Te quiero tal y cual, sin condiciones.¹

Te quiero tal y cual, sin condiciones.¹

«Cristián solía alzar la voz y Eduardo callaba. Sin saberlo, estaban celándose. En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión, pero los dos estaban enamorados. Esto, de algún modo, los humillaba».

La intrusa.

Jorge Luis Borges.


¹ La diferencia, Juan Gabriel.

Minientrada

Segunda Madre.

• MINIFICCIÓN •

Plegaria.

Jorge Luis Borges

Cuando murió mi abuela, quien jamás había dicho malas palabras, todos estábamos tan compungidos, tan tristes, y preocupados, que tratábamos de que la asistiera un doctor más, de la decena que ya le pronosticaba el final, o el tránsito como dicen los sacerdotes y la transmutación, como afirman los brujos. Y la abuela nos trataba de ver con sus luminosos ojos de ciega, sin articular palabra, hasta que de pronto alzó su voz —habitualmente dulce—, para despedirse: “¡Carajo, déjenme morir en paz!” Y murió, si no en santa paz, al menos reconfortada con su última plegaria.

Minientrada

De título largo.

• MINIFICCIÓN •

Minotauro, o Yo también soy los clásicos, u Homenaje a Borges.

José de la Colina

Otra leyenda cuenta que el héroe, llegado al centro del laberinto, no encontró ningún minotauro y que durante años y más años dio vueltas y más vueltas y finalmente murió allí dentro, pues el Laberinto era sólo el otro nombre del Minotauro.

Color Premeditado.

Color Premeditado.

«Yo les he consentido a estos infelices que me alzaran la mano, porque lo que estoy buscando es un hombre. Andan por ahí unos bolaceros diciendo que en estos andurriales hay uno que tiene mentas de cuchillero , y de malo , y que le dicen el Pegador. Quiero encontrarlo pa que me enseñe a mi, que soy naides, lo que es un hombre de coraje y de vista».

El hombre de la esquina rosada.

Jorge Luis Borges.

El que justifica un mal que le han hecho.

El que justifica un mal que le han hecho.

«No puedo caminar por los arrabales en la soledad de la noche, sin pensar que ésta nos agracia porque suprime los ociosos detalles, como el recuerdo; no puedo lamentar la perdición de un amor o de una amistad sin meditar que sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido».

Nueva refutación del tiempo.

Jorge Luis Borges.

Las personas que se ignoran están salvando al mundo.

Las personas que se ignoran están salvando al mundo.

«No hay en la tierra un ser humano capaz de declarar quién es, con certidumbre. Nadie sabe qué ha venido a hacer a este mundo, a qué corresponden sus actos, sus sentimientos, sus ideas, ni cuál es su nombre verdadero, su imperecedero Nombre en el registro de la Luz…».

El espejo de los enigmas.

Jorge Luis Borges.

La suerte lo mimaba.

La suerte lo mimaba.

«Fue el primogénito de la familia, el primer nieto. Un niño consentido al que todos en casa le decían El Nene. Querido y mimado por todos los parientes hasta que cumplió los 15 años, su abuela falleció y dejó de sentirse vivo, dejó de emocionarse por las cosas. Empezó a distanciarse. A ser un adolescente rebelde. A querer irse lejos, vivir en otro lado. Por fortuna consiguió estudiar fuera y gozar de las libertades que estar solo representa, y a partir de ahí, como suele suceder en las familias, empezaron los conflictos con la dinastía paterna, las tías chismosas. El dinero no siempre caía completo en sus manos».

El Nene del oficio.

Luis Romani.

La noche era una bendición.

La noche era una bendición.

«Yo sé hacer el amor a mi novia, pero a mi princesa no se le podía hacer nada por que ella ya lo tenía todo y sólo había que arrebatárselo con la boca casi como la suya me robaba a fuerza de erecciones que el juego me provocaba. Luego, satisfechos, nos recostábamos uno al lado del otro sin decir o tocar más».

Quiero ser tu princesa.

Jorge Meneses.