Mentalidades.

Mentalidades.

«Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde, de peores formas».
Sigmund Freud.

Pequeña quimera.

Pequeña quimera.

«Fue así, pues, como el explorador descubrió, de pie y a sus pies, la cosa humana más pequeña que existe. Su corazón latió porque ni siquiera una esmeralda es cosa tan rara. Ni las enseñanzas de los sabios de la India son tan raras. Ni el hombre más rico de la tierra ha puesto los ojos sobre tan extraña gracia. Allí estaba una mujer que ni la glotonería del más fino sueño jamás habría podido imaginar. Fue entonces cuando el explorador dijo tímidamente y con una delicadeza de sentimientos de los que su esposa jamás lo hubiera creído capaz:
—Tú eres Pequeña Flor».

-La mujer más pequeña del mundo.

Clarice Lispector.

Minientrada

Al cuerpo, lo que pida.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

Breves 2.0

Es tu piel, suave manto que acicalo; trémula, anciosa, hasta poderosa. Mis labios sudan, y si te tocan, tiemblan; ansían jadeantes tu santo tacto. Dame de beber de tu boca ése licor; poderoso y enervante, como veneno cádmico. Mátame con placer, con ese fuego vivo que emana de tu boca. Devorame sin tregua, como si el tiempo fuera un desquiciado que aniquila las esperas. No aguardes, porque esperar es en vano, y ni tú ni yo somos eternos.
Pasea tu cuerpo contoneante por mi ávido mirar, que tus caderas ahogadas se dobleguen a este voraz deseo y se quebranten al placer luego marchito por tu causa. Logra con tu cuerpo lo que quieras en mí, que al filo de tus piernas, yo me vuelvo loco.

Marco de Mendoza

🍸

Lo divino es femenino.

Lo divino es femenino.

«Soy inquieta y áspera y desesperanzada. Aunque amor dentro de mí, eso sí lo tengo. Pero no sé usar el amor. A veces me araña como si fuese una garra».
Clarice
Lispector

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

«La fuerza de sus mentiras procedía de su sinceridad y de la simple y absoluta confianza en que la persona a quien quería debía quererla a su vez. Josephine nunca se avergonzaba ni se quejaba de nada. No tenía miedo. Ahora estaba a solas con un hombre, un mundo en el que se había movido con seguridad desde que tenía ocho años. No planeaba nada; se dejaba llevar, y la vida irresistible que había en ella hacía el resto. Sólo cuando se nos ha ido la juventud, y la experiencia nos ha dotado de una especie de coraje de pacotilla, solemos darnos cuenta de lo simples que son las cosas».

-La primera herida

F. Scott Fitzgerald

Ablación divina.

Ablación divina.

«Al niño, días antes de que empiecen los festejos, lo castran. El dios que se encarna en él durante la celebración exige un cuerpo de hombre -aunque los niños no suelen tener más de siete años- sin la mácula de los atributos masculinos. Así que los padres lo entregan a los médicos de la fiesta o a los barberos de la fiesta o a los sacerdotes de la fiesta y éstos lo emasculan y cuando el niño se ha recuperado de la operación comienza el festejo. Semanas o meses después, cuando todo ha acabado, el niño vuelve a casa, pero ya es un castrado y los padres lo rechazan. Y entonces el niño acaba en un burdel. Los hay de todas clases, dijo el Ojo con un suspiro. A mí, aquella noche, me llevaron al peor de todos».

-El Ojo Silva (Putas asesinas).

Roberto Bolaño

Tremulante pasión.

Tremulante pasión.

«La conquisté casi por equivocación. Estábamos en una sala, ella y yo solos, hablando de cosas sin importancia, cuando ella me preguntó: “¿Qué zona postal es tal y tal dirección?” Yo no sabía, pero le dije que consultara el directorio telefónico. Pasó un rato, ella salió del cuarto y la oí que me llamaba; fui al lugar en donde estaba el teléfono y la encontré inclinada sobre el directorio: “¿Dónde están las zonas?”, me preguntó. Yo había olvidado la conversación anterior y entendí que me preguntaba por las zonas erógenas. Y le dije dónde estaban».

-Manos muertas

Jorge Ibargüengoitia.

MIS INSTINTOS SOBRE TI.

MIS INSTINTOS SOBRE TI.

MINIFICCIÓN

MAPA DE CALOR

VICTOR M. SANGUINO MATEOS

Desde una viga del techo, los ojos del mosquito trazan el mapa de calor de tu cuerpo, desnudo en la noche de agosto. Como los míos, recorren cada trozo de tu piel, sudorosa y brillante en la penumbra de la ventana abierta. Sé que irá a por ti, y espero con media sonrisa y la mano dispuesta. El zumbido crece, y sobre tu piel, donde el cristal refleja un sendero de luz de luna, veo una sombra negra que antes no estaba. Con un sonoro manotazo, lo espachurro sobre tu cadera. Tú entreabres los ojos, sonriendo, para decirme: “Hmmm, ¿es que no tuviste bastante?”.