Durmiendo con el enemigo.

Durmiendo con el enemigo.

Dante Alighieri ubica a los traidores en el último círculo del infierno ya que considera a la traición como el peor pecado de todos. La razón es que, a diferencia de otro tipo de crímenes, para traicionar primero hay que ganarse la confianza y el afecto de la víctima.

Guy Fawkes

Guy Fawkes, famoso por «La conspiración de la pólvora» que pretendía volar el Parlamento Británico.

Robert Ford

Carismático bandolero que asesino al famoso forajido y compinche Jesse James.

Julius y Ethel Rosenberg

Traidores acusados de facilitar a los Sovieticos los planos de la bomba atómica de los EEUU

La Malinche
E. E. Wright

Intérprete Responsable de facilitar a Hernán Cortés los puntos débiles de Moctezuma para con ello lograr la Conquista Española.

Marco Junio Brutus

Parricida, acusado de participar en el asesinato de su propio padre Julio César. Algunos lo ven más como Patriota que como traidor.

El beso de Judas
Giotto di Bondone

Judas Iscariote, discípulo de Jesucristo quien a través de un beso lo traicionara por treinta monedas ante el Sanedrín. Aunque Jorge L. Borges lo reinterpreta luego, llamándolo: «el mejor discípulo».

Crímen en el frente.

Crímen en el frente.

«—¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!
—¡Mírame, coronel! —pidió él—. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates…!
—¡Llévenselo! —volvió a decir la voz de adentro.
—…Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!
Estaba allí, como si lo hubieran golpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra. Gritando.
En seguida la voz de allá adentro dijo:
—Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache para que no le duelan los tiros».

-¡Diles que no me maten!

Juan Rulfo.

Rosas malsanas.

Rosas malsanas.

Por fin subió las escaleras. La puerta no estaba cerrada con llave. Entró y miró hacia la ventana, y allí seguía Marjorie, sobre el pequeño baúl. Le llegó entonces la intensa fragancia de las rosas. Golpeó sus suaves pétalos. El brazo de Marjorie se había caído. Se había roto el equilibrio perfecto y su mano colgaba por fuera de la ventana, como para atrapar el viento.
Luego Howard advirtió que todo se había detenido. Era exactamente como él había temido, exactamente como había soñado. Había tenido un sueño que se había hecho realidad.
Retrocedió despacio, salió del cuarto y bajó corriendo las escaleras.
La primera persona que vio en la esquina de la calle era un policía que miraba volar las palomas.
Se acercó a él y se quedó a su lado.
—¿Sabe usted lo que hay allí arriba, en aquella habitación? —preguntó al fin.
Le turbaba preguntarle algo a un policía con aquellas flores tan hermosas en la mano.
—¿Qué hay? —preguntó a su vez el policía.
Howard inclinó la cabeza y hundió la cara en las rosas. —Una mujer muerta. Marjorie está muerta. —¡Oh! ¡Caramba! —decía el policía mientras Howard, perplejo, miraba a un lado y a otro.
Le observaba con firmeza, memorizando para siempre la indescriptible y polvorienta figura de grandes ojos grises y cabello pajizo.
—Y supongo que las gotas rojas de sus pantalones son pétalos de rosa, ¿verdad?
Al fin asió al hombre de mirada fija por el brazo.
—No tengas miedo, muchachote. Yo subiré contigo —dijo.
Dieron la vuelta y se encaminaron hacia la casa, codo con codo. Cuando las rosas se desprendieron de los dedos de Howard y fueron cayendo de cabeza a lo largo de la acera, las niñas corrieron a cogerlas furtivamente y se las pusieron en el pelo.

-Flores para Marjorie

Eudora Welty

Sabbat.

Sabbat.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

AKELARRE

Pablo Agüero
( 2020)

🎞 📽

Pierre de Lancre (Alex Brendemühl)

—Atroz

Le conseiller (Daniel Fanego)

—¿Cuántas más muertes serán necesarias, señor?

Pierre de Lancre (Alex Brendemühl)

—¿Y qué podemos hacer contra tal determinación?

Lucifer les sella los labios con tanta fuerza que podríamos despedazarlas lentamente y seguirían sin revelarnos los secretos del Sabbat

Le conseiller (Daniel Fanego)

—¿Y si el Sabbat no existiese?, ¿si solo fuese un sueño?

Pierre de Lancre (Alex Brendemühl)

—Sí solo fuese un sueño, ¿Cómo tantas mujeres podrían tener el mismo sueño?

[…]

Pierre de Lancre (Alex Brendemühl)

—No hay nada mas peligroso que una mujer que baila, pero las danzas más macabras, las más obscenas, son aquellas que se celebran en los bosques, porque son secretas, porque solo Lucifer y sus sirvientes las conocen, porque solo ellos han celebrado los ritos del Sabbat.

Si no las detenemos a tiempo, esas brujas perversas van a invertir el orden del universo.

Minientrada

Deseo carmesí.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

ROJO

Lorenza toma el par de zapatos altos de rojo carmesí que había comprado antes de que Miguel se marchase. Los calza y se mira frente al espejo, desnuda, completa; sin otra cosa sobre su piel ansiosa que aquellos vivaces tacones mortales. Aquel día en la tienda Miguel le negó con la cabeza cuando ella le mostro los zapatos. Brillaban tanto que iluminaron los ojos sombrios de Lorenza y ella, en su obediencia ambigua, no refutó aquella negación. Miguel la tomó de la mano rígido y salieron de aquel local en busca del bar donde se encontrarían con varios amigos. El ambiente es pesado, oscuro e incluso agrio. Lorenza sonriendo, le pide a Miguel un poco de su trago. Él la mira y sonríe, luego, de un sorbo bebe el total del vaso y le indica que pida otro para que lo pruebe, si quiere, ríe con sus camaradas. Lorenza se levanta, Miguel la reprime. Espera a que se distraiga y se cuela al baño, ahí descarga su rabia encaretada de miedo, de angustia y de olvido. Sale de aquel bar y mira hacia todos lados, respira. Regresa después al mismo sitio. Miguel ni siquiera lo ha notado, está pasadísimo; solo grita y ríe como un simio grotesco. Vuelven a casa, Lorenza se sienta sobre el filo de la cama y se quita aquellos tacones brillantes que compró en su escapada del bar. Miguel tampoco lo nota. Él se tira sobre la cama y la empuja con los pies, ella cae, él ríe. Lorenza tiene atorados en el alma coraje y rabia desdeñosa. Levanta aquellos tacones, los aprieta contra su pecho y entre sus manos. Fuerte. Miguel grita, ella ya no puede más. Un alarido corta el viento.
Lorenza calza frente al espejo aquellos tacones amarillo intenso que compró hace unas horas; desnuda tiembla, ese rojo intenso que ahora cubre sus zapatos viene desde la cama donde Miguel ya no está, por lo menos no para descalificarla. Ese intenso carmesi le recorre desde los orificios donde antes tuvo ojos, hasta las sabanas tibias que ahora lo cubren y llega luego a los pies de Lorenza. Le gusta ése tono, sin embargo, irremediable llora. ¿Por qué siente placer? No lo sabe, sólo se pregunta si ahora que Miguel se ha marchado así, ya es libre, o más prisionera que nunca.

Marco de Mendoza

🍸

insufrible.

insufrible.

«Sí, hermano. Lo vi todo, todito. Y me dolió cuando te pegó el primer palo en la barriga y siguió hasta que te reventaste. Yo estaba ahí, hermano. Estaba acompañado de la mosca. Es más, la mosca es mi único testigo. Por eso la traigo hoy. Hoy que me gradué de hombre. Pero no te he dicho todavía que conté cuántos palos te dió el desgraciado en la barriga hasta que reventaste. Pero, ¡qué importa! Lo importante es que hoy hace un rato, cuando me encontré al americano que venía solo por el callejón oscuro que hay por la casa de Fela, le dí 37 puñaladas en la barriga. Y como la mosca estaba conmigo, ahora te la traigo hermano. Y ahora te puedo contar que lo ví todo, todito, pero no quise venir a contarte nada hasta tener la historia completa».

-El testigo

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Hasta en las mejores familias.

Hasta en las mejores familias.

• SERIALES •

Murder among the Mormons.
T.1 E.3

Mark Hoffman:

—Desde que tengo memoria, siempre me gustó impresionar a los demás con mis engaños. Engañarlos me daba una sensación de poder y superioridad.
Cuando tenía 12 años, comencé a coleccionar monedas. Poco después, descubrí maneras de engañar a otros coleccionistas al alterar monedas para que lucieran más atractivas. A los 14, ya había desarrollado una técnica de falsificación que me parecía indetectable.
En fin, un día, estas monedas llegaron al Departamento del Tesoro, y dijeron que eran genuinas. Para mí, si el Departamento del Tesoro declaraba que eran genuinas, por definición, eran genuinas.
No se trata de qué es genuino y qué no, sino de qué cree la gente que es genuino.

Shannon Flynn (antiguo colega de Mark Hoffmann):

—Mark dijo algo que hará pensar a todos. Básicamente dijo que, si algo parece ser verdad y se acepta como verdad, se vuelve verdad.
¿Entonces todos vivimos en una gran mentira?

Voz en off:

—¿Podria explicarme por qué era tan bueno en lo que hacía, probablemente el mejor?

Shannon Flynn (antiguo colega de Mark Hoffmann):

—Te pido un favor. No me hagas responder eso. Que alguien más lo haga.
No quiero convertirlo en un héroe. ¡Porque fue fantástico! Nadie ha estado siquiera cerca de hacer lo que él hizo. La profundidad del conocimiento y comprensión y su capacidad autodidacta, no tienen precedentes. Su habilidad para engañar a la gente, no tiene igual.
Debí haber sospechado de él. Todos debimos haber sospechado de él, pero no fue así.
La gente simplemente no quiere saber…

Aciagos malditos.

Aciagos malditos.

«Nuestra escuela era pobre, como el pueblo, como nosotros, como la señorita Marta Amaya que allí había llegado, nombrada por el gobernador, hacía dos años, sola, con su sombrero de paja, su falda de tela clara y su maleta de cuero que podía abrirse como un fuelle. Era realmente bonita la señorita Marta. Y a mí siempre me pareció buena. Y ahora, ahora la señorita Marta estaba como muerta, pero no estaba muerta, entre su cama, con la blusa desgarrada y los senos al aire y la falda tirada sobre el piso, y una de las piernas colgando, como un péndulo, del borde del lecho. No debía estar muerta, a pesar de que tenía los ojos cerrados, porque yo veía cómo ondulaba y ondulaba ese pecho desnudo».

-Lección de domingo

Hernando Téllez.

In God we trust(?)

In God we trust(?)

«Entraron en la posada y revolvieron las cosas de la maleta y del saco de viaje de Aksenov. De pronto, el jefe de policía encontró un cuchillo en el saco.
—¿De quién es esto? —exclamó.
Aksenov se horrorizó al ver que habían sacado un cuchillo ensangrentado de sus cosas.
—¿Por qué está manchado de sangre? —preguntó el jefe de policía.
Aksenov apenas pudo balbucir lo siguiente:—Yo… yo no sé… yo… este cu… no es mío… —De madrugada han encontrado al comerciante, degollado en su cama. La pieza donde habéis pernoctado estaba cerrada por dentro y nadie ha entrado en ella, salvo vosotros dos. Este cuchillo ensangrentado estaba entre tus cosas y, además, por tu cara, se ve que eres culpable».

–Dios ve la verdad pero no la dice cuando quiere.

León Tolstói.