Caldera.

Caldera.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Soy

Soy de ti un pájaro herido; blando y tierno, casi nulo. Un hermoso vilo que desprende miel y suave tacto. 

Soy arena que rueda entre tus olas, desequilibrio mágico que procura tus encantos. 

Soy un tierno beso que fulmina hastío y que tiembla si respira. 

Soy un acto de fe que reza cada día al sueño entre tus pliegues. 

Soy la leña de tu hoguera, paciente ardor que quema mis entrañas. 

Soy la terquedad de aquellos días donde el viento sopló frío y mi cuerpo lo batió en ceniza breve. 

Soy la caldera y tú la chispa. Hazme fuego, hazme amor… hazme el amor y vuelve a mí como esa llama que no cesa, como llamarada, como un incendio que me aclama, ven y quema junto a mí tus anheladas ganas, tu pasión perversa. Ven, consúmeme completo, que de eso, vivo eterno. 

Marco de Mendoza

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Hay pasiones que no cesan.

Hay pasiones que no cesan.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Loco perdido

Estoy perdido; perdido por enamorado. Enamorado y perdido.
Perdido en tus labios: rojos, carnosos, jugosos.
Enamorado de ti, de tu voz, tu escencia, tus sonidos. Ese latido ardiente que en tu pecho resuena, llamándome.
Perdido entre tu piel, dulce agonía que bien me mata. Jibia, sedosa y trémula.
Enamorado como un loco, que a grito venturoso, niega su locura.
Perdido por tu cuerpo que decirle bello es poco, porque entre cada curva, yo me vuelvo loco.
Enamorado, perdido y loco.
Estoy de a poco, volviéndome loco, y es mi pensamiento inocuo que no se contiene, que vibra y emana cual torrente volcánico.
Es tu rostro, gema perfecta de mis triunfos y debilidades.
Eres tú mi locura y esta perdición.
Eres tú, mi coincidencia, y mi amor.

Marco de Mendoza.

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MIS INSTINTOS SOBRE TI.

MIS INSTINTOS SOBRE TI.

MINIFICCIÓN

MAPA DE CALOR

VICTOR M. SANGUINO MATEOS

Desde una viga del techo, los ojos del mosquito trazan el mapa de calor de tu cuerpo, desnudo en la noche de agosto. Como los míos, recorren cada trozo de tu piel, sudorosa y brillante en la penumbra de la ventana abierta. Sé que irá a por ti, y espero con media sonrisa y la mano dispuesta. El zumbido crece, y sobre tu piel, donde el cristal refleja un sendero de luz de luna, veo una sombra negra que antes no estaba. Con un sonoro manotazo, lo espachurro sobre tu cadera. Tú entreabres los ojos, sonriendo, para decirme: «Hmmm, ¿es que no tuviste bastante?».