Erebo.

Erebo.

«Si de verdad quieres poner nerviosa a una bruja, hazle un favor que no tenga manera de devolverte. La obligación incumplida la roerá por dentro como un sordo dolor de tripas»

Terry Pratcchett

If I only could
Jakub Rōzalski
Vedma
Adam Burke
Nachttanz
Adam Burke
Amulet
Adam Burke
Mara
Aut. Desc.
Brujo
Santiago Caruso
Fuera por el Sabbat
William Mortensen
Feeding
David Astruga
Deseos.

Deseos.

—Todo lo que usted me dice ahora es muy triste, señor Abad; pero una cosa me consuela, y es que allá arriba, en el paraíso de las estrellas, seré todavía el Delfín… Sé que el buen Dios es mi primo y que sabrá tratarme como corresponde a la altura de mi rango.
Luego añade, volviéndose hacia su madre:
 —¡Que me traigan mis más bellos vestidos, mi jubón de armiño blanco y mis escarpines de terciopelo! Quiero hacerme fuerte ante los ángeles y entrar en el paraíso vestido de Delfín.
Por tercera vez, el capellán se inclina hacia el pequeño Delfín y le habla nuevamente en voz baja… En medio de su discurso, el niño le interrumpe con cólera:
—¿¡Pero entonces, grita, esto de ser Delfín, no sirve absolutamente para nada!?
… Y, sin querer atender a nada más, el pequeño Delfín se vuelve hacia la muralla, y llora amargamente.

-La muerte del delfín

Alphonse Daudet

La revuelta.

La revuelta.

«Apareció el toro, pero no con espíritu agresivo; ramoneaba tranquilamente a lo largo del camino, moviéndose con la mayor naturalidad. Por lo visto Joquito no quería luchar; sólo pedía libertad para correr a su gusto y para comer lo que le pareciera.
Pero los perros estaban de caza, y en viendo al toro comenzaron a ladrar de nuevo. Con graves ojos, Joquito se volvió a ellos, y en señal de que los menospreciaba, tornó a ramonear. Los perros se envalentonaron, y uno de ellos llevó su atrevimiento hasta morderle una pata. Joquito giró violentamente y en rápida embestida atacó a sus perseguidores. El animal había perdido otra vez la cabeza».

-El funeral

Juan Bosch.

Utopía.

Utopía.

«Todo lo que una persona puede imaginar; otras podrán hacerlo realidad».
Julio Verne

El guardián
Antonio Segura
Letargo
Antonio Segura
Silencio
Antonio Segura
Efímero
Antonio Segura
Jugando a la vida
Antonio Segura
Expreso polar
Antonio Segura
Ángeles
Antonio Segura
Carrusel
Antonio Segura
Bienvenido de vuelta
Antonio Segura
El ilusionista
Antonio Segura
Aprendiendo a vivir
Antonio Segura
Evolución
Antonio Segura
Cosas de adultos.

Cosas de adultos.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

Todos buscamos…

Una señal.

Salió volando por una esquina de la habitación. Brinqué de inmediato de un pesado letargo en la cama; no por miedo, por sorpresa. Me detuve observando, considerando si me acercaba o salía huyendo cual cobarde; no es que lo fuera, pero uno debe ser precavido. Y es que, un estrepitoso aleteo persistía detrás de la cortina donde ‘aquello’ fue a parar. A través de la ventana, la luna iluminaba una sombra fina y pequeña por debajo de aquel razo a rayas que colgaba del cortinero. Intenté con extraños sonidos y señas apercibirle para que huyera, puesto que era un intruso atacando mi espacio, mi tranquilidad. Persistió. Un zapato fue lo primero que miré cercano para defenderme. —¡Déjate de tonterías y acaba ya con eso, que estoy con mis oraciones! —Me dijo mi madre cuando a punto estaba de acribillarle con aquel calzado—. Así que por razones de efectividad, mejor corrí por el insecticida, levanté un resquicio de la cortina y rocié como si se tratara de una marabunta y no únicamente de un simple insecto. Un instante después, vi caer aquella pequeña sombra, con la ligereza propia de la pluma de un ave que se desprende sin voluntad. De nuevo, volví a dudar en acercarme. ¿Y si brinca, y si está llena de tentáculos y si es agresiva o venenosa? Dejé mi miedo luego de oír el segundo grito agudo de mamá —¡Te he dicho que estoy orando, así dios jamás me enviará una señal! Exhalé. Levanté la cortina de un brusco movimiento. Casi caigo al suelo, fue inevitable gritar, ¡vaya grito! Mi madre corrió apresurada a mi auxilio, a mi alarido. Impactada, gritó igual. —¡Mi señal, dios, mi señal! —Dijo— cuando al levantar aquella cortina, lo que descrubimos, fue que habíamos matado a un ángel.

Marco de Mendoza.

🍸

Candoroso.

Candoroso.

«—Señora, lléveme a su casa… —le supliqué a la de rosa. La señora se me quedó mirando, se echó unas mechas güeras hacia atrás y luego comenzó a reírse. Me dirigí a su hija que tenía unos ojos grandes y muy compadecidos—.
—Dígale a su mamacita que me lleve a su casa… no tengo casa, ando perdido y tengo mucho miedo. ¿No ve que ya está cayendo la noche?
La señora se agachó para divisarme bien y volvió a reírse con más ganas.
—¡Mira, pues estamos igual! Tampoco nosotras tenemos casa y también tenemos miedo —me dijo muy alegre—. ¡No le creí! ¿Cómo una señora tan güera y tan elegante no iba a tener casa? Agaché los ojos y vi unas hojitas caídas en el suelo, que en medio de las sombras brillaban como moneditas de oro y escuché decir a la colegiala:
—Es verdad, no tenemos casa… y tenemos miedo…
—No nos crees. ¿Cómo te llamas? —preguntó la señora.
—Faustino Moreno Rosas —contesté y se me olvidó aquello que le decía a mi señorita: «para servir a usted». Pues ¿de qué le iba yo a servir a esa señora y a su hija? ¡De estorbo!—
—Ando cansado, he caminado todo el santo día…
—También nosotras hemos venido a pie hasta acá —dijo la hija de la señora—.
—No nos crees, Faustino. ¡Pues ven con nosotras para que veas que no te engañamos! —dijo la señora—».

-El niño perdido (Andamos huyendo, Lola)

Elena Garro.

Deseo metamorfoseo.

Deseo metamorfoseo.

«—¡Qué limpia está! En ella nunca se ha parado una mosca.
Don Tomás se acarició las mejillas lampiñas y las miró con malicia.
—¿Las moscas? No se atreverían jamás. La mosca que se acerque a ella se muere en el mismo instante. Por eso, niñas, eviten convertirse en moscas volanderas y molestas
—les advirtió con severidad—.
Se quedaron preocupadas. Había que evitar convertirse en mosca… aunque las moscas poseían dos alas muy pequeñas, estriadas y transparentes, hechas con el papel más fino que soñó el maestro del papel de seda. Con esas alas dibujadas con la tinta más exquisita podían volar y posarse en la boquita abierta de la criatura inaccesible o acariciarle las mejillas casi tan rojas como las amapolas. Para las moscas no existían las alturas ni la pila de jabones amarillos sobre la que descansaba la diosa con los brazos gordezuelos extendidos.
—Pídele a Dios que nos convierta en moscas por un día —le pidió Lelinca a su hermana—».

-Las cuatro moscas (Andamos huyendo, Lola)

Elena Garro.

Infantilerías

Infantilerías

«’¡Mentiroso! ¡Mentiroso!’, me gritó usted papá, porque me salí del mundo y luego ordenó:
—¡Vete a ese rincón! ¡Híncate! Pon los brazos en cruz y pídele a Dios que te perdone tantísimas mentiras como has dicho esta triste noche en la que te esperamos sin esperanzas de volver a hallarte.
Y aquí estoy en el rincón, viendo mi sombra sobre la pared de adobe, con las rodillas y los brazos muy cansados, con mis tiritas de regalos tiradas en el suelo, oyendo cómo roncan mis padres, mientras yo estoy crucificado sólo porque vi las trescientas sesenta y cinco casas de Dios, vi a Marta y a María planchándole sus vestidos, vi a Santa Rita, a los remolinos de pájaros, a su altarcito para que recen, vi a las Once Mil Vírgenes todas chiquititas, cubiertas de flores sonrosadas, vi al Rey del Mundo que tuvo la atención de hacerme tantos regalos, vi al Hombre, escondido en el cerro con su carabina y que sólo sale para ver los huesos de los muertos Antiguos, que ahora me parece que él mismo los mató, vi a los Apóstoles y si no vi a Judas es porque ya se había huido y vi a san José… ¡Y aunque les pese, los vi y los vi y los vi!… Papá, no apague la vela. ¡Ya la apagó! Papá, no me diga mentiroso, porque los vi, los vi y los vi… por eso ahora estoy crucificado en este rincón oscuro…»

-El mentiroso (Andamos huyendo, Lola)

Elena Garro.

2255.

2255.

«El artista no sólo debe entrenar el ojo, sino también su alma.»

Wassily Kandisnksy

Object
Erik Hallik
Sun salutation
Erik Hallik
Relief
Erik Hallik
Visitant II
Erik Hallik
Far
Erik Hallik
Fall
Erik Hallik
Visitant III
Erik Hallik
Flipside
Erik Hallik
Dreamscape
Erik Hallik
Panfleto.

Panfleto.

• MINIFICCIÓN •

MADRASTRA EN LA VENTANA

LORENA ESCUDERO

De nada han servido estos años de educarla en el valor del trabajo en lugar de la frivolidad, de confiar más en su juicio que en el de mis propias hijas mentecatas, de servirle de moderno ejemplo de mujer capaz, desenvuelta patrona sin consorte. De nada han servido: allá va la tonta de Cenicienta al baile (se cree que no la veo), a entregarle su engrilletada sumisión al principe que le ofrezca el primer baile.