Hola, Dios…

Hola, Dios…

«Entonces ocurrió el gran milagro: una luz purísima se hizo en torno del ascensor; una fuerza desconocida movió la jaula maltrecha, que empezó a subir lentamente, ante los brazos petrificados de los asaltantes. El ascensor abandonó el hall, mientras los hombres se replegaban hacia la entrada, llenos de un inexplicable temor. El ascensor subía, subía, cada vez más luminoso, cada vez más ligero… 40… 41… 55… 56… 50… Domenico no sufría. Una sensación de desgano invadía sus miembros. Mil lámparas de arco giraban ante sus ojos. Una orquesta de saxofones barítonos cantaba el arcaico aleluya. Los guijarros que lo habían derribado se habían vuelto frascos de perfumes a la moda… 64… 65… Al llegar a lo alto del edificio, el techo se abrió silenciosamente, y el ascensor se elevó majestuosamente en el cielo clarísimo, llevado por cuatro ángeles de alas largas, vestidos con camisas de seda y pantalones de franela crema».

-El milagro del ascensor.

Alejo Carpentier.

Cosas de adultos.

Cosas de adultos.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

Todos buscamos…

Una señal.

Salió volando por una esquina de la habitación. Brinqué de inmediato de un pesado letargo en la cama; no por miedo, por sorpresa. Me detuve observando, considerando si me acercaba o salía huyendo cual cobarde; no es que lo fuera, pero uno debe ser precavido. Y es que, un estrepitoso aleteo persistía detrás de la cortina donde ‘aquello’ fue a parar. A través de la ventana, la luna iluminaba una sombra fina y pequeña por debajo de aquel razo a rayas que colgaba del cortinero. Intenté con extraños sonidos y señas apercibirle para que huyera, puesto que era un intruso atacando mi espacio, mi tranquilidad. Persistió. Un zapato fue lo primero que miré cercano para defenderme. —¡Déjate de tonterías y acaba ya con eso, que estoy con mis oraciones! —Me dijo mi madre cuando a punto estaba de acribillarle con aquel calzado—. Así que por razones de efectividad, mejor corrí por el insecticida, levanté un resquicio de la cortina y rocié como si se tratara de una marabunta y no únicamente de un simple insecto. Instantes después, vi caer aquella pequeña sombra, con la ligereza propia de la pluma de un ave que se desprende sin voluntad. De nuevo, volví a dudar en acercarme. ¿Y si brinca, y si está llena de tentáculos y si es agresiva o venenosa? Dejé mi miedo luego de oír el segundo grito agudo de mamá —¡Te he dicho que estoy orando, así dios jamás me enviará una señal! Exhalé. Levanté la cortina de un brusco movimiento. Casi caigo al suelo, fue inevitable gritar, ¡vaya grito! Mi madre corrió apresurada a mi auxilio, a mi alarido. Impactada, gritó igual. —¡Mi señal, dios, mi señal! —Dijo— cuando al levantar aquella cortina, lo que descrubimos, fue que habíamos matado a un ángel.

Marco de Mendoza.

🍸

Ángeles y Zodiaco.

Ángeles y Zodiaco.

—Si quieres romper una maldición, lo mejor es usar fuego —sentenció la pequeña chispa, y se imaginó guiñándole un ojo al sol roto.

Las Crónicas de N’Xia

Peter Mohrbacher

Malahidael, Ángel de Aries
El Instigador
Peter Mohrbacher
Verchiel, Ángel de Leo
El Gobernante
Peter Mohrbacher
Advachiel, Ángel de Sagitario
El Vagabundo
Peter Mohrbacher
Turnos para esculpir ángeles.

Turnos para esculpir ángeles.

«Las alas parecen nacer de la carne antes viva y nutrirse con la sangre que ya no corre por las venas. No logro comprender cómo es que alguien tuvo el valor de perforarlas con los cables. Cierto: los cables sostienen las alas en posición ligeramente diagonal, como si el ángel caído aún intentara aletear, elevarse. De pronto, mi propio cuerpo me desobedece. Siento que algo falta en mí o, más bien, que yo falto en mi cuerpo. Viajo en retroceso por el aire. En un instante revivo días, semanas, meses, años. Me detengo en un sueño que creí olvidado».

Giraluna de Van Sau.

Lizeth Alcantar.

Estudiante de la licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Cada metáfora es un hecho infinito.

Cada metáfora es un hecho infinito.

«La carne de los ángeles no da inmortalidad como muchos piensan, su don consiste en acrecentar tus habilidades al máximo. Máximo entendimiento, máximo rendimiento, máximo de todo lo bueno… Yo tengo congelado al mío; no sé si estoy listo para cruzar el umbral y recibir todos esos talentos, ¿y si se convierten en una carga? No es tan mala esta vida efímera, no es tan deplorable como todos quieren hacerla ver en sus lamentos; por eso decidí guardármelo, si algún día ocupo esos dones, estaré listo.».

Ofrecimiento del cielo.

Alfredo Beltrán León.

Relato inédito.
Alfredo Beltrán León (Los Mochis, 1985) Ingeniero Químico por el Instituto Tecnológico de Los Mochis, intentó con todas sus fuerzas ser vagabundo, pero la vida no lo dejó; ha escrito una treintena de cuentos, de los cuales una compilación aparecerá publicada en breve por Editorial Limbo.

El espacio más creativo del Universo.

El espacio más creativo del Universo.

«Sus ojos materiales dejaron de ver, no así los de su corazón. Anselmo Verdejo les contó a las enfermeras que durante su larga convalecencia había viajado hasta el cielo, y que allí, vestido con ropa de faena, había paseado por calles amplísimas cuyos adoquines eran todos de oro. También contó que había estado platicando con un arcángel llamado Ismael, rubio y de espléndidas alas blancas, quien le había prometido revelarle algún día el secreto de la pureza. Cuando la señora de Verdejo y sus tres hijos oyeron la historia, se miraron a los ojos largamente, lloraron en silencio, y dieron a Anselmo por un caso perdido. El bueno de Verdejo, de hecho, ni siquiera se acordaba de ellos».

El oro celeste.

Manuel Moyano.

Nacido en Córdoba, España. Obtuvo el premio Tigre Juan 2002 por El amigo de Kafka y el premio Tristana de Novela Fantástica de 2006 por La cortada del Diablo; sus relatos y microrrelatos han aparecido en numerosas antologías.