Ya no importa el cuándo.

Ya no importa el cuándo.

«No quiere revisarse nada, quiere sentir que su cuarto tiene por lo menos el eco de su respiración y ve el reloj y sabe lo que su mamá estará haciendo en los otros sitios del muy amplio departamento del piso 20, con sistema de alarmas, de videos, de guardias en la entrada y rondines en las afueras —son para que no te agobien los fans —pero el Hada sabe que es mentira, que es una forma de mantenerla aislada y de no permitir que nadie penetre a ese útero construido en las lomas de las afueras del Distrito Federal —el México que nos merecemos —dijo su madre cuando el vendedor abrió los brazos mostrando el espacio como si mostrara las puertas del paraíso».

Cumpleaños feliz,
Rafael Ramírez Heredia.

Eterna sonrisa a flor de labios.

Eterna sonrisa a flor de labios.

«¡Cuánto había esperado aquel momento! Lo que ahora sentía no tenía ningún punto de contacto con nada de lo que había sentido anteriormente: era algo único, maravilloso. Algo así como una perla perfecta puesta junto a otra de notoria imperfección…¿Cómo podría ella describir su felicidad?Imposible. Era como un sueño del que aún no había despertado del todo. Había tenido valor para luchar contra los acontecimientos y ahora, de repente, se daba cuenta de que su lucha había terminado. Y no era sólo esto, sino que ahora sabía que aquella lucha le iba a producir unos frutos inmediatos, que había alcanzado la meta que se había fijado hacía mucho tiempo. Sentía que formaba parte de aquella habitación, de “su” habitación, del gran ramo de anémonas que la adornaba, de la blanca cortina que se agitaba a impulsos de la ligera brisa, de los espejos, de las mullidas alfombras. Que formaba parte del glorioso tañido de campanas que era la vida, que ella misma era una partícula de la vida, de la luz…».

Esta flor, Katherine Mansfield.

Rumrill.

Rumrill.

«Cuando tiene suerte, no tiene que esperar mucho. De repente, mientras mira fija y atentamente el agua, se da cuenta que decenas y centenares de peces siguen en fila india a su madre. Huapapa se prepara. Antes de que la fila india de peces termine de pasar, hace un movimiento y arroja su deyección al agua. Los peces, que creen que acaba de caer maná del cielo, se detienen para verificar y comprobar si la materia blanquecina que tienen delante es comida. Es el momento en que Huapapa desciende de la rama hasta el agua sin ser vista por los peces y traza un círculo grande en el agua con el pico blanco de la resina tóxica. Los peces quedan entonces encerrados en un círculo de agua envenenada que en cuestión de minutos se va cerrando. Los peces advierten el peligro y huyen en desbandada, rompiendo el círculo de agua envenenada. Pero algunos, cogidos de sorpresa, curiosos por ver qué está pasando o sordos a los gritos de su madre que les pide que escapen, son atrapados en el círculo. Cuando el agua envenenada con la resina blanca penetra por sus branquias, sienten primero un mareo, luego una especie de sueño pesado los domina y finalmente pierden el conocimiento»..

Huapapa. La pescadora del amazonas.

Roger Rumrill.