Dubitaciones.

Dubitaciones.

«La vida se va convirtiendo en una rutina que sólo los pequeños detalles hacen agradable. Por eso no creo que Juan tenga amoríos en la calle. Pero todo en la vida comienza un día. Y los hombres son así, como que nunca los comprendemos. Además de lo del machismo. Pero Juan lo combate. Juan dice… «éso siempre lo critican mis amigas». De inmediato yo expreso: “Juan dice”. Y es verdad, o puede serlo, ¡no importa! “Juan dice que no va a ser más hombre por tener más mujeres”. Pero… Esta noche es igual. Exactamente igual a las otras. Después de cenar sonó el timbre del teléfono y la voz de un hombre pidió hablar con él. Tapé el aparato y le dije: “¡otra vez!”. Cuando terminó escuché su voz cálida que me dijo: “Tengo una reunión importante”. Creo que no escuchó mi suspiro y el “hasta cuando”».

-A partir de esta noche

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

La única que viene cuando todos se van.

La única que viene cuando todos se van.

«Lo que había encontrado en la llama me poseía. Me había puesto en los zapatos de quien no sabe si existe. Me ponía una y otra vez en medio de dos signos de interrogación. Mis pies blancos y descalzos en la arena trataban de recoger los dedos, como avergonzados, para permitir que todo siguiera sucediendo y para que en los demás siguiera pasando desapercibido el hecho de que me encontraba inmersa en la llama. ¿Habitaba yo un desasosiego o él me habitaba? ¿Qué estábamos haciendo –si acaso hacíamos algo– y para qué? ¿Hacer algo es dejarse llevar? ¿Eran todas las vidas como esa?»

La duda.

Guillermo Solís.

Aires venturosos.

Aires venturosos.

«—Ah, por eso… por eso…
Los demás no podían verlo, no podían sentirlo en su interior, porque aún estaban tan dentro de la vida. Él, que ya casi estaba fuera de ella, lo había visto, lo había sentido en ellos. Por eso, aquella mañana, la niña no sólo temblaba, palpitaba; por eso la nuera se reía y se vanagloriaba tanto de su pelo; por eso aquella sirvienta suspiraba, por eso todos tenían aquel aire insólito y nuevo, sin saberlo.
Había llegado la primavera».

-Hilo de aire.

Luigi Pirandello.