Trazos Croatas.

Trazos Croatas.

Kaja Kajfež

Iz Ptica

Todos los cambios son más o menos teñidos con la melancolía porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos.

Amelia Edith Barr Huddleston.

Dream Week
Day Four – Flying
Dream Week
Day One – Slumber
Dream Week
Day Five – Sweet
En México les dicen Lenchas.

En México les dicen Lenchas.

«—¿Desde cuándo te gustan las mujeres? Antes tenías novio.
—No me gustan las mujeres. Me gusta Senada. Ella es mi mujer, entiéndelo. Queríamos irnos con el niño a la casa de su hermana de Sarajevo. Allí encontró trabajo. Pero su marido se dio cuenta de todo y se presentó en la puerta de la casa de mi hermano. Le confiscó sus documentos, como mi hermano hizo conmigo para que no podamos vernos, al cruzar la frontera. Te ha mentido. Miente más de lo que habla. Pero la verdad, como puedes ver, es aun peor de lo que pensabas —dice y dispara otra ráfaga de risa.
—¡Para ya! —le grito—. ¿Fue hermano quien te rapó la cabeza?
Se sonroja».

Frontera.

Olja Savičević Ivančević.

México no tiene de ésas…

México no tiene de ésas…

«Para obtener un arpa eólica hacen falta (además de las clavijas de porcelana ya mencionadas para afinar las cuerdas) como mínimo dos postes eléctricos de simple madera de abeto alquitranado. La distancia ideal entre los dos postes es de cincuenta metros. El tronco debe haber sido expuesto durante mucho tiempo (de cinco a diez años, por lo menos) a la acción sucesiva de la lluvia, las heladas, y el sol, a fin de que, ante los bruscos cambios de temperatura (de +361° C a -221° C), la madera acabe resquebrajándose. Se partirá, igual que un corazón afligido, cuando se dé cuenta de que ha cesado definitiva e irremediablemente de ser un árbol, un joven abeto, y se ha convertido, definitiva e irremediablemente, en un poste eléctrico».

El arpa eólica.

Danilo Kiš.

En México tenemos Aluxes.

En México tenemos Aluxes.

«Busbuskalai apareció en el fregadero. Ya empiezan los problemas. Otra vez se prepara para estropearme el día. Empieza temprano, durante el desayuno. Será tan descarado que ni siquiera esperará a que los niños se vayan al colegio. ¡Que se enteren del tipo de padre que tienen! Decido ponerle freno a toda la mierda que pueda pasar; me levanto bruscamente de la mesa, salto sobre el fregadero y le doy un puñetazo en la cara. Los platos vuelan en todas direcciones y Busbuskalai queda aturdido entre los escombros. Espero a ver si ahora me deja en paz».

Pequeño duende casero.

Senko Karuza.