Guerra entre hermanos.

Guerra entre hermanos.

• SERIALES •

Vikingos

Donal Logue (Rey Horik):

Esperaremos a ese demonio traicionero, y también a tu hermano. Salvo que Rollo te haya dicho otra cosa.

Travis Fimmel (Ragnar Lothbrok):

No, Rey Horik. No he tenido noticias de mi hermano, pero aún creo en mi corazón que no me traicionará, por que no tiene motivos.

Gustaf Skarsgård (Floki):

¿Quién necesita un motivo para la traición? Uno siempre debe pensar lo peor Ragnar, hasta de su propia familia. De esa manera, evitas muchas decepciones en la vida.

Execrable.

Execrable.

• SERIALES •

THE CROWN
T.4

Margaret Thatcher (Gillian Anderson):
—¿Qué estoy haciendo aquí? A miles de kilómetros de Westminster y de la realidad, perdiendo tiempo en…

Denis Thatcher (Stephen Boxer):
—¿Las absurdas tierras germano-escocesas?

Margaret Thatcher (Gillian Anderson):
—Sí.
Y me cuesta encontrarle cualidades a favor a esta gente (La Realeza).
No son sofisticados, cultos, elegantes, ni representan un ideal. Son…

Denis Thatcher (Stephen Boxer):
—¿Toscos, esnobs y maleducados?

Margaret Thatcher (Gillian Anderson):
—Sí, DT.
Como los matones condescendientes de mi propio gabinete. Todos miembros de cierta clase como verás.
Si queremos que este país pase su punto de inflexión, creo que necesita cambios fundamentales. De arriba abajo.

Demonche ronda.

Demonche ronda.

«Avanzaba ya la tarde hacia el crepúsculo cuando llegó Tom Walker hasta lo que quedaba del viejo fuerte indio y decidió descansar un poco para recuperar las fuerzas. Cualquiera hubiera hecho todo lo contrario, intentar salir de allí cuanto antes en vez de tomarse un respiro en un lugar tan solitario y melancólico, pues eran muchas las tristes historias que se contaban en la región acerca de las guerras libradas contra los indios precisamente en aquellos tétricos parajes; se decía que en aquel lugar aún había salvajes que tomaban cautivos a los que osaran adentrarse en el pantano y luego los ofrecían en sacrificio a uno de sus espíritus demoníacos».

-El diablo y Tom Walker

Washington Irving.

Pasión criminal.

Pasión criminal.

«La imagen del cuerpo que se disgregaba al tocarlo no se apartó de mí jamás. Entre todos nuestros interrogadores sólo el padre Santillán no se dejó intimidar y aceptó nuestra versión. Dijo que nos tocó asistir al desenlace de un crimen legendario en los anales del pueblo, una venganza de la que nadie había podido confirmar la verdad.
El cadáver deshecho bajo mi tacto era el de una mujer a la que en el s. XVIII administraron un tóxico paralizante. Al abrir los ojos se halló emparedada en un osario. Murió de angustia, de hambre y de sed, sin poder moverse de la silla en que la encontramos ciento cincuenta años después. Era la esposa de un corregidor. Su doble crimen fue tener relaciones con un monje del convento y arrojar a un pozo al niño que nació de esos amores».

-La cautiva

José Emilio Pacheco.

Minientrada

Insumisos primarios.

• MINIFICCIÓN •

La joven pareja y el casero.

Isidro Moreno

Descubrieron ignotos y prohibidos placeres. Como consecuencia fueron expulsados por el bonachón de su casero.
Aquello tenía nuevos inconvenientes no previstos, pues suponía que debían buscarse el sustento diario. Además descubrieron y cataron la acritud de la vida, sin embargo, no se arrepentían de su decisión. Ambos se habían aburrido de aquel paraíso y de la monotona felicidad eterna.
Almenos ahora, los días son más animados. A menudo recuerda con nostalgia los viejos tiempos y, con el pequeño Caín en sus brazos, Eva maldice a la serpiente, pero presiente el inicio de una fructífera humanidad.

Puericia mermada.

Puericia mermada.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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LLUVIA.

Emilia tenía ya un buen rato esperando, incluso había comenzado a llover. Su padre le había pedido que esperara bajo aquel naranjo mientras él buscaba a Pedro, su hermano pequeño que corriendo tras un globo, se confundio entre la gente y no le vieron más. Las gotas heladas resbalaban por las mejillas de Emi, pero ella parecía impávida, quieta y serena. La gente a su alrededor caminaba insensible; otros más presurosos, corrían alejándose de todo y de nada. Todos sin prestarle mínima atención, indiferentes. Pedro siempre quiso un globo, y ese día tuvo la oportunidad, corrio tan rápido que ni Emilia, ni su padre pudieron ver el momento en que lleno de energía se lanzó por aquel globo amarillo. Brillante, vivo. Emilia comenzó a temer lo peor, hacía mucho que su padre se había ido y no volvía. De pronto, el ruido hueco de una moneda cayéndo en un valde, la sacó de sus pensamientos. Era la primer moneda del día. Allí estaba Emilia, con la cara manchada, sucia de tierra, de miedo, de obscuridad y de resentimiento. Un resentimiento que le brotaba por los ojos. Pedro era sólo un recuerdo en su cabeza, igual que el de su madre. Todo era una falsa idea para mutilar el odio que sentía por aquel hombre que un día la dejo ahí, bajo aquel naranjo, diciéndole que volvería. Ella estaba ahí, con el mismo vestido amarillo que el viento agitaba; inflándolo y sacudiéndole el polvo, la mugre. Ahí estaba, como diario, esperando una moneda. Con las mismas gotas crudas y heladas resbalando por sus mejillas, como si fueran lluvia.

Marco de Mendoza

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Voraz.

Voraz.

• MINIFICCIÓN •

EL HIJO

EVA DÍAZ RIOBELLO

“Y sí, tontamente, acabe pegándome un tiro por no tener cuidado”, explicaba mi tío a mamá mientras guardaba la pistola en su escritorio. Ella murmuró algo y los dos rieron. Después de morir papá, se había quedado devastada y arruinada al heredarlo todo mi tío. Él nos había acogido en su casa de forma provisional, pero últimamente ya no hablaba de mudanzas, sino de lo guapa que estaba mi madre al quitarse el luto. Yo era invisible para él, lo que facilitó las cosas. La bala le alcanzó justo cuando se inclinaba para besarla. Me había acordado de arreglar el testamento antes, pero esta vez, ella lloró.