Execrable.

Execrable.

• SERIALES •

THE CROWN
T.4

Margaret Thatcher (Gillian Anderson):
—¿Qué estoy haciendo aquí? A miles de kilómetros de Westminster y de la realidad, perdiendo tiempo en…

Denis Thatcher (Stephen Boxer):
—¿Las absurdas tierras germano-escocesas?

Margaret Thatcher (Gillian Anderson):
—Sí.
Y me cuesta encontrarle cualidades a favor a esta gente (La Realeza).
No son sofisticados, cultos, elegantes, ni representan un ideal. Son…

Denis Thatcher (Stephen Boxer):
—¿Toscos, esnobs y maleducados?

Margaret Thatcher (Gillian Anderson):
—Sí, DT.
Como los matones condescendientes de mi propio gabinete. Todos miembros de cierta clase como verás.
Si queremos que este país pase su punto de inflexión, creo que necesita cambios fundamentales. De arriba abajo.

Minientrada

Prueba testifical.

• MINIFICCIÓN •

Eso

Mario Benedetti

Al preso lo interrogaban tres veces por semana para averiguar «quién le había enseñado eso». Él siempre respondía con un digno silencio y entonces el teniente de turno arrimaba a sus testículos la horrenda picana.
Un día el preso tuvo la súbita inspiración de contestar: «Marx. Sí, ahora lo recuerdo, fue Marx.» El teniente, asombrado pero alerta, atinó a preguntar: «Ajá. Y a ese Marx ¿quién se lo enseñó?». El preso, ya en disposición de hacer concesiones, agregó: «No estoy seguro, pero creo que fue Hegel.»
El teniente sonrió, satisfecho, y el preso, tal vez por deformación profesional, alcanzó a pensar: «Ojalá que el viejo no se haya movido de Alemania».

El uso del futuro.

El uso del futuro.

«Rojo es la última cura para todo»
OP Freulers

«El reloj del pasillo del piso de abajo da las nueve. Aprieto las manos contra los costados de mis muslos, tomo aliento, camino por el pasillo y bajo las escaleras silenciosamente. Serena Joy aún debe de estar en la casa donde tuvo lugar el Nacimiento; eso se llama tener suerte, porque él no pudo haberlo previsto. En días como este, las esposas haraganean durante horas, ayudando a abrir los regalos, chismorreando, emborrachándose. Tienen que hacer algo para disipar su envidia.

Retrocedo por el pasillo del piso de abajo, paso junto a la puerta de la cocina y camino hasta la puerta siguiente, la suya. Espero afuera, sintiéndome como una criatura que ha sido llamada al despacho del director de la escuela. ¿Qué es lo que he hecho mal?

Mi presencia aquí es ilegal. Nosotras tenemos prohibido estar a solas con los Comandantes. Nuestra misión es la de procrear: no somos concubinas, ni geishas, ni cortesanas. Por el contrario, han hecho todo lo posible para apartarnos de esa categoría. No debe existir la diversión con respecto a nosotras, no hay lugar para que florezcan deseos ocultos; no se pueden conseguir favores especiales, ni por parte de ellos ni por parte nuestra, no hay ninguna base en la que pueda asentarse el amor. Somos matrices de dos piernas, eso es todo: somos vasos sagrados, cálices ambulantes».

-El cuento de la criada.

Margaret Atwood.