Si estuvieras aquí.

Si estuvieras aquí.

• DECÍA MI ABUELA •
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Mi abuela decía que el amor es un puñado de hormigas alebrestadas metidas bajo la piel. Que avanzan trepidantes delimitando el terreno. Que si las tientas, las vas a sentir y que si las repeles, las sientes más. —Tú déjalas —me dijo—, un día avanzarán tu cuerpo, se conocerán y de pronto, encontrarán la paz en el calor de tu piel, y ten por seguro que a pesar de lo que hagas, ahí se van a quedar, porque te pertenecen, se pertenecen y eso no lo cambia nadie…
Ella decía tantas cosas.

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Tejedores de sueños.

Tejedores de sueños.

• DECÍA MI ABUELA •
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Decía mi abuela que los corazones felices siempre duermen menos, por inquietos, por valientes; porque todo lo que da felicidad te mantiene vivo y cuando uno está vivo, se mantiene despierto. Y que no se confunda con soñar, porque uno sueña mejor cuando está alerta. ¡Mántente despierto! ya habrá tiempo en la eternidad para dormir.

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Superfluo.

Superfluo.

«Saqué unas medias negras de mi maleta y ella volvió a hablar: “no puedes llevar medias. Y si no te dejan pasar, ni modo, tuviste la intención”, me dijo.
Tiré a un lado las medias y tomé una toalla. Fui al baño a rasurarme las piernas: no había demasiado tiempo para buscar más opciones.
Saqué los zapatos y me preparé a dormir después de saber que tampoco podría llevar bassier porque tenía varillas. Yo dormí. No recuerdo que soñé, sólo recuerdo que sentía mucho coraje y planeaba lo que haría si no podía entrar».

No tiene que ser perfecto.

Salma Anjana.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

«La fuerza de sus mentiras procedía de su sinceridad y de la simple y absoluta confianza en que la persona a quien quería debía quererla a su vez. Josephine nunca se avergonzaba ni se quejaba de nada. No tenía miedo. Ahora estaba a solas con un hombre, un mundo en el que se había movido con seguridad desde que tenía ocho años. No planeaba nada; se dejaba llevar, y la vida irresistible que había en ella hacía el resto. Sólo cuando se nos ha ido la juventud, y la experiencia nos ha dotado de una especie de coraje de pacotilla, solemos darnos cuenta de lo simples que son las cosas».

-La primera herida

F. Scott Fitzgerald