Bonfiglio.

Bonfiglio.

• MINIFICCIÓN •

Una misma cosa.

Matías Ezequiel Bonfiglio

En medio de la calle silenciosa, sobre el asfalto, millones de enemigos yacen.
El amor se expresa a la distancia, y millones de enemigos agonizan.
La guerra se hace éxodo, y millones de enemigos mueren.
Así, en estos días, la distancia, el amor y la guerra son una misma cosa.

Cuando el futuro nos alcance.

Cuando el futuro nos alcance.

• SERIALES •

TRIBUS DE EUROPA
T.1 E.5

Varvara (Melika Foroutan):
—Eres mi propiedad, Kiano, mi juguete, ¿por qué te dejaría ir?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Porque quiero ser libre

Varvara (Melika Foroutan):
—Solo la muerte libera a los Cuervos

Kiano (Emilio Sakraya):
—Quiero convertirme en uno

Varvara (Melika Foroutan):
—¿Qué distingue a un cuervo?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Fuerza, honor…

Varvara (Melika Foroutan)
—¿Fuerza, honor?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Y la disposición a matar.

Varvara (Melika Foroutan):
—Bien.
Pero, ¿qué le falta, Bozies?

Bozies (Varios):
—La disposición a morir

Varvara (Melika Foroutan):
—¿Tienen miedo de morir, Bozies?

Bozies (Varios):
—¡No, Lord Varvara!

Varvara (Melika Foroutan):
—Pero tú sí, Kiano. Tú tienes miedo de morir.

Collins dice que se inspiró en otra cosa.

Collins dice que se inspiró en otra cosa.

«—Yo tampoco estoy de acuerdo en que los niños lo vean —casi gritó Karl, sobresaltando a sus invitados—. Pero tenemos que admitir que todos tendrán que enfrentarse a los juegos cuando lleguen a los diez años.
—¿Los juegos siempre han existido, papá? —inquirió el hijo mayor, de unos dieciséis años, quien había perdido el brazo izquierdo en los juegos, tratando de ganarse el derecho a seguir viviendo.
—Ya tienes edad para saberlo —comenzó Karl—. Antes las cosas eran de otro modo. Si los incapaces, los imbéciles, los débiles y los indisciplinados eran eliminados, era luego de un proceso de muchos años, en los cuales se desperdiciaba la educación que les proporcionaba el Estado, los alimentos, el aire mismo. Los juegos nacieron para acelerar este proceso.ya éramos demasiados en el planeta y era necesario depurar la especie. En realidad, los juegos sólo han existido desde hace veinte años».

La pequeña guerra.

Mauricio-José Schwarz.

*Este cuento mexicano se publicó en 1984, mucho antes que Los juegos de hambre.

En México les dicen Lenchas.

En México les dicen Lenchas.

«—¿Desde cuándo te gustan las mujeres? Antes tenías novio.
—No me gustan las mujeres. Me gusta Senada. Ella es mi mujer, entiéndelo. Queríamos irnos con el niño a la casa de su hermana de Sarajevo. Allí encontró trabajo. Pero su marido se dio cuenta de todo y se presentó en la puerta de la casa de mi hermano. Le confiscó sus documentos, como mi hermano hizo conmigo para que no podamos vernos, al cruzar la frontera. Te ha mentido. Miente más de lo que habla. Pero la verdad, como puedes ver, es aun peor de lo que pensabas —dice y dispara otra ráfaga de risa.
—¡Para ya! —le grito—. ¿Fue hermano quien te rapó la cabeza?
Se sonroja».

Frontera.

Olja Savičević Ivančević.

México no tiene de ésas…

México no tiene de ésas…

«Para obtener un arpa eólica hacen falta (además de las clavijas de porcelana ya mencionadas para afinar las cuerdas) como mínimo dos postes eléctricos de simple madera de abeto alquitranado. La distancia ideal entre los dos postes es de cincuenta metros. El tronco debe haber sido expuesto durante mucho tiempo (de cinco a diez años, por lo menos) a la acción sucesiva de la lluvia, las heladas, y el sol, a fin de que, ante los bruscos cambios de temperatura (de +361° C a -221° C), la madera acabe resquebrajándose. Se partirá, igual que un corazón afligido, cuando se dé cuenta de que ha cesado definitiva e irremediablemente de ser un árbol, un joven abeto, y se ha convertido, definitiva e irremediablemente, en un poste eléctrico».

El arpa eólica.

Danilo Kiš.

En México tenemos Aluxes.

En México tenemos Aluxes.

«Busbuskalai apareció en el fregadero. Ya empiezan los problemas. Otra vez se prepara para estropearme el día. Empieza temprano, durante el desayuno. Será tan descarado que ni siquiera esperará a que los niños se vayan al colegio. ¡Que se enteren del tipo de padre que tienen! Decido ponerle freno a toda la mierda que pueda pasar; me levanto bruscamente de la mesa, salto sobre el fregadero y le doy un puñetazo en la cara. Los platos vuelan en todas direcciones y Busbuskalai queda aturdido entre los escombros. Espero a ver si ahora me deja en paz».

Pequeño duende casero.

Senko Karuza.