El amor había huido de la tierra.

El amor había huido de la tierra.

«Pasaron años y más años. Los chicos y las chicas crecieron mirándose estúpidamente extrañados: el amor había huido de la tierra. Un día, una chica que no había visto nunca una flor, se encontró con la última flor que nacía en este mundo. Y corrió a decir a las gentes que se moría la última flor. Solo un chico le hizo caso, un chico al que encontró por casualidad».

La última flor, James Thurber.

En México les dicen Lenchas.

En México les dicen Lenchas.

«—¿Desde cuándo te gustan las mujeres? Antes tenías novio.
—No me gustan las mujeres. Me gusta Senada. Ella es mi mujer, entiéndelo. Queríamos irnos con el niño a la casa de su hermana de Sarajevo. Allí encontró trabajo. Pero su marido se dio cuenta de todo y se presentó en la puerta de la casa de mi hermano. Le confiscó sus documentos, como mi hermano hizo conmigo para que no podamos vernos, al cruzar la frontera. Te ha mentido. Miente más de lo que habla. Pero la verdad, como puedes ver, es aun peor de lo que pensabas —dice y dispara otra ráfaga de risa.
—¡Para ya! —le grito—. ¿Fue hermano quien te rapó la cabeza?
Se sonroja».

Frontera.

Olja Savičević Ivančević.

Deseo metamorfoseo.

Deseo metamorfoseo.

«—¡Qué limpia está! En ella nunca se ha parado una mosca.
Don Tomás se acarició las mejillas lampiñas y las miró con malicia.
—¿Las moscas? No se atreverían jamás. La mosca que se acerque a ella se muere en el mismo instante. Por eso, niñas, eviten convertirse en moscas volanderas y molestas
—les advirtió con severidad—.
Se quedaron preocupadas. Había que evitar convertirse en mosca… aunque las moscas poseían dos alas muy pequeñas, estriadas y transparentes, hechas con el papel más fino que soñó el maestro del papel de seda. Con esas alas dibujadas con la tinta más exquisita podían volar y posarse en la boquita abierta de la criatura inaccesible o acariciarle las mejillas casi tan rojas como las amapolas. Para las moscas no existían las alturas ni la pila de jabones amarillos sobre la que descansaba la diosa con los brazos gordezuelos extendidos.
—Pídele a Dios que nos convierta en moscas por un día —le pidió Lelinca a su hermana—».

-Las cuatro moscas (Andamos huyendo, Lola)

Elena Garro.