Superfluo.

Superfluo.

«Saqué unas medias negras de mi maleta y ella volvió a hablar: “no puedes llevar medias. Y si no te dejan pasar, ni modo, tuviste la intención”, me dijo.
Tiré a un lado las medias y tomé una toalla. Fui al baño a rasurarme las piernas: no había demasiado tiempo para buscar más opciones.
Saqué los zapatos y me preparé a dormir después de saber que tampoco podría llevar bassier porque tenía varillas. Yo dormí. No recuerdo que soñé, sólo recuerdo que sentía mucho coraje y planeaba lo que haría si no podía entrar».

No tiene que ser perfecto.

Salma Anjana.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

«La fuerza de sus mentiras procedía de su sinceridad y de la simple y absoluta confianza en que la persona a quien quería debía quererla a su vez. Josephine nunca se avergonzaba ni se quejaba de nada. No tenía miedo. Ahora estaba a solas con un hombre, un mundo en el que se había movido con seguridad desde que tenía ocho años. No planeaba nada; se dejaba llevar, y la vida irresistible que había en ella hacía el resto. Sólo cuando se nos ha ido la juventud, y la experiencia nos ha dotado de una especie de coraje de pacotilla, solemos darnos cuenta de lo simples que son las cosas».

-La primera herida

F. Scott Fitzgerald