Ratched.

Ratched.

• SERIALES •

Ratched

Gwendolyn Briggs (Cynthia Nixon):

–¿Crees en ella?

Mildred Ratched (Sarah Paulson):

–¿Qué?

Gwendolyn Briggs (Cynthia Nixon):

–En la lobotomía. ¿De verdad crees en ella?

Mildred Ratched (Sarah Paulson):

–Si hace lo que dice que hace, sí, por supuesto. Una mente perturbada no puede aliviar su porpio sufrimiento. Una persona puede estar abrumada por ciertos impulsos y deseos… que destruyen su vida.

Gwendolyn Briggs (Cynthia Nixon):

–Pero, ¿no jugamos a ser Dios? ¿No decimos que ciertos sentimientos están bien y otros están mal?

Mildred Ratched (Sarah Paulson):

–Hay cosas que están bien y otras que están mal, Sra. Briggs. Creo en eso. Lo creo porque lo vi. Creo que es peor sentir ciertas cosas que no sentir nada.

¡Arder así!

¡Arder así!

• MINIFICCIÓN •

Loca pasión

Marco de Mendoza

Murcia creía que todos querían volverla loca. Murcia no estaba loca; aquel día solo quería saber qué se sentía cuando el cuerpo arde de pasión; nadie antes la había amado. Tomó su chaqueta azul de lana, y se prendió fuego. Fue entonces cuando supo que aunque ardía como el diablo, bien valía la pena. Ya nadie podría volverla loca. Ella misma había encontrado la manera de volverse loca… de pasión.

Desvaríos.

Desvaríos.

«Desvariaba. Los médicos habían dicho que se trataba de un principio de fiebre cerebral; y todos los compañeros de trabajo, que volvían de dos en dos del manicomio donde habían ido a visitarlo, lo repetían. Al decírselo a los compañeros que llegaban tarde y a los que se encontraban por la calle, parecían experimentar un placer peculiar, utilizando los términos científicos que acababan de aprender de los médicos. Y querían parecer preocupados; pero en el fondo estaban tan contentos, saliendo tan saludables de aquel triste manicomio, hacia el azul alegre de la mañana invernal, tras cumplir su deber con la visita».

-El tren ha silbado

Luigi Pirandelo.

Dislates.

Dislates.

«A los pies de una Venus colosal, uno de esos locos artificiales, uno de esos bufones voluntarios que se encargan de hacer reír a los reyes cuando el remordimiento o el hastío los obsesiona, emperejilado con un traje brillante y ridículo, con tocado de cuernos y cascabeles, acurrucado junto al pedestal, levanta los ojos arrasados en lágrimas hacia la inmortal diosa. Y dicen sus ojos: Soy el último, el más solitario de los seres humanos, privado de amor y de amistad; soy inferior en mucho al animal más imperfecto. Hecho estoy, sin embargo, yo también, para comprender y sentir la inmortal belleza. ¡Ay! ¡Diosa! ¡Tened piedad de mi tristeza y de mi delirio!».

-El loco y la Venus

Charles Baudelaire.

Locura.

Locura.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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HUMO BLANCO

Humo blanco, como canción de cuna en medio de la noche, como vaho nocturno que vuela, que trasciende hasta la gloria.

Sol de suaves trazos y esquirlas poderosas que dan vida, que florecen.

Es como un deseo que no acaba, perenne conciencia inequívoca.

Anídame en tu vientre, como nueva vida, como deseo glorioso que te inunde; ojarasca nueva, ven y dame de beber tu miel bendita. Que en tu vientre viva mi vida nueva.

Enloqueceme y vuelve aquí, que en la conciencia permanecerá, si es desdén perdido; que al cabo de un tiempo volverás, como un ave con memoria que recuerda la pasión y el calor de su nidal. Vuelve a mí como siempre. Locura. Como está escrito en la memoria de los anales, como astuto Hermes, como ese humo blanco que trasciende, como aroma fresco, como una vesania que no acaba; incesante, poderosa. Firme decreto que no rompe nadie, porque del galardón de la locura, nada nos salva, más nos premia.

Marco de Mendoza

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Un trago de sabor.

Un trago de sabor.

«Te echaste un trago de tequila y mordiste lo que «el Suave» te ofrecía. Chirrió como chicharrón salido del horno. Diste un salto y gritaste: -¿Qué es esto?¿Chicharrón? -¡No… gusanos! ¡Purititos gusanos de maguey! de donde sale el pulque… Pero… ¿no los había comido usted? Miraste espantado. ¡Gusanos! ¡Comiendo gusanos! Blancos, gordos y redondos como salchichas arrastrándose… Diste un grito solemne y brincaste como liebre hasta el mostrador pidiendo ¡agua! ¡agua! Te llamé, pero parecías no oirme. Con un vaso de cerveza en la mano cantabas la Marsellesa, en francés, y marcabas con el pie el compás. Estabas ya, plenamente, en la atmósfera nácar-rosa en que te gustaba vivir. Los mariachis tocaron y tú caminabas resuelto, con increíble agilidad. Como si anduvieras sobre un techo de nubes… Te metiste la mano en el bolsillo y tiraste un billete de cien pesos sobre la mesa».

-Solsticio de amor

Lolo de la Torriente

Beber de ti.

Beber de ti.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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BEBER AMOR

Bebí tu cuerpo enardecido, ráfaga sutil que esparce veneno como un fuerte brebaje, como candente tequila, como agua de vida. Obsesión bendita que aniquila, que me ata al cuerpo que venero y amo. Soy un ente que te aclama, que perverso bebe de tu boca con ahínco, con deseo; como un ave que clama por un poco de rocío. Beberé tu cuerpo, gota a gota hasta el hastío y comenzaré de nuevo, como un ebrio que sin ti ya tiembla, como un sueño que me salva y me conduce hasta la gloria. Bebí de ti, bebiste, bebimos. Y es un sueño que emana vida aunque esté ausente, aunque a ratos, aunque siempre. Bebámonos y volvamos a empezar, que la vida es breve, que el tiempo no perdona y que tú y yo amor tenemos aunque a ratos nos perdamos.

Marco de Mendoza

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Traidor vencido.

Traidor vencido.

• MINIFICCIÓN •

Peces de hielo

Manuel Menéndez Miranda

Sí, soy su esposa. Gracias, todavía estoy intentando asumirlo, hace apenas tres horas que hablé con él, cuando me llamó para avisarme que la reunión acabaría tarde. No, no tengo ni idea de quien era la chica que ocupaba el asiento del copiloto. Sí, me duele en el alma, como comprenderá, pero por mucho que usted confíe en una futura recuperación, es un gasto enorme y no podemos permitírnoslo, tengo que pensar en el futuro de mis hijos. No, no espere por mí, estoy preparando la cena de los niños y mañana madrugo, puede desenchufarlo ya. Despídame de él por favor, gracias.

Durmiendo con el enemigo.

Durmiendo con el enemigo.

Dante Alighieri ubica a los traidores en el último círculo del infierno ya que considera a la traición como el peor pecado de todos. La razón es que, a diferencia de otro tipo de crímenes, para traicionar primero hay que ganarse la confianza y el afecto de la víctima.

Guy Fawkes

Guy Fawkes, famoso por «La conspiración de la pólvora» que pretendía volar el Parlamento Británico.

Robert Ford

Carismático bandolero que asesino al famoso forajido y compinche Jesse James.

Julius y Ethel Rosenberg

Traidores acusados de facilitar a los Sovieticos los planos de la bomba atómica de los EEUU

La Malinche
E. E. Wright

Intérprete Responsable de facilitar a Hernán Cortés los puntos débiles de Moctezuma para con ello lograr la Conquista Española.

Marco Junio Brutus

Parricida, acusado de participar en el asesinato de su propio padre Julio César. Algunos lo ven más como Patriota que como traidor.

El beso de Judas
Giotto di Bondone

Judas Iscariote, discípulo de Jesucristo quien a través de un beso lo traicionara por treinta monedas ante el Sanedrín. Aunque Jorge L. Borges lo reinterpreta luego, llamándolo: «el mejor discípulo».

La perfidia de tu amor.

La perfidia de tu amor.

«Encontré que ya no quería a Robert en la misma forma que antes, puesto que dejó de parecerme el hombre más encantador del mundo y me había interesado Chas. Pero consideré al mismo tiempo que le profesaba un gran respeto y una gran estimación y ello estaba probado por la intensa emoción, el miedo, el sobrecogimiento que me produjo la posibilidad de ser descubierta. De no considerar y apreciar a Robert, tal posibilidad no me habría conmovido tanto. Examiné también a Chas y encontré que ese encantador pícaro jamás podría haberme despertado la reverencia que Robert. Ya no traté de escribir ninguna carta. Y desde este tiempo quise a Robert con seguridad y firmeza, pues el episodio me sirvió para valorizarlo… Además, quedé convencida de que la mujer es un ser fiel, o de que cuando menos yo lo soy, ya que por encima de todo, sentí una gran incomodidad ante mí misma, una especial vergüenza por lo que había hecho. Tal estado de ánimo se me quitó solamente cuando Robert volvió a casa y sentí como que me perdonaba su tranquila seguridad de hombre confiado…»

-Historia de una infidelidad

Ciro Alegría.