Un mal cruel.

Un mal cruel.

«Claro que probé estar en pareja; después de todo, según las estadísticas, al cabo de la segunda década luego de la pandemia más del cincuenta por ciento de los hombres se hicieron homosexuales, y hoy la proporción debe ser mucho mayor. Lamentablemente, eso de tener por pareja a un hombre conmigo no funcionó; no sólo me sentía incómodo, algo en lo que de seguro tuvo la culpa mi hipertrofiado superyó, sino que pronto me di cuenta de que la histeria femenina de la que tanto renegaba en las buenas épocas no era, al fin y al cabo, una cuestión de sexo, sino de convivencia entre dos personas».

En busca de la X perdida.

Damián Cés.

Lo divino es femenino.

Lo divino es femenino.

«Soy inquieta y áspera y desesperanzada. Aunque amor dentro de mí, eso sí lo tengo. Pero no sé usar el amor. A veces me araña como si fuese una garra».
Clarice
Lispector

Como Peito terrenal.

Como Peito terrenal.

«Una mujer como ésta vale más, mucho más. Yo sabía que valía mucho más porque ella me lo dijo: “Ricardo, cuando tengas veinte pesos, iremos a la casa para divertirnos”. ¡Veinte pesos! Todo un mes de trabajo, y sin pensar en mamá, sin ahorrar nada para los zapatos, dejándome crecer el pelo. No. Genoveva no iría jamás conmigo a la casa de la esquina, jamás podría yo cruzar el zaguán oscuro, llegar al misterioso interior donde, por fin, se me entregaría, donde podría verla desnuda y palpar su cintura breve y sus senos erguidos y sus caderas graciosas. La piel se me erizaba y la corriente del deseo parecía que me quemara la sangre. ¡Qué poca cosa era yo en el mundo! Menos que un grano de trigo en la zaranda, menos que un grano de maíz en el bulto».

-Genoveva me espera siempre.

Hernando Téllez.

Aciagos malditos.

Aciagos malditos.

«Nuestra escuela era pobre, como el pueblo, como nosotros, como la señorita Marta Amaya que allí había llegado, nombrada por el gobernador, hacía dos años, sola, con su sombrero de paja, su falda de tela clara y su maleta de cuero que podía abrirse como un fuelle. Era realmente bonita la señorita Marta. Y a mí siempre me pareció buena. Y ahora, ahora la señorita Marta estaba como muerta, pero no estaba muerta, entre su cama, con la blusa desgarrada y los senos al aire y la falda tirada sobre el piso, y una de las piernas colgando, como un péndulo, del borde del lecho. No debía estar muerta, a pesar de que tenía los ojos cerrados, porque yo veía cómo ondulaba y ondulaba ese pecho desnudo».

-Lección de domingo

Hernando Téllez.

Para sabores, los colores.

Para sabores, los colores.

«Rosario era en cierta manera, implacable. A los 17 años hubiera querido ser ya esposa, madre y probablemente viuda. Llevaba, en lo profundo de su ser, una tremenda urgencia vital. Del colegio donde estudiaba fue preciso extraerla discretamente, pretextando un inaplazable viaje de sus padres a otras provincias del país, para evitar así toda suerte de escándalo: la habían sorprendido besándose apasionadamente con una profesora, cuyas sospechosas costumbres llenaban la crónica secreta del establecimiento. Además, entre los efectos personales de Rosario, la inquisitiva inspección de las directoras encontró cándidos pero ardientes billetes de amor, provenientes de otros sectores femeninos del colegio».

-Rosario dijo que sí

Hernando Téllez.

Minientrada

Siempre por ti, mujer.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

Mujer

Como viento fresco, como suave brisa que acaricia. Piel porcelana. Así mujer, mueves vida y consuelas miradas.
Del cielo al infinito, murmullo celeste acompasado, tenue y cálido.
Brillas como un trueno, y así mismo clamas, poderoso estruendo. Eres todo, quiero que seas todo.
La vida es tuya porque la das, porque eres reina y potentada. Porque te pertenecemos, mujer.
Posees gloria, eres la gloria. Por cada rincón y por cada brillo anidas dicha, contagias. Con una caricia conviertes lava en suave manto, como si de tus manos emergiera poder bendito.
¿Quién eres mujer y quién soy yo para poder siquiera amarte?
Dime, mujer, si te meresco acaso; si tu sabía de amor es lo que pretexto para soñar, para vivir.
Gracia prudente que envuelve paz, como mar en calma, como dicha constante.
Brilla mujer, y en tu brillo eterno quiero contigo ser.

Marco de Mendoza

🍸

This girl is on fire.¹

This girl is on fire.¹

«Los incineramientos los hacen los hombres, chiquita. Siempre nos quemaron. Ahora nos quemamos nosotras. Pero no nos vamos a morir: vamos a mostrar nuestras cicatrices. La torta era para festejar a una de las Mujeres Ardientes, que había sobrevivido su primer año de quemada».

Las cosas que perdimos en el fuego.

Mariana Enríquez.

¹ Girl on Fire, Alicia Keys

Minientrada

Nunca más.

• MINIFICCIÓN •

Estocada final

Marco de Mendoza

Otilia levantó alto su mano, y con fuerza dio una estocada final. Nunca había toreado a un animal así, se caía sin fuerzas, pero no iba a dejarse vencer ante aquella bestia infame y retorcida. Limpió sus lágrimas con dolor; sentía que el cuerpo se le iba resquebrajándo por cada hueso. La respiración agitada y el miedo no se disipaban a pesar de haber terminado ya con aquel suplicio. Luego, tiro el cuchillo sobre el piso ensangrantado y yéndose, se juro que nunca volvería a permitir que otro hombre como aquel, la golpeara una vez más.