Celestes espejismos.

Celestes espejismos.

«Dicen que mi padre la bautizó rápidamente y que estuvo horas enteras frente a su cunita sin aceptar su muerte. Nadie pudo convencerlo de que debía enterrarla. Llevó su empeño insensato hasta esconderla en aquel pomo de chiles que yo descubrí un día en el ropero, el cual estaba protegido por un envase carmesí de forma tan extraña que el más indiferente se sentía obligado a preguntar de qué se trataba».

Historia de Mariquita.

Guadalupe Dueñas.

Cuando tú me detractas…

Cuando tú me detractas…

«El calvario se agrava. Ahora, antes de que amanezca, me dirijo anhelante al primer puesto, al vendedor más cercano; al gacetillero, al pepenador, para revisar meticulosamente cada publicación y comprobar si aún figura mi nombre, aunque sea en el directorio. Con mano temblorosa y ávida, abro las páginas; los dedos se me hacen huéspedes. Con esfuerzo olvido el llanto que me cause ver en algún rincón mi nombre de pila o la inicial perdida del apelativo que ya nadie reconoce».

Yo vendí mi nombre.

Guadalupe Dueñas.

Malagueña.

Malagueña.

«Allá en Juchipila a todos mis parientes y a mí nos decían mecos hijos de ésta, mecos hijos de la otra. Eso dejé de oírlo hasta que ingrese en la cárcel. Y de allí salí bien instruído; pero no se me borra el pasado ni el mundo de humillaje en que viví junto con mis hermanos, mis padres y mis abuelos. Tengo plena seguridad de que si algún día regreso a Juchipila me volverán a llamar meco. Así que necesito un documento probatorio para restregárselos en la cara y acusarlos de difamación si vuelven con sus “jijeces”».

El descubridor.

Juan Rulfo.

Endilgamiento.

Endilgamiento.

«Aquella mañana ella quiso ir al camposanto. Como siempre solía preguntar a Crispín, el no nacido, si estaba de acuerdo, lo hizo: “Crispín, le dijo, ¿te parece bien que vayamos? Te prometo que no lloraré. Sólo no sentaremos un ratito a platicar con tu padre y después volveremos; nos servirá a los dos ¿quieres?” Luego, tratando de adivinar en qué lugar podía tener sus manitas aquel hijo suyo: “Te llevaré de la mano todo el tiempo.” Esto le dijo».

La vida no es muy seria en sus cosas.

Juan Rulfo.

Inconfortable.

Inconfortable.

• MINIFICCIÓN •

La princesa Cardenal.

Marco de Mendoza

No eran los cuentos de princesas que me hacían creer que yo podría ser una; era mamá que me los leía cada noche, antes de que papá llegara del trabajo cansado y fastidiado, muy fastidiado; tanto, que necesitaba golpear a mamá, para luego él quedarse dormido en medio del sillón sosteniendo una cerveza. —No es que papá sea malo —decía mi madre, cubriéndose los cardenales—. —Es como en tus cuentos, siempre hay alguien así. —¿Cómo la bruja malvada mamá? —Preguntaba yo—, —Sí, justo así. —Yo prefiero ser princesa, mamá. —Eso debes ser, hija. Una buena y obediente princesa.
Hoy gracias a eso, soy una princesa muy obediente. Lo único malo, es que al igual que mamá, tengo una bruja malvada en casa. Y se queda dormido con una cerveza en la mano justo después de demostrarme… que yo no soy una princesa.