Hola, soledad.

Hola, soledad.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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En ti, soledad.

Soy yo, esta habitación en calma y mi soledad.
En tu obscuridad y tu abandono no temas soledad, porque también estoy aquí. Porque en ti encuento lo añorado, lo oculto, lo temido. En tus brazos soledad, están los sinsabores, y también dulces atardeceres.
Eres tú soledad, mi perfecto liminal. Ahí donde todo de repente llega, como un desafío inquietante, como un torrente desafiante; donde todo es arte, poderosa sinergía.
Soledad bendita como el límpido cielo que me abraza.
Eres soledad un sueño que abriga, que me reta y me vulnera. Es en ti donde llorar es paz y gritar es alivio, mientras tú a mi lado incesante ríes.
Y no es locura, es pasión; es nuestro encuentro y es constricción.
Es casualidad o propia decisión. Es camino formado o destino causal
Soledad que aquejas, que formas, que construyes
¿Eres soledad un miedo o un premio a esta quietud?
Eres soledad como una bruma fría, que sin embargo ampara. Eres mía soledad y me moldeas, paciente me enalteces en franca lozanía.
Somos soledad cuando encumbramos nuestros miedos con pasiones; cuando ellos se vuelven fervientes azadones del triunfo y el albor.
No temas a la soledad, que la alborada viene pronto, viene ya.

Marco de Mendoza.

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Este frenesí de ti.

Este frenesí de ti.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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LOCO

Un día sí voy a volverme loco. Voy a salir por esa puerta angosta y lúgubre que cubre el estrambótico y etéreo mundo donde todo es de otro color y más brilla. Voy a ir, y el sin rumbo caminar será mi inicio; voy a mirar el rededor y gritar cual loco de atar. Porque voy a volverme loco, eso es seguro.

Sí, de loco será el camino que ahora siga. Marcado por un final que no es final, sino principio; el principio de mi ahora todo, y que en su inicio encierra la razón de mi locura. Sin temor a este delirio voy a abrazarlo, como quien a un niño en llanto ciñe. Temerario, dispuesto y seguro hasta imprudente, a la locura voy y tomo. Patología certera me posee, y yo denodado le encomio, le acepto.

Porque sí, voy a volverme loco, muy loco. Y si no lo entienden es porque quiza a tu voz ellos aún siguen. Pero yo voy a volverme loco porque así es mejor, porque aquí y ahora yo ya no te tengo.
Sí, loco.

Marco de Mendoza.

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El instante que no espera.

El instante que no espera.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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No aguardes

No aguardes. No temas, ni huyas.
Esperar es el peor de los talentos.
Esperar no abona, mitiga.
No aguardes. La vida tiene un tiempo, no espera, no tolera, caduca.
Si temes, pierdes. Nadie espera perder.
Así que avanza, el tiempo no es un buen tipo y cobra caro la desventura del temor.
No aguardes, la zozobra carcome y destruye impulsos que alimentarían tus fuerzas.
Avanza, construye. Ataca muros y forma torres poderosas desde donde venturoso brilles.
No aguardes. Florece límpido, y glorioso avanza. Es el tiempo, es este el momento. Aguardar conmisera inútilmente la estadía en este mundo, en este plano que no tolera la espera, porque esperar causa olvido.
No aguardes, ve por todo; sin temor tómalo, haz que lo valga, haz que tu sueño y tu encanto medren como miel de vida.
No temas, no aguardes. Tómalo y brilla. Temerle a la vida destruye y tu naciste poderosamente grande, por ello no aguardes, es el tiempo. El temor se vence luchando. Cómete al mundo, todo. No desesperes, no esperes, ¡lucha y vive!

Marco de Mendoza.

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Obviar.

Obviar.

• MINIFICCIÓN •

La velocidad de lo efímero.

Rosa Delia Guerrero

Sólo era cuestión de tiempo, su vida se había convertido en un caos vertiginoso, atrapado en lo cotidiano. Un día Hong Kong, otro Nueva York y luego, quizá París. Envuelto en la soledad de los días escurridos de prisa sobre las manecillas del reloj. Todo ocurría a tal velocidad que parecía no suceder. Vivía en una ficción, tejida en forma de laberinto, sin imaginarlo lo atrapó por siempre.
Una mañana, o ¿era el atardecer?, subió a un tren. Sentado en la quietud de un compartimiento vacío, viajaba a gran velocidad. Nunca se detuvo a mirar el sol.
La muerte apareció puntual a la cita, ataviada con un vestido de seda negro, lo sedujo poco a poco.
Él la confundió con la rutina y la abrazó.

Tarot, así sólito, sin nada.

Tarot, así sólito, sin nada.

«Los hombres, creyéndose libres, son sólo un juguete de oscuros poderes, y humildemente deben conformarse con lo que el destino les depara».

El hombre de arena, E. T. A. Hoffmann.

Sebastian Domaschke

19. The sun [reconciliation].
Sebastian Domaschke
12. The hanged man [test].
Sebastian Domaschke
16. The tower [liberation].
Sebastian Domaschke
Holonimia.

Holonimia.

«Al fin y al cabo todo en este mundo es misterioso. No hay ningún hecho que pueda ser aclarado satisfactoriamente. Como tapabocas se publicaron fotos de la cabeza y el torso de un muchachito, vestigios extraídos del Canal de Desagüe. Pese a la avanzada descomposición, era evidente que el cadáver correspondía a un niño de once o doce años, y no de seis como Rafael. Esto sí no es problema: en México siempre que se busca un cadáver se encuentran muchos otros en el curso de la pesquisa».

Tenga para que se entretenga.

José Emilio Pacheco.

Holografía.

Holografía.

«El señor White sacó del bolsillo el talismán y lo examinó con perplejidad.—No se me ocurre nada para pedirle —dijo con lentitud—. Me parece que tengo todo lo que deseo.—Si pagaras la hipoteca de la casa serías feliz, ¿no es cierto? —dijo Herbert poniéndole la mano sobre el hombro—. Bastará con que pidas doscientas libras».

Pata de mono.

William Wymark Jacobs.

Holístico.

Holístico.

«—¿Qué cambiarías si pudieras?
Supo la respuesta, también antes de que llegara.
—Todo.
Sonrió. Nadie desea cambiarlo todo. Siempre hay una o dos cosas a las que desearías aferrarte. Pero comprendió perfectamente a lo que ella se refería. Y también, que la amaba de un modo similar: absoluto, radical, sin limitaciones… todo incluido».

Un juguete para Justine.

Antonio Malpica.