Sexual.

Sexual.

«Desde nuestro lugar no podíamos ver todo lo que ocurría en el salón. Pero en las mesas de nuestro alrededor había siempre una o dos mujeres prendidas a un hombre enteramente vestido. El boleto de entrada daba derecho a que una de las innumerables mujeres que hacían strip-tease en varios lugares del salón se frotaran por algún tiempo en el portador del ticket de entrada. Había un patrón coreográfico en las caricias: la mujer se ponía a gatas, rozaba las nalgas en el pubis del hombre que permanecía sentado en la silla, después bailaba frente a él. Algunas, más rebuscadas, se subían encima del sujeto y le sujetaban la cara en el vértice de los muslos. Después agarraban el ticket de entrada y se retiraban».

-La carne y los huesos

Rubem Fonseca.

Bésame la boca.

Bésame la boca.

«Winner le quita la blusa a Clotilde. Después la agarra del cuello y la tumba en la cama. Le aprieta los huesos del omóplato y del tórax, donde se apoyan unos senos pequeños y empinados; palpa las costillas conspicuas. El cuerpo de Clotilde a veces recuerda el de un lagarto, si un lagarto tuviera la piel tan fina.
—Levanta la cabeza —dice Winner después de desnudar a Clotilde. Con la lengua siente los músculos abdominales de la mujer, tensos debajo de la piel. Recorre con la mano la musculatura ondulada de ese vientre que le parece, excitantemente, una tabla de lavar ropa.
—Bésame la boca —dice ella.
—Muéstrame tu lengua».

-Romance negro 

Rubem Fonseca

Caldera.

Caldera.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Soy

Soy de ti un pájaro herido; blando y tierno, casi nulo. Un hermoso vilo que desprende miel y suave tacto. 

Soy arena que rueda entre tus olas, desequilibrio mágico que procura tus encantos. 

Soy un tierno beso que fulmina hastío y que tiembla si respira. 

Soy un acto de fe que reza cada día al sueño entre tus pliegues. 

Soy la leña de tu hoguera, paciente ardor que quema mis entrañas. 

Soy la terquedad de aquellos días donde el viento sopló frío y mi cuerpo lo batió en ceniza breve. 

Soy la caldera y tú la chispa. Hazme fuego, hazme amor… hazme el amor y vuelve a mí como esa llama que no cesa, como llamarada, como un incendio que me aclama, ven y quema junto a mí tus anheladas ganas, tu pasión perversa. Ven, consúmeme completo, que de eso, vivo eterno. 

Marco de Mendoza

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Exímarse

Exímarse

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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En un beso

Te quiero besar lento, muy lento, como si el tiempo no existiera, como dueños de ese único momento y de cada una de sus consecuencias. Besarte el cuerpo, la piel, tus rincones, en especial tus dulces rincones. Besarte tanto, que se te tatue el alma entera con mis besos. Besarte a ratos. Besarte entero y devorarte luego rabioso, impetuoso; con celo, con sucia lujuria. Con vulgar deseo; deseo de ti, de tu cuerpo que me mata y me controla. De tu cuerpo que me pide poseerlo todo, devorarlo, acabarlo, eximirlo. Repetirnos.
Quiero besarte, besarte tanto que en un beso sangre el placer brutal de tus deseos culminados, de tu miel perversa gota a gota entre mis labios. Besarte todo, besar tu brisa blanca dulce que jadea y enloquece mi deseo, mientras mi lengua embrutecida lame en ti cada hilo desprendido, seducido, acidulado.
Quiero besarte y extinguirnos con el alba, despertarnos luego en otro beso mancillado de mi blanco proceder en tus labios que palpitan, y terminar después en tu hueco amado como preso de este instante, de todo lo imposible que se vuelve fácil si te tengo aquí, inmerso en mí.

En un beso tuyo todo quiero.

Marco de Mendoza

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