Minientrada

Aquí, mira, ven…

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Atolina lo sabía

Atolina, con las uñas, rascaba la pared como buscando un tesoro o qué sé yo.
Atolina no se apartaba de aquella pared. Con la lánguida esperanza de encontrar algo, no sé qué.
Atolina mira la blancuzca pared, con los ojos rojos, hinchados de ni siquiera parpadear; en la espectiva de sabrá qué diablos.
Atolina ríe a la pared. Ahogada, jala aire y vuelve a reír. Llora, ahora llora; tan mutilante, que duele. —¡Qué carajo!, —Grito y la toco—.
Atolina gira la cabeza y se levanta. Temblorosa, sacude sus manos, me mira, da vuelta y se va.
Me acerco a la pared, la miro, la rasco, busco. Río y lloro, sí, ahora también lloro. Me quiero ir, no puedo. Que alguien me ayude; no hay nadie más aquí. Grito, pero es mudo.
Atolina nunca me dijo, que en la pared se escondía el diablo.

Marco de Mendoza

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Hasta en las mejores familias.

Hasta en las mejores familias.

• SERIALES •

Murder among the Mormons.
T.1 E.3

Mark Hoffman:

—Desde que tengo memoria, siempre me gustó impresionar a los demás con mis engaños. Engañarlos me daba una sensación de poder y superioridad.
Cuando tenía 12 años, comencé a coleccionar monedas. Poco después, descubrí maneras de engañar a otros coleccionistas al alterar monedas para que lucieran más atractivas. A los 14, ya había desarrollado una técnica de falsificación que me parecía indetectable.
En fin, un día, estas monedas llegaron al Departamento del Tesoro, y dijeron que eran genuinas. Para mí, si el Departamento del Tesoro declaraba que eran genuinas, por definición, eran genuinas.
No se trata de qué es genuino y qué no, sino de qué cree la gente que es genuino.

Shannon Flynn (antiguo colega de Mark Hoffmann):

—Mark dijo algo que hará pensar a todos. Básicamente dijo que, si algo parece ser verdad y se acepta como verdad, se vuelve verdad.
¿Entonces todos vivimos en una gran mentira?

Voz en off:

—¿Podria explicarme por qué era tan bueno en lo que hacía, probablemente el mejor?

Shannon Flynn (antiguo colega de Mark Hoffmann):

—Te pido un favor. No me hagas responder eso. Que alguien más lo haga.
No quiero convertirlo en un héroe. ¡Porque fue fantástico! Nadie ha estado siquiera cerca de hacer lo que él hizo. La profundidad del conocimiento y comprensión y su capacidad autodidacta, no tienen precedentes. Su habilidad para engañar a la gente, no tiene igual.
Debí haber sospechado de él. Todos debimos haber sospechado de él, pero no fue así.
La gente simplemente no quiere saber…

Aciagos malditos.

Aciagos malditos.

«Nuestra escuela era pobre, como el pueblo, como nosotros, como la señorita Marta Amaya que allí había llegado, nombrada por el gobernador, hacía dos años, sola, con su sombrero de paja, su falda de tela clara y su maleta de cuero que podía abrirse como un fuelle. Era realmente bonita la señorita Marta. Y a mí siempre me pareció buena. Y ahora, ahora la señorita Marta estaba como muerta, pero no estaba muerta, entre su cama, con la blusa desgarrada y los senos al aire y la falda tirada sobre el piso, y una de las piernas colgando, como un péndulo, del borde del lecho. No debía estar muerta, a pesar de que tenía los ojos cerrados, porque yo veía cómo ondulaba y ondulaba ese pecho desnudo».

-Lección de domingo

Hernando Téllez.

Hasta que el sol se escape con la luna.

Hasta que el sol se escape con la luna.

«En aquel tiempo Hildegarde era una mujer de treinta y cinco años, con un hijo, Roscoe, de catorce. En los primeros días de su matrimonio Benjamín había sentido adoración por ella. Pero, con los años su cabellera color miel se volvió castaña, vulgar, y el esmalte azul de sus ojos adquirió el aspecto de la loza barata. Además, y por encima de todo, Hildegarde había ido moderando sus costumbres, demasiado plácida, demasiado satisfecha, demasiado anémica en sus manifestaciones de entusiasmo: sus gustos eran demasiado sobrios. Cuando eran novios ella era la que arrastraba a Benjamín a bailes y cenas; pero ahora era al contrario. Hildegarde lo acompañaba siempre en sociedad, pero sin entusiasmo, consumida ya por esa sempiterna inercia que da miedo y que viene a vivir un día con nosotros y se queda a nuestro lado hasta el final».

-El extraño caso de Benjamin Button

F. Scott Fitzgerald.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

«La fuerza de sus mentiras procedía de su sinceridad y de la simple y absoluta confianza en que la persona a quien quería debía quererla a su vez. Josephine nunca se avergonzaba ni se quejaba de nada. No tenía miedo. Ahora estaba a solas con un hombre, un mundo en el que se había movido con seguridad desde que tenía ocho años. No planeaba nada; se dejaba llevar, y la vida irresistible que había en ella hacía el resto. Sólo cuando se nos ha ido la juventud, y la experiencia nos ha dotado de una especie de coraje de pacotilla, solemos darnos cuenta de lo simples que son las cosas».

-La primera herida

F. Scott Fitzgerald

Déjame amarte en vida.

Déjame amarte en vida.

«Era una noche oscura, aunque desde el fondo de la calle llegaba el resplandor borroso de la Sexta Avenida. A aquella luz, los dos que habían sido amantes se miraron por última vez, y vieron en sus caras trágicas que entre los dos no reunían la juventud ni la fuerza suficientes para impedir la separación eterna. Entonces Sloane se perdió calle abajo y Anson golpeó el brazo de un taxista medio dormido».

-El joven rico

F. Scott Fitzgerald.

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Y entonces, ¿qué somos?

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Fuímos

Fuímos novios sin ser novios, como en la antesala de un palacio.
Nos besábamos el alma porqué no las bocas, imposible.
Traficábamos los sueños entre líneas interruptas, sin complejo.
Comíamos el maná de nuestro éxtasis en marabuntas de placer, bebí tu manantial.
Apresurábamos al tiempo, como el único culpable de esta tonta asincronía.
Desojamos margaritas y en el vilo, volvíamos al recuento de cada paso no acordado.
Éramos como lo que todos quieren y que nadie encuentra, un microscopio en el cielo.
Ganamos descontento y orgullo, como vaho invernal, innecesario, complicado.
Encontramos la medalla del hastío, válvula mortal en cada tándem inconstante. Más salvos ocurrimos.
Fuímos llanto, río salado que en tus labios se perdía.
Fuímos todo o casi todo.
Porque si algo nunca fuímos, fue por desmotivo o quizá por miedo.
Y sí, al final nos ganó el miedo; nunca fuímos, no pudimos, no quisimos, no alcanzamos. Tontos catacaldos porque nada fuímos. En vano sortilegio. Cobardes temerosos, inconclusos.

Marco de Mendoza

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Cuando el futuro nos alcance.

Cuando el futuro nos alcance.

• SERIALES •

TRIBUS DE EUROPA
T.1 E.5

Varvara (Melika Foroutan):
—Eres mi propiedad, Kiano, mi juguete, ¿por qué te dejaría ir?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Porque quiero ser libre

Varvara (Melika Foroutan):
—Solo la muerte libera a los Cuervos

Kiano (Emilio Sakraya):
—Quiero convertirme en uno

Varvara (Melika Foroutan):
—¿Qué distingue a un cuervo?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Fuerza, honor…

Varvara (Melika Foroutan)
—¿Fuerza, honor?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Y la disposición a matar.

Varvara (Melika Foroutan):
—Bien.
Pero, ¿qué le falta, Bozies?

Bozies (Varios):
—La disposición a morir

Varvara (Melika Foroutan):
—¿Tienen miedo de morir, Bozies?

Bozies (Varios):
—¡No, Lord Varvara!

Varvara (Melika Foroutan):
—Pero tú sí, Kiano. Tú tienes miedo de morir.

Riesgos absolutos.

Riesgos absolutos.

• SERIALES •

OZARK
T.2 E.10

Marty Byrde (Jason Bateman):
—Esto no es sostenible

Wendy Byrde (Laura Linney):
—¿Y escapar sí? ¿Contratar sustitutos? ¿Cambiar de identidad?
¿Y si esto fuera la Costa Dorada que soñamos?

Marty Byrde (Jason Bateman):
—No, no lo es.

Wendy Byrde (Laura Linney):
—Hmm. Solo sabemos lo que fue.
¿Y qué hay de lo que podría ser?
Tú mismo lo dijiste. «Cuando el casino abra, marchará como un reloj». Podrías volver a trabajar solo en tus números. Los niños estudiarían, echaríamos raíces.

Marty Byrde (Jason Bateman):
—Sacrificariamos mucho, carajo, para poder huir.
¿Y la mafia de Kansas City? Wendy, me hice el valiente con ellos porque sabía que huiríamos.

Wendy Byrde (Laura Linney):
—No estamos solos aquí. Tenemos socios muy agradecidos por lo que hicimos.
Siempre es mejor ser quien empuña el arma que quien huye del tirador.

A cambio de qué…

A cambio de qué…

• SERIALES •

EUPHORIA
T.1 E.2

Fezco (Angus Cloud):
—La verdad es que todo tu asunto con la droga me puso mal.

Rue (Zendaya Stoermer):
—Vamos, no te me ablandes.

Fezco (Angus Cloud):
—No, no es eso. Es que me agradas. Te extrañé y, la manera en que comenzó el verano me asustó mucho.

Rue (Zendaya Stoermer):
—A ti y a todos los demás.

Fezco (Angus Cloud):
—En serio Rue. He visto morir a mucha gente. Nadie como tú. No sé qué locura tienes en la cabeza y no sé cómo ayudarte. Pero lo que sí puedo decirte es que la droga no es la respuesta.

Rue (Zendaya Stoermer):
—Recuerdo cuando tenía once años. Fue un par de meses después de que diagnosticaron a mi papá y nos dieron su pronóstico; era bueno, realmente bueno. Era como ochenta-veinte y decidimos celebrar; así que pedimos comida china. Recuerdo que, esa noche, estaba acostada en la cama entre mis padres y de pronto no podía respirar. Fue como si no quedara nada de aire en todo el mundo. Estaba jadeando y entré en pánico. Llamaron a la ambulancia y pensaron que era una reaccion alérgica o una mierda así. Cuando llegué al hospital, me dieron Valium líquido. Sí. Para calmarme. Y cuando me hizo efecto, pensé «es esto». «Esta es la sensación que he buscado durante toda mi vida, desde que tengo memoria˝. Porque, de pronto, el mundo se silenció. Y me sentí a salvo, en mi propia mente. Dos años después, papá había muerto. Los ataques de pánico siguieron. Y yo hallé una forma de vida. ¿Terminará matándome? Puede ser. Demonios… tal vez no, no sé.
¿Seguirás siendo mi proveedor, Fez?

Fez (Angus Cloud):
—No sé, pero juro que estás tremendamente loca hermana. Y estoy demasiado drogado para tener está conversación ahora.

Rue (Zendaya Stoermer):
—Sí, yo también. Yo también, maldita sea.