Eso que creemos.

Eso que creemos.

«Era necesario preguntarse qué remediaba uno con esto. Imposible decir a sus discípulos quién era Rosales. Nadie me hubiera creído. Además, su delito —el del robo, al menos—, no podía demostrarse. El único documento que entregaba a cambio del dinero ajeno, era su confianza, y ésta no servía como testimonio. Si yo decidía finalmente eliminarlo, lo rodearían de un prestigio de mártir. Por otra parte, él ya no estaría para destruirles la fe con su realidad inmunda, con ese golpe brutal y revelador que podía convertirlos repentinamente de cruzados del bien en miserias humanas».

-Como un ladrón

Mario Benedetti.

Oscuro fanatismo.

Oscuro fanatismo.

«Entonces recordé, mientras mamá iniciaba las oraciones, que hace algunos años el padre Maldonado había dicho que por la noche iba a comenzar una oscuridad de varios días y que lo único que se debía comprar eran muchas velas y cirios benditos, que sería lo único que daría luz, “no valdrán de nada los bombillos ni luz alguna que venga de la mano del hombre”, Recordé que yo también me había escondido en las faldas de mamá, llorando todo el día. Los hermanos menores —que eran cuatro— lloraban conmigo. “¡Cállense, mocosos, que nada les va a pasar!”, dijo entonces papá. Pero no podíamos entender nada: solo sabíamos que en la noche algo muy terrible pasaría y nos imaginábamos, bueno, por lo menos yo me imaginaba en la oscuridad, oyendo voces de fantasmas, sintiendo manos que me agarraban, lejos de papá, mamá y de todo el mundo, un fantasma encerrado en un cuarto o en el cielo raso».

-El eclipse

Óscar Collazos.