Lirismo.

Lirismo.

• PLUMAS •

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Audaz, excéntrico, critico, sarcástico y Mexicano.
Carlos Monsiváis no era un escritor cualquiera; era capaz de hablar de todo con un exquisito sabor en la lengua. Hablaba de nosotros, con nosotros. Fue sin duda, un mensajero perfecto del mexicanismo, del folclore y de todo lo que condujera arte.
Nacido un 4 de mayo de 1938 en la Ciudad de México, dedicó su vida a la escritura crónica y ensayista, lo que lo llevó a convertirse en uno de los más prolíficos actores literarios de su época.
Curioso y vivaz. Se involucró incluso en la vida política del México que vivió; apoyando movimientos sociales como el feminismo, la lucha lgbt y movimientos estudiantiles (1968 Mx). Atrayéndole esto, un sinnúmero de detractores.
Amante del arte, se cree llegó a acumular más de 12 mil objetos, entre pinturas, maquetas, juguetes, fotografías y otros objetos que hoy en día son un claro retrato del México que experimentó.
Entre sus obras más destacadas están:
Amor perdido, Escenas de pudor y liviandad, Días de guardar y Aires de familia, entre muchas más. Obras en las que podemos notar su maestría para la crónica y el ensayo.
Su categórico talento lo llevo incluso a incursionar en el séptimo arte en cintas como Caifanes, Un alma pura y Las visitaciones del diablo.
Hablar de Monsiváis es hablar de un México utópico, como ese que le hubiera gustado ver.
Se marchó un 19 de junio de 2010 a los 72 años, debido a una insuficiencia respiratoria derivada de una fibrosis pulmonar; sus lectores, al igual que los 13 gatos con los que vivía, somos fieles testigos del amor incondicional a su país, a las letras, a la defensa incansable de los derechos civiles y a su prosa sarcástica, perspicaz y popular.
Omnipresente cultural de su tiempo, Carlos Monsiváis será recordado no solo por su obra literaria, sino también, por su pasión por la vida y esa lucha constante por demostrarnos, que la locura y el amor, son al final, lo único que nos puede salvar de todo.

«Si nada te garantiza el mañana, el hoy se vuelve inmenso.»
Carlos Monsiváis

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Turnos para esculpir ángeles.

Turnos para esculpir ángeles.

«Las alas parecen nacer de la carne antes viva y nutrirse con la sangre que ya no corre por las venas. No logro comprender cómo es que alguien tuvo el valor de perforarlas con los cables. Cierto: los cables sostienen las alas en posición ligeramente diagonal, como si el ángel caído aún intentara aletear, elevarse. De pronto, mi propio cuerpo me desobedece. Siento que algo falta en mí o, más bien, que yo falto en mi cuerpo. Viajo en retroceso por el aire. En un instante revivo días, semanas, meses, años. Me detengo en un sueño que creí olvidado».

Giraluna de Van Sau.

Lizeth Alcantar.

Estudiante de la licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Cada metáfora es un hecho infinito.

Cada metáfora es un hecho infinito.

«La carne de los ángeles no da inmortalidad como muchos piensan, su don consiste en acrecentar tus habilidades al máximo. Máximo entendimiento, máximo rendimiento, máximo de todo lo bueno… Yo tengo congelado al mío; no sé si estoy listo para cruzar el umbral y recibir todos esos talentos, ¿y si se convierten en una carga? No es tan mala esta vida efímera, no es tan deplorable como todos quieren hacerla ver en sus lamentos; por eso decidí guardármelo, si algún día ocupo esos dones, estaré listo.».

Ofrecimiento del cielo.

Alfredo Beltrán León.

Relato inédito.
Alfredo Beltrán León (Los Mochis, 1985) Ingeniero Químico por el Instituto Tecnológico de Los Mochis, intentó con todas sus fuerzas ser vagabundo, pero la vida no lo dejó; ha escrito una treintena de cuentos, de los cuales una compilación aparecerá publicada en breve por Editorial Limbo.