aquieta, se inmoviliza entre esas manos. El gato ha caído, por fin sobre el cuello, como un saco vacío. Del húmedo hocico se escapa, casi imperceptible, un delgado hilo rojo. Pablo tiene los ojos desmesuradamente abiertos, tiembla de miedo y empieza a llorar, a llorar como lloran los niños».

-La primera batalla

Hernando Téllez.

Reina de los prados.

Reina de los prados.

«No había más flores que se pudieran cortar. La madre miró de reojo a su hija por encima del ramo que abrazaba, mientras su mano de venas azules cambiaba de posición sobre los tallos.
—Escucha, Constance… El club de jardinería tiene hoy una celebración de algún tipo. Todo el mundo se reúne a almorzar en el club y luego van a ir al jardín de alguien, uno que tiene rocas y plantas alpinas. He pensado que si me llevo a tus hermanos pequeños…, ¿no te importa que vaya, verdad que no?
—No —dijo Constance al cabo de un momento.
Constance pensaba todavía en la pregunta que tenía que repetir, pero las palabras se le pegaban a la garganta como pegajosas bolitas de mucosidad y le pareció que si trataba de expulsarlas, lloraría. Lo que dijo en cambio, sin motivo especial, fue:
—Preciosas.
—¿Verdad que sí? En especial la reina de los prados, tan grácil y blanca.
—Ni siquiera sabía que hubieran empezado a florecer hasta que he salido.
—¿No lo sabías? Te puse algunas en un jarrón la semana pasada.
—En un jarrón… —murmuró Constance.
—De noche, sobre todo. Es el momento de verlas. Anoche me quedé junto a la ventana…, y estaban iluminadas por la luna. Ya sabes lo blancas que están las flores a la luz de la luna…»

-El aliento del cielo

Carson McCullers

Florecer.

Florecer.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

BIG FISH

Tim Burton
( 2003)

🎞 📽

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¡¿Narcisos?!

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—Son tus flores favoritas

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¿Cómo has podido encontrar tantas?

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—He llamado a todas las floristas de cinco estados; les dije que era la única manera de que mi esposa se casara conmigo.

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¡Ni siquiera me conoces!

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—Tengo el resto de mi vida para conocerte.

Ofitas.

Ofitas.

«Decían que era viejo, que ya era viejo cuando se la llevó con él. Sus padres no querían nada con aquel hombre tan extraño. Había llegado al pueblo con gran fama de curandero. Hizo algunas curaciones que parecieron milagrosas. Gentes casi moribundas con piernas inmensas y deformadas, con enormes vientres, con temblores incontrolables, con diarreas continuas y vómitos y amarilleces en los ojos y en la cara. A veces les daba a tomar una poción transparente donde se veían flotar filamentos de raíces o de hojas. A veces los envolvía en un sahumerio espeso y asfixiante como en una nube y los tenía por horas chorreando sudor, mientras recitaba entre dientes oraciones e invocaciones con nombres desconocidos. A veces, pura y simplemente, les hacía un ensalmo, les colocaba algún objeto suyo sobre la picada de culebra o sobre la llaga profunda, volvía los ojos hacia arriba y comenzaba a implorar o a dar órdenes a espíritus o a seres infernales».

-La mujer de Uriel

Arturo Uslar Pietri

Eternidad.

Eternidad.

«De mi cuerpo descompuesto crecerán las flores y yo estaré en ellas. Eso es eternidad».

Edvard Munch

Jai Raphael
Jai Raphael
Jai Raphael
Jai Raphael
Jai Raphael
Jai Raphael
Jai Raphael